Maternidad, Reproducción asistida

De besos y tubos de cristal: respuesta a una hoja parroquial

Hoy tocaba hablar de la vacuna Bexsero, y todo se andará, pero hace dos días llegó una noticia a mis oídos que no puedo dejar pasar. En la última Hoja Parroquial de la parroquia de San Bartolomé y San Jaime de Nules se publicaba un poema cuyo contenido está entre lo burdo y lo repulsivo. No se deja ningún colectivo por ofender: homosexuales, bisexuales, transexuales, divorciados, animalistas… Y los modelos de familia no tradicionales no podíamos irnos sin recibir lo nuestro.

Tras la oleada de críticas recibidas, a las que se ha sumado el alcalde del municipio, parece que al párroco no le ha tocado otra que reconocer que la difusión de los versos ha sido un error y retirar el texto de la edición digital de la Hoja Parroquial. Ha llegado tarde. El texto ya está circulando y el daño hecho.

Comentarlo todo me llevaría demasiado tiempo y un buen sofocón, así que me voy a limitar a los versos que el autor de tan cuidada poesía ha dedicado a los niños nacidos por técnicas de reproducción asistida.

“El padre de Alba se llama Inseminación Artificial, / Porque su madre pensaba que así se iba a realizar, (…) Joaquín es niño probeta. Y cuando se va a acostar / Le da siempre un par de besos A su tubo de cristal, / Porque sus padres trabajan Día y noche sin parar”.

El uso de los signos de puntuación y de las mayúsculas – minúsculas es tan errático que he llegado a pensar que en realidad el texto escondía un mensaje oculto del tipo “no os preocupeis, es broma”, pero no lo he encontrado. Pero bueno, dejaré de lado la calidad literaria para centrarme en el contenido.

El padre de mi hija no se llama inseminación artificial ni fecundación in vitro. El padre de mi hija no existe. Pero eso no quiere decir que oculte u omita la participación de una figura masculina en su concepción. Y creedme, cuando le hable a mi hija de ella, lo haré con el mayor respeto y gratitud posible.

No tuve a mi hija creyendo que así me iba a realizar. Fui madre porque quise y pude. Sin más. En mi decisión intervinieron exactamente los mismos sentimientos, anhelos y expectativas que podría albergar cualquiera de las parejas heterosexuales que el autor del texto parece aprobar.

Los bebés nacidos gracias a la reproducción asistida no son ‘niños probeta’. No hay que etiquetarlos de ninguna forma distinta a la de las personas que hemos sido engendradas por el método tradicional. Sí, los primeros instantes de vida de mi hija transcurrieron en un laboratorio y yo soy la primera en hacer bromas sobre ello. Pero usar estas expresiones para desmerecer a niños por una condición que no pudieron elegir es un acto ruin y patético.

La falta de cariño o apego no tiene nada que ver con el método de concepción o con la situación laboral de los padres. Soy madre trabajadora y mi hija no necesita darle besos a ningún tubo de cristal. Cuando estoy con ella, no me limito a compartir el mismo espacio físico sino que intento que nuestro tiempo juntas sea de calidad.

Este tipo de textos me enfadan muchísimo, y no solo porque reflejan el pensamiento arcaico de ciertos sectores de la sociedad. Manifestaciones como estas vienen de una institución a la que pertenezco, a la que mi hija pertenece, y a la que me cuesta defender tras estas salidas de tono. Y es que con estas historias, además de hacer daño a los colectivos atacados, enturbian la ya maltrecha imagen de la Iglesia católica. Allá ellos.

Por mi parte, sólo puedo decirle al autor y a los que piensen como él que mi modo de crianza está mucho más cercano a los valores cristianos que su escrito. Que la reproducción asistida es de todo menos fría, porque nunca había experimentado sentimientos tan intensos como los vividos en aquella etapa. Que en mi casa no se dan besos a tubos de cristal, sino abrazos que salen del alma. Y que en esta vida sólo mi hija está legitimada para juzgar mi elección.

Aunque duela leer cosas así, no conseguirán matar la ilusión que lleva a mujeres y parejas a pasar por duros tratamientos hasta llegar a sus hijos. Tampoco nos harán sentir vergüenza, ni permitiremos que otras formas de vivir vuelvan al ostracismo. Los avances que poco a poco se están produciendo en nuestra sociedad no son reversibles. Y si no les gustamos, tendrán que aprender a vivir con nosotros.

3 comentarios en “De besos y tubos de cristal: respuesta a una hoja parroquial”

  1. Me parece denigrante, y de una poca sensibilidad espantosa. Tengo alguna amiga buscando embarazo vía IAV y sé lo duro que es, como para tener que oirse determinadas lindezas de algún sector de la iglesia…
    Buena respuesta!

    Me gusta

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