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Los libros no se escriben solos

Hoy voy a hablaros de Los libros no se escriben solos: crónica de una depresión preparto y un posparto inesperado. Este es el título con el que Eva Álvarez publicaba su segundo libro. No es una carta de presentación típica para un volumen sobre maternidad ¿verdad? Pues bien, el contenido tampoco lo es.

Sinopsis: A veces, esperamos algo con tanta ilusión que lo último que imaginamos es cómo un sueño tan deseado se puede torcer drásticamente. La depresión preparto, esa gran desconocida. Un posparto accidentado. El cóctel entre la decepción y la resiliencia.

«Todo el que, deliberadamente, le provoca una situación angustiosa a una mujer embarazada no merece la categoría de ser humano ni tiene derecho al aire que respira».

¡Y tanto que la depresión preparto es una gran desconocida! Puede que con suerte hayamos oído el término (no es un tema recurrente en las clases de preparación al parto ni en las revistas sobre maternidad), pero dudo mucho que hayáis escuchado a muchas mujeres hablar abiertamente de ella. Y es que, al igual que ocurre con la depresión posparto o el duelo gestacional, hay una importante invisibilización que no ayuda a nadie.

Por eso es tan importante lo que Eva Álvarez nos cuenta. En el libro nos habla de su propia experiencia, de como un embarazo deseado no siempre colma de alegría a la gestante. Lo hace, como ella misma dice, vaciando de bilis las entrañas. En un tema como este, donde el mensaje ha de ser contundente, los artificios no conducen a ninguna parte. Por eso la extensión del libro, de 53 páginas resulta ideal.

«¿Y si hago lo propio? ¿Si me pongo yo a humillar a quien, por
envidia o la razón que sea, me utiliza como blanco de sus burlas?»

El libro me ha encantado. Seguramente se deba a que en más de un momento me he sentido identificada con Eva, y no sólo porque ella se planteara ser madre soltera a través de la reproducción asistida. Mi embarazo tampoco fue fácil. Me acostumbré a vivir con el miedo y la sensación de angustia permanente. No disfruté como me hubiera gustado hacerlo, y a veces me sentí juzgada por ello.

Y es que en estos casos el entorno juega un papel muy importante. Eva tuvo la mala suerte de tener al enemigo demasiado cerca. Algunas situaciones que describe son demasiado extremas, nadie en su sano juicio intentaría la defensa de la parte contraria. Pero otras tantas son mucho más corrientes, tanto que la sociedad mira de reojo al que no las tolera.

Bromear con el nombre elegido por unos padres, cuestionar el tipo de parto elegido, pasar por encima del deseo de la recién parida a no recibir visitas en el hospital, aguantar la infantilización por parte del personal sanitario… ¿Qué mujer que haya sido madre puede decir que se ha librado de todo esto?

«La sensación de paz, cuando se da un paso así tras tanto tiempo
aguantando mierdas, en el momento en que tu vulnerabilidad
comienza a remitir y vuelves a ser tú, es completamente impagable».

Pero en este relato no sólo encontramos malos momentos, sino también una historia de superación. Y es que a veces la luz se abre paso y somos capaces de recomponer esa parte de nosotros que se había roto. El proceso no siempre es fácil. A veces implica dejar a algunas personas por el camino, pero se llega más lejos viajando sin lastre.

Antes de acabar quiero resaltar que es esencial que el contenido de un libro sea interesante, pero también lo es que venga respaldado por un buen título y una portada atractiva. En este caso tenemos todos los ingredientes. Como he dicho al comienzo, este no es un libro típico de maternidad y me gusta mucho que su imagen externa no caiga en los tópicos de aquella.

¿Os apetece leer Los libros no se escriben solos? Ahora es buen momento. Hasta el próximo 14 de febrero podréis encontrarlo en Amazon por tan solo 2,99€ en formato Kindle y 4,94€ en papel (gastos de envío incluidos).

portada los libros no se escriben solos

Reproducción asistida

¿Merece la pena?

Esta semana, aunque el post trata de reproducción asistida, voy a hablar de una cuestión mucho más personal.

Habitualmente me levanto a las 6:45 desde que empecé a trabajar. Antes de salir de casa, entro en la habitación para “despedirme” de mi hija. Ella duerme más de 11 horas seguidas y no se inmuta por mucho ruido que haga, así que me limito a observarla unos segundos, comprobar que está bien (sí, después de un año sigue asustándome que no respire bien) y marcharme con una sonrisa. Sin embargo, ayer se despertó nada más salir yo de la cama. Quizás intuía que era un día especial y quería darme la oportunidad de verla despierta.

El 16 de enero de 2017 a las 11:25 de la mañana nacía Daniela en un quirófano del Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla. Ayer se cumplió un año de aquel momento y no dejé de revivir ese día. El camino hasta el hospital, los últimos monitores, el ingreso en preparto… Y me parece irreal que hayan pasado doce meses.

Pero no sólo recordé esos momentos, sino todos los que me llevaron hasta ellos. Una buena amiga me felicitó y también recordé su camino. Mientras Daniela llegaba al mundo, ella se recuperaba de otro aborto. Pero ayer, además de intercambiar los comentarios típicos de lo rápido que pasa el tiempo, también hablamos de sus preciosos mellizos recién nacidos.

La reproducción asistida es muy dura. Sólo los que hemos pasado por ahí somos plenamente conscientes del desgaste que implica. Cada mala noticia es un mazazo, algunas situaciones dejan cicatrices emocionales muy difíciles de curar y los fracasos van haciendo mella en la confianza que tenemos en nuestro propio cuerpo. Además, si los tratamientos se están desarrollando en el ámbito de la medicina privada, se suma la preocupación por el tema económico. A veces resulta imposible no preguntarse si realmente merece la pena pasar por todo esto.

En mi caso, durante un año me despertaba pensando en reproducción asistida y también a ella le dedicaba los últimos pensamientos del día. Mi vida no giraba en torno a nada más. No me permitía un sólo gasto extraordinario porque mis ahorros eran limitados y estaban reservados para hacer tratamientos y pruebas. Y cuando por fin conseguí el embarazo, no lo disfruté en absoluto porque el miedo era tan grande que ensombrecía todo lo demás. ¿Pero sabéis qué? Volvería a pasar por todo aquello mil veces con tal de tener a mi hija. Cada consulta, los negativos, mi preocupación y todas las lágrimas derramadas han merecido la pena.

No diré que desde que mi pequeña está aquí todo ha sido felicidad. Cada día toca lidiar con situaciones y personas que ponen a prueba mi capacidad de confiar en la bondad humana. Por ello, aunque mi hija es un enorme faro que ilumina cada rincón, durante este año ha habido días malos en los que la tristeza o el desasosiego han sido más grandes que la alegría. Es natural, en incluso sano. Pensar que nuestros hijos pueden en cualquier caso llenarnos de dicha implica descargar en ellos una responsabilidad demasiado grande.

Pero es cierto que su presencia ha mitigado el pesar que algunas decepciones hubieran podido producirme. Cuando la miro, pienso en lo afortunada que he sido al tenerla y en lo absurdo que resultaría no disfrutar de ello. No sería justo para ella ni para mí que otros enturbiaran lo que la vida nos ha dado.

Lo que sí puedo deciros es que aún no ha habido un día en el que no me haya alegrado de tomar la decisión de ser madre soltera justo en el momento en que lo hice. A día de hoy puedo asegurar que fue la mejor elección que he hecho nunca, y la que más satisfacciones me ha dado.

Además, la reproducción asistida también tiene muchas cosas positivas. Dentro de unos años le contaré a Daniela que, mientras esperaba a que ella llegara, me encontré con personas maravillosas con las que comparto un vínculo muy especial. Ese periodo también sirvió para que me conociera mejor. Y aproveché para aprender todo lo que pude acerca de un tema apasionante.

Por lo tanto, basándome en mi experiencia personal, os digo que sí merece la pena. Por ello os animo a todos los que estéis en este tipo de procesos a seguir adelante mientras el cuerpo, la mente y el bolsillo aguante. ¡No os rindáis!

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Los primeros regalos de Navidad para Daniela

Estas navidades están siendo las primeras para Daniela y, aunque ella aún es pequeña y en el futuro no va a recordar nada, intento que todo tenga un significado especial. Para mí es importante conservar testimonio gráfico de las nuevas experiencias que está viviendo sobre todo en esta primera etapa de su vida que no podrá recordar por si misma. Por eso el 25 de diciembre empaqueté los juguetes que habíamos comprado semanas atrás y, a falta de árbol de Navidad, preparé con cojines un rinconcito donde ella pudiera disfrutar abriéndolos.

Si bien son regalos de Navidad por el momento en que se los he entregado, no los compré con estas fechas en mente. Tenía claro el tipo de juguete que quería y fui a por ellos sin más. Bien podía habérselos dado inmediatamente o haber esperado a su cumpleaños. Pero las circunstancias han hecho que estos sean los primeros obsequios de Papa Noel.

Diseño sin título

Tren de actividades, de Bruin

Este era el regalo cuyo concepto más claro tenía, pero que más me costó encontrar. Los juguetes pequeños, con diferentes texturas y que emiten luz y sonido me parecen ideales para bebés de la edad de Daniela. Ella aún no anda, ni tiene fuerza para sostener juguetes pesados. Además en invierno no siempre puede estar en el parque o en el puzzle de goma eva. Por eso algo manejable era una buena elección porque podría entretenerse con él aunque tuviera que estar sentada en su trona o hamaca.

El problema es que todos los juguetes que encontraba de este estilo me parecían muy básicos. Algunos mini moviles-tablets-ordenador que vi tenían a mi juicio un diseño muy apagado teniendo en cuenta la edad para la que estaban recomendados. En otros casos lo que me faltaba era variedad en los sonidos o las texturas. Reconozco que miraba los juguetes con los ojos de una adulta de 27 años y no con los de un bebé de 11 meses, y por eso todo me parecía poco atractivo. Pero hasta que Daniela escriba su carta a los Reyes Magos me toca a mí elegir y me niego a comprar algo que no me convenza.

Al final encontré lo que buscaba. Este tren de actividades tiene unos colores agradables, variedad de sonidos, melodías musicales, texturas, luces en la chimenea, acción de desplazamiento y un asa que lo hace muy manejable. A Daniela le encanta. Casi hubo que arrancárselo de las manos para sacarlo de la caja. Se entretiene muchísimo y lo aporrea que da gusto. Es curioso ver como los bebés muestran sus preferencias desde tan pequeños. Mi hija siente predilección por el mono y es ese sonido el que repite una y otra vez.

Correpasillos, de Globo

Aunque no parece que Daniela vaya a andar próximamente, yo tenía clarísimo que quería un correpasillos de este tipo para ella. Otros modelos tienen mejores actividades en su parte frontal y un diseño más atractivo, pero yo quería que fuera un correpasillos en el que pudiera sentarse. Creo que las habilidades que se desarrollan a través de esas actividades ya estaban cubiertas gracias a los otros juguetes. Lo que buscaba con el correpasillos era invitar a Daniela a ejercitar su motricidad gruesa de la manera más completa posible, y creo que este es el tipo de correpasillos adecuado para ello ya que el bebé puede desplazarse con el de múltiples formas.

Estaba mirando modelos cuando, gracias a Bopki, tuve la oportunidad de probar Showroomprive.es (página web donde se pueden encontrar productos de primeras marcas con unos descuentos importantes). Navegando por el portal encontré este correpasillos. Tenía todo lo que yo buscaba y, con el descuento que me habían ofrecido, sólo tenía que pagar tres euros más gastos de envío. La contrapartida era que no podía elegir el color, pero me parecía un detalle menor teniendo en cuenta que tampoco había encontrado otros diseños que me convencieran al 100%.

Tuve suerte y me llegó en el color que más me gustaba. Después de montarlo y pegarle las pegatinas, se lo acercamos a Daniela y probamos a montarla en él. En un primer momento, se mostró recelosa e hizo ademán de llorar. Comenzó a entusiasmarse una vez que le enseñamos que con él podía avanzar. Incluso intentó impulsarle ella sola hacia adelante, pero era muy pronto para que le hubiera pillado el truco. Como he dicho antes, no hay signos de que la peque vaya a andar pronto por lo que no sé cuando empezará a darle un uso intensivo al correpasillos, pero mi impresión es que va a convertirse en uno de sus juguetes favoritos.

Robita Robotita, de Fisher Price

Esto ha sido un capricho mío. El año pasado me enamoré de este robot cuando buscaba regalos para mi sobrino. Él tenía entonces un año y no me pareció un juguete adecuado a esa edad, aunque la recomendación del fabricante va desde los 9 hasta los 36 meses. Tampoco me parece por tanto el juguete más práctico para Daniela. Pero que se le va a hacer… no he podido resistirme.

Lo más característico del robot es su barriga cubierta por luces LED que cambian de color a la vez que suena la música. También se pone a ‘bailar’ e invita al bebé a seguirlo, y puedes decirle una frase para que la reproduzca. Me imagino que si a mí me parece un juguete bonito y gracioso, para ellos debe ser una experiencia sensorial tremenda.

Ahora mismo Dani tiene juguetes de sobra así que Robita Robotita se quedará decorando su estantería y más adelante, cuando haya disfrutado de otros regalos y tenga más desarrolladas sus capacidades, se la bajaré para que la disfrute. O quizás me la apropie definitivamente…

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Nuestro primer Halloween

Halloween ha sido una fiesta vinculada tradicionalmente al mundo anglosajón, pero desde hace ya algunos años su seguimiento en España es notorio sobre todo entre la población joven. Yo nunca le había dedicado la más mínima atención hasta ahora, y el motivo no tenía nada que ver con sentimientos patrióticos. Simplemente los disfraces y el terror no encajan bien con mis gustos. Pero ayer era el primer 31 de octubre en la vida de Daniela y me apetecía celebrarlo.

Una de mis prioridades es vivir con mi hija todas las experiencias que estén a mi alcance. Sé que es muy pequeña y no recordará nada de lo vivido ayer, pero quiero que cuando vea las fotos en unos años sepa que su madre eligió un disfraz para ella e intentó convertir el paseo diario en un momento especial. Por eso desde hace unas semanas venía planeando qué hacer.

Preparativos

Buscar un disfraz era primordial. Para ello no podía perder de vista que Daniela es un bebé de nueve meses. No quería un traje demasiado elaborado que pudiera restarle comodidad, ni algo muy oscuro que apagara su frescura. Y tampoco iba a invertir más de lo necesario en un look que no podríamos reutilizar otro año. Me quedé con dos opciones: el disfraz de calabaza y el de león loco. Acabé eligiendo el primero por su mayor vinculación con la fiesta y por ser más finito que el otro (en Sevilla seguimos con temperaturas primaverales y Daniela es calurosa, un traje muy abrigado no era opción). Diseño sin títuloOtro elemento indispensable era el recipiente para guardar los caramelos. En un principio, mi idea era comprar la típica calabaza llena de golosinas que venden estos días en todos los supermercados. Pero encontré un cubito de fieltro que finalmente me pareció mejor elección. Era un material menos duro y pesado que el plástico, por eso lo vi más manejable para Daniela. Mi madre le hizo un pequeño arreglo al asa para que fuera más manejable para la peque y añadió una bolsa de tela en la que meter los caramelos.

Fotos post halloween

Una vez tuvimos listos los imprescindibles, me dispuse a crear un pequeño recordatorio para los familiares más próximos. El sábado os contaba a través de Instagram que habíamos tenido sesión de fotos casera. Elegí dos fotografías que me gustaron especialmente, les añadí un pequeño motivo decorativo relacionado con Halloween e imprimí varias copias.

¿Cómo lo celebramos?

A las 5 de la tarde, tras la siesta diaria, vestimos a Daniela y nos fuimos a pasear con el carrito. Variamos un poco el recorrido habitual para visitar a algunos familiares. A todos les encantó como iba disfrazada. Repartimos caramelos y las fotos de recuerdo. En esto reconozco que me falló la previsión. Debería haber imaginado que no iban a elegir entre una u otra, así que tenía que haber impreso más copias.

Al final de la tarde, fuimos a tomar un refresco a una plaza donde se concentra mucha gente. Ayer estaba llena de niños y jóvenes disfrazados. Daniela mostraba mucho interés por todo lo que ocurría a su alrededor y no se asustó ni siquiera de los petardos que tiraban a cada rato. Pero finalmente el cansancio la fue venciendo y a las 10 de la noche volvimos a casa para que pudiera descansar.

Estoy muy satisfecha con nuestro día y me quedan muchísimas ganas de repetir la experiencia el año que viene. Seguro que entonces la edad de Daniela nos permitirá hacer más actividades. Por el momento, creo que el objetivo que me propuse está cumplido. Hemos vivido una nueva experiencia que en unos años podré contarle a mi hija. Ella no estuvo incomoda en ningún momento, ni por el atuendo ni por la situación. Me atrevería a decir que incluso disfrutó de los pequeños cambios en su rutina. Además, pudo ganarse unos ahorrillos extra. Y es que a algunos familiares ya les había advertido de nuestro truco o trato particular: o colaboras con su hucha o te lanzo a la niña al cuello, y tiene ocho dientes.

Y vosotros, ¿habéis celebrado Halloween con vuestros pequeños? ¿Me dais alguna idea para el año que viene?

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Consejos para ser una madre low cost

En la primera entrada del blog os contaba que hice muchas cuentas cuando decidí ser madre intentando averiguar si podía permitírmelo. Tres años más tarde estoy segura de que, dejando de lado los tratamientos de reproducción asistida, mis previsiones superaban la cantidad real de dinero que he tenido que invertir.

Y es que todos hemos escuchado alguna vez la típica frase «tener un niño cuesta mucho dinero». No diré que es falsa. Efectivamente un hijo acarrea una serie de gastos imposibles de eludir. Pero sí me parece que la cuestión económica está sobredimensionada, al menos en lo que respecta al embarazo y primer año de vida de un bebé sano.

Yo no podía contar con que los gastos más importantes fueran cubiertos por otras personas. Mi modelo familiar reducía de partida a la mitad el número de posibles regalos. Además, mi familia no es especialmente grande y la situación económica no permitía que los más allegados pudieran hacer regalos de gran envergadura. Eso me obligó a agudizar el ingenio y buscar maneras de ahorrar sin que a Daniela le faltara nada de lo que yo quisiera darle.

He de reconocer que en esto he tenido una estupenda maestra. Mi madre siempre me ha inculcado la cultura del ahorro. Y, aunque mi alma es caprichosa y consumista, he aprendido a contener esa parte de mí. Os cuento algunas técnicas que llevé a cabo para conseguirlo.

Establecer prioridades

Es importante distinguir entre los artículos que son imprescindibles para ti y los que no. En los primeros no recomiendo sacrificar la calidad por el precio, aunque eso no implica que intentemos conseguirlo al menor coste posible.

Para mí un carrito al que pudiera darle mucho uso, que fuera ligero y fácil de plegar era elemental. El que reunía las características que pedía era de gama alta, aunque ahorré casi 200€ gracias a una promoción. Pero de no haber existido esa oferta, tampoco hubiera contemplado opciones más baratas de menor calidad.

Comprar la ropa la temporada anterior

Los bebés crecen una barbaridad de un día para otro y, en consecuencia, la ropa le dura muchas veces un suspiro (sobre todo en los primeros meses de vida). Y para colmo, es ropa carísima. Incluso en tiendas donde a priori los precios son razonables, los costes son disparatados teniendo en cuenta la calidad.

A mí me sienta fatal tener que guardar un vestido completamente nuevo y que, por culpa de esos cambios tan poco progresivos e impredecibles, me ha durado 15 días. Pero sí me hubiera gastado más de 30€ en él, me volvería directamente loca. La forma que he encontrado de comprar ropa realmente bonita a precios muy asequibles es aprovechar las rebajas de la temporada anterior.

En septiembre de 2016, embarazada de 6 meses, compré ropa de verano con un tallaje de entre 6 a 12 meses. En aquellos momentos encontraba percheros enteros con prendas de calidad y diseños espectaculares desde 1,50 a 10€. Era imposible no aprovechar esas oportunidades cuando veías que el precio de la misma prenda en temporada podía incluso cuadriplicarse.

En enero de 2017, con mi hija recién nacida y la lección bien aprendida, me recorrí de nuevo las principales tiendas de ropa infantil y de nuevo encontré gangas increíbles. En esa ocasión, compré ropa de 12 a 18 meses. Al acabar este verano volví a hacer lo mismo, y ya me estoy preparando para las rebajas de invierno.

Obviamente, se corre cierto riesgo con el tema del tallaje. Pero mi experiencia es muy positiva. Daniela es una niña grande y nunca ha quedado ropa por usar. Al principio de la temporada, usaba las prendas más pequeñas y, a medida que crecía, iba estrenando el resto.

Artículos de segunda mano

Nunca he sido una entusiasta de los artículos de segunda mano. Siempre he preferido pagar un poco más y disfrutar del producto completamente nuevo. Sin embargo, en ciertos artículos de puericultura la diferencia de precio es grande y el estado del artículo prácticamente igual. E incluso en algunas ocasiones pueden encontrarse productos nuevos que por alguna razón no han sido usados ni devueltos. En esos casos no hay que pensárselo. Cualquier oportunidad de ahorrar debe aprovecharse.

Entre otras cosas, yo compré el sacaleches eléctrico Swing de Medela y la hamaca Crece conmigo de Fisher Price a través de aplicaciones de compra-venta. El sacaleches estaba completamente nuevo y lo adquirí con un ahorro de más del 50% del precio habitual. La hamaca había tenido poco uso y, a simple vista, podría haber pasado por un artículo nuevo de lo cuidada que estaba. Pagué por ella 15€.

En ambos casos, creo que hice una buena compra. El sacaleches lo compré durante el embarazo por si lo necesitaba para estimular la producción en el hospital. Lo usé 13 días por lo que habría lamentado hacer una inversión mayor. La hamaca, por contra, ha tenido mucho más uso del que esperaba y es el producto al que más rendimiento le he sacado a cambio de un precio tan reducido.

Comparar precios

No compres un artículo en el primer sitio donde lo veas. En todo lo relacionado con la puericultura suele haber una variación de precios brutal. Por eso es bueno comparar el coste del producto en distintas tiendas.

Búsqueda de ofertas por internet

La comparativa de precios no sólo debe limitarse al comercio físico. En internet hay multitud de establecimientos que ofrecen precios realmente competitivos. En el embarazo descubrí los múltiples usos de las muselinas y decidí que quería un par de ellas de tamaño grande de la marca Aden + Anais. Tras navegar un rato por internet, mi madre encontró una tienda online con grandes ofertas. Ahorré más de 10€ en la compra.

Y vosotros, ¿creéis que tener hijos es tan caro como se dice? ¿Se os ocurren más consejos para ahorrar?

Personal

Mi momento perfecto para ser madre

«Disfruta de la vida, aún eres muy joven para tener hijos” o “date prisa, que se te va a pasar el arroz” son frases que probablemente hayas escuchado si eres mujer. A veces he llegado a preguntarme si existe una ecuación cuyo resultado sea el momento exacto en que se ha de ser madre.

Si nos ceñimos al aspecto biológico, la edad ideal para ser madre es entre los 20 y los 30 años. Es entonces cuando el organismo de la mujer está en su mejor momento para la consecución y el correcto desarrollo de un embarazo. A partir de esa edad, la fertilidad de la mujer comienza a decrecer y a los 40 años las posibilidades de ser madre se reducen drásticamente.

A medida que la edad aumenta, lo hará también el riesgo de sufrir un aborto espontáneo debido a la mayor incidencia de anomalías cromosómicas. Entre los 20 y los 30 años, aproximadamente el 10% de los embarazos acabará en aborto espontáneo. Ese porcentaje aumentará a un 20% si la madre tiene entre 35 y 39 años; al 25% entre los 40 y 41 años; y superará el 50% si el embarazo tiene lugar a partir de los 45 años.

Pero las condiciones sociales y económicas actuales marcan un ritmo muy distinto. Tener un hijo implica asumir una enorme responsabilidad y un cambio permanente en el estilo de vida. Con frecuencia las mujeres aparcan su deseo de ser madre hasta que se dan las circunstancias personales, laborales y económicas ideales. Eso era precisamente lo que yo planeaba hacer.

Siempre había tenido claro que el modelo familiar que encajaba conmigo era el monoparental. Sin embargo, no esperaba llevarlo a la práctica tan pronto. En los primeros meses de 2014, valoraba los distintos caminos que podía tomar una vez que acabara mi formación universitaria. Empezar la búsqueda de empleo, viajar a un país en el que mejorar mi inglés, continuar mi formación académica con un máster… Todas me parecían opciones válidas. Pero en marzo supe que padecía una enfermedad que amenazaba con no dejarme realizar ninguna.

Los meses que transcurrieron entre el diagnóstico y la operación a la que debía someterme fueron una locura. Mis días ya estaban bastantes saturados con las prácticas que realizaba por las mañanas y las clases a las que asistía por las tardes, pero a eso tuve que sumar las constantes visitas al hospital para realizar nuevas pruebas y horas de estudio adicionales para preparar exámenes que tendría que adelantar. Estaba tan cansada que en esos momentos sólo esperaba que llegara el día de entrar en quirófano.

Cuando ese momento pasó, la presión que había aguantado durante los meses anteriores se me vino encima. Esos días lo único en que pensaba era que nada era como lo había imaginado. Me sentía estafada por la vida. Yo había hecho planes y me había esforzado para seguirlos, pero ahora estaba en un escenario distinto que no podría haber evitado de ninguna manera. Me permití esos pensamientos unos días, pero pronto asumí que la autocompasión no mejoraría mi situación. Decidí que volvería a imaginar mi vida. Reestructuraría mis prioridades, volvería a trazar planes y lucharía de nuevo para llevarlos a cabo.

Así fue como la idea de ser madre pasó a un primer plano. Cogí una libreta e intenté calcular hasta donde podría llegar con los ahorros que había conseguido acumular. Reproducción asistida, alquiler, artículos de puericultura, pañales, alimentación infantil… Era una locura, las cuentas no salían por ningún sitio. Pero ser madre se había situado en el primer puesto de mi lista de prioridades, y estaba dispuesta a rehacer esas cuentas las veces que hiciera falta hasta que salieran.

Muchos dirán que no era el mejor momento. Un profesional de la salud, extralimitándose en sus funciones, llegó a decirme que aún era joven y tenía tiempo para conocer a alguien con quien tener hijos. Unas semanas después de aquella conversación descubrí que mi reserva ovárica era bastante más baja de lo esperable en una mujer de 24 años. Por tanto, si hubiera retrasado mis planes algunos años más, probablemente me hubiera encontrado con una barrera biológica importante.

Cada día estoy más convencida de que no me equivoqué cuando a los 24 años decidir ser madre soltera. Ese era el momento perfecto para mí. No sé si mi situación económica hubiera sido mejor de haber esperado, pero estoy segura que mi cuerpo me habría puesto las cosas mucho más difíciles. Y después de todo lo que arrastro en mi historial médico, no estaba dispuesta a tentar a la suerte.