Método ROPA: otra forma de convertirse en madres
Reproducción asistida

Método ROPA: otra forma de convertirse en madres

La reproducción asistida en general es una gran desconocida para la mayoría de la población. Salvo pacientes o profesionales, me he cruzado a pocas personas que conocieran las cuestiones más básicas. Yo misma tenía conocimientos muy vagos antes de meterme de lleno en los tratamientos. De hecho, no supe en qué consistía el método ROPA hasta meses después de pisar por primera vez una clínica de fertilidad. A menudo tengo la impresión de que esta es una técnica particularmente desconocida. Por eso quiero hablaros de ella.

¿Qué es el método ROPA?

Se denomina método ROPA (Recepción de Ovocitos de la Pareja) a la técnica de reproducción asistida mediante la cual las dos integrantes de una pareja homosexual pueden participar de manera activa en la concepción de su hijo. Una de ellas aportará el óvulo que será fecundado con el semen de un donante anónimo, mientras que la otra recibirá el embrión resultante al que gestará y parirá. El bebé que nazca de este procedimiento tendrá por tanto una madre genética y otra biológica.

El tratamiento al que se someten las pacientes no difiere en nada al de una doble donación de gametos. Una mujer se somete a una estimulación ovárica para generar el mayor número de folículos posibles. Tras la punción, los óvulos recuperados se fecundaran en laboratorio y se observará el desarrollo embrionario durante algunos días. De manera paralela, otra paciente prepara su endometrio hasta que alcanza las condiciones óptimas para lograr el embarazo. Es entonces cuando tiene lugar la transferencia embrionaria.

¿Cuál es su particularidad?

Aunque el procedimiento sea idéntico al de otros tratamientos, los efectos legales en lo relativo a la filiación del recién nacido son muy distintos. La Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida establece en su artículo 5.5 que “la donación (de gametos o preembriones) será anónima y deberá garantizarse la confidencialidad de los datos de identidad de los donantes”. Lógicamente, en el supuesto que estamos tratando es imposible cumplir con este precepto.

El método ROPA constituye por tanto una excepción al mismo. Al tratarse de una donación de óvulos no anónima, las dos mujeres serán legalmente progenitoras del bebé nacido mediante esta técnica y contraerán por tanto los mismos derechos y obligaciones sobre él. Será indispensable que exista vínculo matrimonial para que la pareja pueda acceder a este tratamiento de reproducción asistida.

¿Hay otras opciones para las parejas de mujeres?

Por supuesto que sí. Cada integrante de la pareja tiene a su disposición las mismas opciones que las mujeres que deciden emprender la maternidad en solitario. Algunas de ellas pueden ser incluso más ventajosas física y económicamente. Pero es estupendo que la ciencia y la legislación hayan avanzado hasta el punto de ofrecer otra alternativa más para aquellos que optan por un modelo familiar distinto al tradicional.

Conviene señalar que, aunque sólo el método ROPA permite la participación activa de ambas en los tratamientos, no hay que restar valor a la figura de la otra madre en los casos en los que no se opte por él. Acompañar y apoyar al paciente de reproducción asistida es una labor importantisima que también requiere una enorme implicación. Por no hablar de que ni la carga génetica ni la gestación son elementos necesarios para convertirse en madre.

¿Conocíais el método ROPA? ¿Qué os parece? ¿Tenéis a alguien cercano que se haya sometido a él?

Imagen destacada de ka ebtreda La infertilidad no es un juego
Reproducción asistida

La infertilidad no es un juego… ¿queda claro?

Hoy me siento a escribir con un doble propósito. Por una parte, pretendo descargar sobre estas líneas una parte del enfado que la situación que voy a describir a continuación me ha causado. Y por otro lado, me gustaría que esta entrada sirviera para evitar el daño que se puede causar a otras infértiles que tengan la mala suerte de acabar en el lugar equivocado al buscar información. Si algo tenemos claro los que hemos sido padres por reproducción asistida, es que la infertilidad no es un juego.

Os pongo en situación

Desde hace algún tiempo, venía intercambiando algunos tweets con una chica que en teoría se está sometiendo a tratamientos de reproducción asistida. A raíz de uno de ellos, me pidió que le aclarase algo por privado y así lo hice. A partir de ese día, mantuvimos una comunicación intermitente por medio de mensajes directos (siempre promovida por ella). Ahora esos mensajes adquieren otra perspectiva, pero en aquellos momentos me parecían preguntas propias de alguien que no tiene ni pajolera idea de reproducción asistida y necesita que le expliquen las cosas varías personas y varias veces.

El pasado lunes me preguntó si había algún medio por el que pudiéramos tener un contacto más estrecho para plantearme sus dudas y curiosidades. Le ofrecí comunicación por Instagram y correo electrónico porque son las dos herramientas que más uso durante el día. Le dije también que no tenía problemas en hablar por WhatsApp, pero que allí contestaba de higos a brevas (los que me conocéis personalmente sabéis que no miento). Ella prefirió esta última opción. Me pareció bien. Durante el tiempo que estuve sometiéndome a tratamientos, compartí mi historia con muchas chicas por ese medio y me he llevado buenas amistades.

Los conversación fue entonces más fluida. No voy a dar detalles demasiados reconocibles porque confío en que, tras haber sido cuestionada por varias personas, se abstenga de continuar con su actitud. Pero os diré que a casi todas las dudas que me planteó les había dado respuesta en mi post ¿Test de embarazo antes de la beta? Cosas a tener en cuenta. El problema estaba en que no parecía receptiva a los consejos que otras mujeres le estábamos dando con nuestra mejor intención.

La cuestión es que, a medida que hablábamos más, los detalles de su historia cada vez me cuadraban menos. Empecé a no creérmela. Mi sensación era que atacaba precisamente a quienes intentábamos ayudarla. Pero lo que me hizo pensar ‘hasta aquí hemos llegado’ fue sentir que se podía frivolizar con algo tan serio como el aborto bioquímico. Yo sufrí uno y no me gusta que se difundan a sabiendas ideas erróneas sobre el tema. Corté la comunicación con un mensaje respetuoso y empático, pero muy directo. Ese mensaje tuvo respuesta a modo de audio que aún no he escuchado ni escucharé.

Creía cerrado el libro. Pero la noche del sábado descubrí en Twitter que está chica tiene un canal en YouTube sobre fertilidad en el que niega estar en tratamiento o desear ser madre. Me quedé planchada. Para empezar porque, cómo he dicho antes, está chica no parece controlar en absoluto temas de reproducción asistida. Yo no he podido comprobar que decía en sus vídeos (he intentado acceder a alguno y estaba borrado), pero otras chicas me dicen que no era información rigurosa y las creo. Y segundo, porque me parece inaceptable este doble juego en redes sociales.

La infertilidad no es un juego

No estoy juzgando, si es el caso, que una mujer decida llevar su búsqueda de embarazo en secreto. Yo misma en este blog he dicho que no voy a contar todos los detalles de mi proceso de reproducción asistida. Todos los pacientes tienen derecho a decidir qué quieren compartir, si prefieren ocultar los tratamientos de fertilidad, etc. Pero mentir a quienes intentan ayudarte jamás está justificado.

Hablar de infertilidad da visitas. Muchas personas buscan información cuando descubren que tienen problemas para concebir y deciden embarcarse en el desconocido mundo de la reproducción asistida. Puedo entender que una persona que tiene un canal decida hablar del tema sin revelar sus circunstancias personales. Pero si a la vez tienes una cuenta de Twitter donde participas asiduamente en un grupo de apoyo, la verdad debería ir por delante.

¿Qué puede pasar si no es así? Pues que pensemos que te has inventado una historia rocambolesca para conseguir material. Empiezo a pensar que todas esas dudas y curiosidades pueden ser una forma de obtener información para los vídeos. Total, es más fácil que un par de chicas te cuenten de que va un tema a pasarte horas buceando en Google.

Somos muchas las chicas que hablamos de reproducción asistida sin ser especialistas sobre el tema. Lo hacemos porque creemos que hay que darle visibilidad a la Infertilidad y porque sentimos que compartir nuestra experiencia puede ayudar a otras mujeres en situaciones parecidas. Algunas cuentan su historia, otras intentamos aconsejar desde la perspectiva de un paciente que ya ha pasado por ahí… Pero si algo tenemos en común es que todas intentamos ser lo más rigurosas posible con todo lo que publicamos.

Somos conscientes de toda la desinformación que hay respecto a reproducción asistida y lo que menos queremos es contribuir a ella. No me entra en la cabeza que alguien que está pasando por este tipo de tratamientos, y sabe todo lo que implican, de lugar a estas historias. Pero prefiero pensar que este es el caso. La otra posibilidad sería demasiado cruel.

Si realmente está chica no es paciente de reproducción asistida y ha estado aprovechando la buena voluntad de la gente para generar contenido en su canal, cuidado con el karma.

Imagen destacada de la entrada ¿Test de embarazo antes de la beta?
Reproducción asistida

¿Test de embarazo antes de la beta? Cosas a tener en cuenta

Volvemos a hablar de reproducción asistida tras unos meses sin tratar el tema, y lo hacemos para responder a una pregunta muy frecuente. ¿Conviene hacer un test de embarazo antes de la beta? La betaespera es uno de los momentos más estresantes de cualquier tratamiento. Cuando estamos ansiosos por conocer el resultado, los tests caseros que anuncian la detección temprana del embarazo se presentan como una alternativa muy atractiva. Esperar pacientemente el día señalado por la clínica para el análisis de sangre es un acto heroico en esas circunstancias.

Lo ideal es esperar a la beta

La recomendación oficial siempre es esperar a la beta. La cuantificación de la hormona β-hCG en sangre aporta mucha más información de cara a predecir si un embarazo es evolutivo. Aguantar hasta ese momento para conocer el resultado del tratamiento evitará que pasemos malos ratos innecesarios o que nos creemos falsas ilusiones.

Yo nunca aguanté aunque sabía esto. Odiaba las llamadas en las que la clínica de fertilidad comunica algún resultado. En la primera que recibí, me dijeron que tenía que retrasar mi primer tratamiento. El palo fue tan grande que me costó aguantar las lágrimas. Entonces decidí que esperaría esas llamadas sabiendo el resultado siempre que fuera posible.

Las llamadas continuaron siendo un trago que me hubiera gustado evitar, pero me afectaban mucho menos al haber digerido las noticias en casa. Por eso defiendo los tests de embarazo caseros cuando su uso contribuye a reducir la ansiedad de la paciente.

Cosas a tener en cuenta si se hace un test de embarazo antes de la beta

Si eres de esas mujeres que han decidido realizar un test de embarazo antes de la beta, hay algunas cosas que debes tener en cuenta para evitar que la jugada se vuelva en contra y acabes con más ansiedad de la que tenías.

Falsos positivos y falsos negativos

El funcionamiento de los tests de embarazo caseros es muy simple. Para que den positivo tienen que detectar la hormona gonadotropina coriónica humana (HCG) que, salvo poquísimas excepciones, solo está presente en el cuerpo de la mujer durante el embarazo. A pesar de esto, hay mujeres que no se fían al cien por cien del resultado. ¿Pueden estos test dar un resultado erróneo?

Los falsos negativos existen y son muy frecuentes. Se deben normalmente a la realización muy temprana del test. Si aún faltan demasiados días para la beta (o para la fecha en que debería bajar la regla), el consejo es esperar un par de días y volver a realizar el test. Sin embargo, los falsos positivos no existen en condiciones normales. En varios portales he leído que algunos casos de falso positivo son los embarazos bioquímicos, ectópicos, anaembrionarios y molares. No estoy para nada de acuerdo. En esos casos el test no ha fallado. El positivo es real aunque el embarazo no sea viable.

Pero sí que hay un caso de falso positivo bastante común entre las mujeres que nos hemos sometido a un tratamiento de reproducción asistida. Algunos medicamentos usados en estos tratamientos contienen hormona HCG. El test la detectará y dará un falso positivo si lo realizamos antes de que nuestro cuerpo haya eliminado la medicación por completo. Mi primer test de embarazo fue un falso positivo debido al Ovitrelle que me había inyectado trece días antes. Tened cuidado con esto porque muchos os dirán que la medicación desaparece en 10 días, pero cada cuerpo es un mundo. Hay que tomar con cautela los positivos débiles tras haber usado medicación de este tipo.

Seguir las instrucciones al pie de la letra

Cada test de embarazo tiene unas instrucciones concretas sobre cómo realizarlo y leerlo que hay seguir al pie de la letra. Si la marca dice que el resultado aparece antes de 10 minutos, no conviene mirar el test pasado ese tiempo. Con el paso de los minutos, en el mismo lugar donde lo haría el positivo, puede aparecer una sombra grisácea que lleva a confusión. Es la llamada línea de evaporación. Nunca me he cruzado con una, pero son muy frecuentes en algunas marcas.

Si no se seguimos este consejo y vemos aparecer una línea pasado el tiempo señalado en las instrucciones, lo mejor es desechar el test y realizar otro más tarde. Pero pasar horas inspeccionando el test no sirve para nada. Bueno, sirve para volvernos locas. Ese test no nos dirá si estamos embarazadas. Tampoco lo harán con seguridad las personas a las que les pasemos una foto de él. No, no lo harán aunque hayamos pasado la foto a negativo. Así que lo mejor es no malgastar energía en cualquiera de esas acciones.

Mención especial merecen en este punto los test de embarazos digitales. Si algo bueno tienen, es que el resultado no deja lugar a la interpretación. En la pantalla aparece un mensaje claro: embarazada o no embarazada. Pues es más común de lo que parece que, sobre todo cuando el resultado es negativo, las mujeres desmonten el test para mirar las tiras que hay en el interior. Y si en ellas aparecen dos líneas, dudan de lo que han leído en la pantalla. Esto es un error. No sabemos exactamente cómo funcionan los test digitales, pero están diseñados para dar el resultado de una manera concreta. Y solo así deben usarse si no queremos albergar falsas esperanzas.

No intentar predecir el crecimiento de la beta

Los test de embarazo caseros son muy útiles para saber si hay gestación, pero no sirven para predecir el crecimiento de la beta. Es cierto que a medida que los niveles de β-hCG aumentan, las lineas de los test se oscurecen. Pero esto no es nada fiable. La concentración de esta hormona en orina puede variar dependiendo del momento del día, de lo que se haya bebido, etc. Así que usar este método para saber si la beta crece puede traernos más de un quebradero de cabeza innecesario.

Las semanas que aparecen en los tests de embarazo digitales tampoco son fiables para predecir el crecimiento de la beta por las mismas razones. Una buena amiga se hizo dos tests digitales para ver la progresión de las semanas. En el tercero hubo un retroceso y se asustó muchísimo pensando que la beta estaba bajando. Esa misma tarde fue a hacerse un análisis de sangre y los valores eran buenísimos. Tanto que sus mellizos han cumplido ya los ocho meses.

¿Y si el test de embarazo no ayuda?

Si habéis caído en la tentación de los test de embarazo caseros y ahora tenéis más ansiedad que antes, mi consejo es que hagáis lo mismo que mi amiga. El precio de una beta es casi el mismo que el de los test de embarazo digitales y ya son muchos los laboratorios que entregan el resultado el mismo día. Esto no es lo ideal. Como hemos dicho al principio, lo mejor es ser capaz de esperar al día fijado por la clínica. Pero no seré yo quien os diga que hacer lo contrario es imperdonable.

Y vosotras, ¿tenéis alguna anécdota con los tests de embarazo caseros? ¿Os habéis obsesionado con ellos? Yo confieso que llegué a hacer más de 30 en cada transferencia. Eso sí que era una locura. ¿Habéis sido capaces de aguantar hasta la beta?

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¿Cuál es mi historia?

Algunos de los que seguís el blog me habéis comentado por privado que no encontráis mi historia. Lo cierto es que no he contado mi proceso en reproducción asistida de manera lineal. Soy una persona obsesiva y si intentara hablar de cada tratamiento me sería muy difícil no incluir número de revisiones, dosis de medicación, tamaño de folículos… En definitiva, una cantidad enorme de información que tengo archivada y que no considero interesante para el lector.

Otra razón por la que no he hecho un relato de esas características es porque hablar de un tratamiento implica en cierta forma revivirlo. Todos los que hayáis vivido este tipo de situaciones entenderéis que no siempre hay ánimos para hablar de ello. De hecho, aunque he intentado escribirla en varias ocasiones, la segunda parte del post sobre mi aborto bioquímico está pendiente desde el pasado mes de noviembre. No quería empezar a publicar, que me ocurriera algo así y la historia quedara en stand by.

Y por último, pero no menos importante, es que no me apetece nada que aquellos que me decepcionaron durante mis tratamientos husmeen ahora en mi intimidad. Ya sabéis que mi blog no es anónimo, todo el mundo conoce mi identidad. Mucha gente de mi entorno visita este sitio, pero no todos lo reconocen. Ellos sólo leerán lo que a mí me apetezca que lean en cada momento.

Lo que si he hecho desde que comencé con el blog es escribir una serie de post más generales, pero basados en mis experiencias. Así habéis podido saber el chasco que me llevé en mi segundo tratamiento, por qué decidí cambiar de rumbo tras el tercero, el triste final del cuarto…

He pensado que puede ser interesante crear un lugar donde podáis encontrar esos retazos de mi experiencia en orden cronológico. Por eso en esta publicación, además de explicaros mis razones, voy a recopilar todas las entradas publicadas hasta el momento en las que hablo de mi proceso. E iré actualizándola periódicamente para añadir las que pudieran venir en un futuro.

Si queréis más datos o que profundice en algún tema, no dudéis en decírmelo en los comentarios o a través de las redes sociales.

En esta recopilación no se incluyen todos los post sobre reproducción asistida que podéis leer en el blog.

Mi momento perfecto para ser madre

El blog no podía comenzar con un post que no fuera este. Siempre tuve claro que la maternidad en solitario era mi opción, aunque no esperaba llevarla a la práctica tan pronto. Pero hay momentos en la vida que dinamitan todos los planes.

Cómo afrontar la cancelación de un tratamiento

Uno de mis grandes chascos en reproducción asistida llegó en el segundo tratamiento. Tenía el convencimiento de que aquel sería mi mes, pero todo acabó con una cancelación que condicionó mis siguientes pasos.

Mi aborto bioquímico (Primera parte)

Mi primer positivo llegó en el cuarto tratamiento. Por desgracia, mi embarazo tan sólo duró catorce días. En la primera parte del post podéis leer lo que ocurrió durante esas dos semanas y como me sentí al respecto.

¿Por qué conté (y oculté) que estaba en tratamiento?

La reproducción asistida es un tema tabú para muchos pacientes. Yo siempre he creído que no ocultarse es la única manera de normalizar la situación. Por eso contaba en mi entorno todos los pasos daba. Pero cuando me hicieron daño, también me oculté para protegerme.

Consejos para afrontar la betaespera

La betaespera es un momento que pone a prueba el autocontrol de los que nos sometemos a un tratamiento de reproducción asistida. Yo fracasé estrepitosamente en lo que a mantenerme tranquila se trataba. Por eso escribí un post con los consejos que no seguí, pero que estoy segura contribuyen a que ese periodo no sea tan insoportable.

¿Merece la pena?

Con motivo del primer cumpleaños de mi hija, reflexioné acerca de si había merecido la pena todo lo vivido (un año de tratamientos, de preocupaciones, de lagrimas…). Y es que la reproducción asistida es muy dura, pero también tiene muchas cosas buenas que debemos valorar.

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Consejos para afrontar la betaespera

Muchos de los que estáis leyendo esta entrada quizás no sepáis qué es la betaespera. Pero los que hemos pasado por un tratamiento de reproducción asistida no sólo lo sabemos, sino que sentimos escalofríos cada vez que leemos esa palabra. Y es que la betaespera es probablemente el momento de mayor tensión que se puede vivir en estos tratamientos.

¿Qué es la betaespera?

Se denomina betaespera al tiempo que transcurre desde la inseminación artificial o transferencia de embriones hasta la realización del test de embarazo. Recibe este nombre por la hormona β-hCG, cuya presencia y cuantificación determinará si existe o no gestación. La duración de este periodo dependerá de distintos factores (tipo de tratamiento, días de vida del embrión transferido, protocolo de la propia clínica, causas externas tales como festivos o fines de semana, etc), pero la espera difícilmente será inferior a diez días.

¿Por qué genera tanta tensión?

Imagino que habrá tantos motivos como pacientes, pero lo cierto es que todos coincidimos en lo difícil que es pasar por esta etapa de los tratamientos. En mi caso, la betaespera era un momento complicado porque, además de tener que manejar los nervios por el resultado del tratamiento, me enfrentaba a un periodo de absoluta inactividad tras semanas frenéticas.

Además, en estas semanas experimentaba una total falta de control sobre el resultado que no manejaba nada bien. Una de mis teorías es precisamente que todo lo que hacemos (reposo, beber Aquarius, mantener los pies calientes…) no responde más que a nuestra necesidad de sentir que podemos inclinar la balanza hacia el positivo.

¿Cómo afrontar la betaespera?

A este post le vendría genial ese refrán que dice Consejos vendo y para mí no tengo. Lo cierto es que yo no seguí prácticamente ninguna de las recomendaciones que voy a dar a partir de ahora. Y no estoy segura de si sería capaz de hacerlo si tuviera que enfrentarme de nuevo a un tratamiento de reproducción asistida. ¿Entonces por qué voy a darlas? Porque soy consciente del daño que hace no seguirlas, y si este post le evita eso a alguien me sentiré muy satisfecha.

Para sobrellevar la betaespera no hay recetas mágicas. Mi consejo principal es que cada mujer actúe según lo que le haga sentir bien. Algunas optan por quedarse en casa haciendo reposo, otras prefieren estar de trabajo hasta arriba para no pensar… No hay opción mala. Dicho esto, según mi experiencia, será más fácil mantener la tranquilidad si se siguen estas recomendaciones.

Mantén la mente ocupada

El tiempo parece que pasa más rápido cuanto menos pensamos en él, así que mantenerse entretenida es una gran opción. Dedícate a trabajar en otros proyectos, lee un libro que te guste, pásate horas viendo series, sal de compras… Los días se harán más llevaderos.

Rodéate de personas que te apoyen

Por muy bien que sigas el consejo anterior, el final de la betaespera continuará siendo el tema que ocupe la mayor parte de tus pensamientos. Habrá momentos en los que quieras desahogarte, compartir tu inquietud, expresar tus dudas… Es importante que cuentes con personas que te apoyen completamente, te escuchen y te aporten serenidad.

Yo tenía a mi madre, que esuchaba paciente todas mis cábalas, y a mis apoyos del 2.0. Este grupo estaba formado mayoritariamente por chicas que también se encontraban en tratamiento. Hablar con personas que están pasando por lo mismo que tú puede venirte muy bien. En internet hay foros, grupos de apoyo… Seguro que puedes encontrar un lugar en el que te sientas cómoda.

No abuses de Google y evita comparaciones

¿Quién no ha buscado en Google “síntomas beta positiva” o algo similar? No está mal hacerlo. Soy la primera que se ha pasado horas leyendo todo lo que el buscador me mostraba. Pero muchas veces para lo único que me servía era para desanimarme más.

Internet es muy grande y encontrarás historias de todo tipo. Si notas algún cambio en tu cuerpo y usas esas búsquedas para intentar predecir el resultado del tratamiento, lo más probable es que te acabes encontrando en alguna de estas situaciones:

  • Quizás no encuentres nada. En betaespera nos hiperobservamos y a cualquier cambio (que en realidad puede no serlo y simplemente haber pasado desapercibido en otro momento) le damos una importancia que no tiene. Si te pasas un tiempo buscando información y no acabas obteniendo ningún resultado, es probable que acabes sintiendo que has perdido el tiempo.
  • Corres el riesgo de hacerte demasiadas ilusiones o de llevarte un chasco innecesario. Y es que, a pesar de lo que acabamos de decir, lo más probable es que sí encuentres a alguien que haya escrito sobre lo que estás buscando. Si esa persona acabó teniendo un positivo, reforzará tu teoría de que estás ante un síntoma de embarazo. Y si por el contrario su tratamiento no fue bien, te verás teniendo el mismo final.

Lo cierto es que no hay forma de predecir el resultado de un tratamiento. Los síntomas de embarazo y del síndrome premenstrual son los mismos sobre el papel. Y tampoco todas los sentimos de la misma forma. A lo largo de mis tratamientos tuve dos negativos y dos positivos, y lo que caracterizó todas mis betaesperas fue la absoluta falta de síntomas. En una ocasión tuve más sueño, en otra más sed… pero no creo que nada de eso fuera relevante de cara al resultado.

Llena tu cabeza de pensamientos positivos.

Muchas chicas con las que hablo me dicen “soy pesimista porque así luego no me llevo un palo”. Yo misma he pensado eso alguna vez. Pero si los malos presagios se cumplen, lo que acabo comprobando es que un negativo no duele menos porque nos hayamos pasado quince días pensando que lo ibamos a tener. Para lo único que el pesimismo nos ha servido es para añadir dos semanas de sufrimiento inútil.

Intenta ser optimista y pensar en que tienes posibilidades reales de lograrlo. Por supuesto, hay que mantener los pies en la tierra y saber que ningún tratamiento tiene el positivo asegurado, pero no te niegues la posibilidad de vivir el proceso con ilusión.

Si estás en betaespera, espero que este post te sirva de ayuda. ¡Y que por fin tengas tu positivo! Si ya habéis pasado por alguna, me encantaría leer vuestra experiencia. ¿Estuvisteis tranquilas? ¿Se os ocurren otros consejos?

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Cómo afrontar la cancelación de un tratamiento

Siempre suelen nombrarse los malos diagnósticos, los negativos, los abortos, los nervios de la betaespera… cuando se habla de los momentos más difíciles en reproducción asistida. Pero la cancelación de un tratamiento es, según mi experiencia, igual de duro que todo lo anterior y siempre tengo la percepción de que no se habla tanto de ello.

Me imagino que los motivos por los que la cancelación de un tratamiento puede afectarnos tanto anímicamente son tan variados como pacientes existen. Pero a partir de mi experiencia y de lo que me han transmitido otras mujeres que han pasado por lo mismo, creo que los más comunes son los siguientes:

  • Pensamos que es una oportunidad perdida. ¿Y si este era el tratamiento definitivo? ¿Y si era mi mes? Éstas son preguntas que nos repetimos una y otra vez. Es algo que carece de toda lógica. Es obvio que un tratamiento que se cancela no va bien, pero cuando estás metido en el ajo no todo se ve tan claro.
  • Un tratamiento cancelado es una fuente de incertidumbre. Significa que ha fallado el plan inicial trazado por un profesional que tiene más que claro lo que debe hacer con cada paciente. Por eso nos inquieta mucho no saber qué ha ocurrido, si volverá a pasar y cómo actuar si la historia se repite.
  • Iniciar un tratamiento implica invertir recursos, tanto económicos como físicos, sea cual sea el final del mismo. Una mujer a la que cancelan un tratamiento de Fecundación in Vitro antes de la punción puede haber gastado ya en torno a 1000€ en medicación. Pensar que esa inversión no ha servido para nada puede acabar menguando la ilusión con la que se enfrente a un próximo tratamiento.
  • Y si todo lo anterior no fueran ya suficiente malo, tras una cancelación hay que afrontar un periodo de inactividad en el que nuestra cabeza no para un segundo.

Mi experiencia

No me libré de la cancelación de un tratamiento durante mi etapa en reproducción asistida. La fase de estimulación en mi primera IAD había durado 13 días y sólo se había conseguido un folículo de tamaño adecuado (según me dijeron, lo ideal para este tipo de tratamiento eran dos). Por ello, se aumentó levemente la dosis de medicación para el segundo intento.

Estaba segurísima de que en esa ocasión conseguiría el positivo. Las posibilidades de embarazo no eran mayores a las de la inseminación que había hecho en el ciclo anterior ni a la que haría posteriormente, pero estaba con la positividad a tope. Quizás por eso me lleve un palo tan grande… Y es que en el segundo control ecográfico se vió que esta vez el cuerpo había trabajado demasiado. Había muchos folículos de tamaño similar y mi médico decidió cancelar por riesgo de embarazo múltiple.

Me pillé un berrinche tremendo y pasé horas encerrada en mi habitación llorando. Aún hoy sigo pensando que, a excepción del aborto, este fue el momento más duro que viví en reproducción asisitda. Mucho más que las betas negativas. El siguiente tratamiento lo empecé ya bastante apática, imagino que por miedo a que ocurriera lo mismo. No lo disfruté en ningún momento y, cuando supe que era otro negativo, decidí que las inseminaciones habían acabado para mí.

¿Que aprendí de aquello?

Antes de iniciar los tratamientos reconozco que siempre pensaba que los pacientes dramatizaban demasiado, que esos contratiempos no eran para tanto y que yo no lo pasaría tan mal. Pero bien pronto descubrí que no era distinta a los demás. También sentía la terrible necesidad de buscar culpables, de encontrar respuestas que no existían… En aquellos momentos la irracionalidad me nubló el juicio.

Ahora, desde la distancia, tengo claro que ningún médico quiere cancelar un tratamiento. Lo primero para ellos es el bienestar del paciente y, si toman la decisión de cancelar, es porque es lo mejor para nosotros. Recordad que la confianza con nuestro médico es un pilar fundamental en reproducción asistida, así que es importantísimo que sigamos sus indicaciones. Por ejemplo, si os dicen que no mantengáis relaciones sexuales sin protección, es porque existen riesgos para un embarazo en ese ciclo. No tentéis a la suerte.

También me he dado cuenta de que un tratamiento cancelado no es tiempo perdido. De todo se aprende y ese tratamiento habrá aportado una información muy valiosa para vuestro médico. Seguramente en un próximo intento pueda ajustar todo lo necesario para buscar un resultado distinto. Esto es mucho mejor que ir a ciegas.

Y, por último, lo más difícil. Hay que tener paciencia. Estar distraídos hasta comenzar un nuevo ciclo será probablemente lo que más os ayude. Cargaos de pensamientos positivos y mantenedlos en cada tratamiento. En caso contrario, cuando llegue el definitivo, podréis sentir cierta pena por no haberlo vivido con más ilusión.

Si estás leyéndome después de haber pasado por alguna situación parecida, probablemente pienses que es muy fácil decirlo cuando ya has conseguido el objetivo. Y probablemente llevéis razón. Pero eso no lo convierte en menos cierto.

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¿Y si se enamora de su hermano?

La revelación de los orígenes es un tema controvertido en reproducción asistida. Muchos pacientes que tienen que recurrir a la donación de gametos o embriones para ser padres deciden ocultar ese hecho a sus hijos. Incluso en el caso de que los padres decidan compartir la información, no contarán más que con algunos datos genéricos del donante que hizo posible su nacimiento. Es habitual que esto genere preocupaciones como, por ejemplo, la de que nuestro hijo padezca una enfermedad y no podamos responder las preguntas de los médicos respecto a antecedentes familiares.

Pero hay una pregunta que me sorprendió muchísimo la primera vez que la escuché: ¿Y si se enamora de un hermano? No es que nunca se me hubiese ocurrido, pero tampoco me pareció algo a lo que darle importancia. Sin embargo, seguí escuchando y leyendo esa frase muchas veces más. Por eso decidí escribir sobre ello, y no se me ocurre mejor momento para publicar el post que la semana en la que el amor es el gran protagonista.

Lo primero que quiero aclarar es que, siguiendo el razonamiento que he expuesto en otras ocasiones, no considero que mi hija tenga hermanos. Eso implicaría que tiene el mismo padre o madre que otra persona, y no asocio a los donantes con ninguna de esas dos figuras. Por lo tanto, Daniela sólo tendrá hermanos el día que yo tenga otro hijo. Pero hay personas que no comparten este punto de vista y sienten que sólo por compartir genética se establece una relación de parentesco. Es por eso por lo que aquí estoy empleando ese término.

¿Cuál es la probabilidad de que personas que comparten donante se conozcan?

No lo sé, y dudo que alguien pueda calcularlo. La Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida establece en su artículo 5.7 que “el número máximo autorizado de hijos nacidos en España que hubieran sido generados con gametos de un mismo donante no deberá ser superior a seis“. La responsabilidad del cumplimiento de este límite se reparte entre dos figuras:

  •  Los donantes deberán declarar en cada donación si han realizado otras previas, así como las condiciones de éstas, e indicar el momento y el centro en el que se hubieran realizado dichas donaciones.
  • Cada centro o servicio que utilice gametos de donantes será el responsable de comprobar de manera fehaciente la identidad de los mismos, así como, en su caso, las consecuencias de las donaciones anteriores realizadas en cuanto a la generación de hijos nacidos previamente.

¿Pero cómo pueden cumplir los centros con esa exigencia? La Ley prevé la existencia del Registro nacional de donantes. En él se inscribirían los donantes de gametos y preembriones, los hijos nacidos de cada uno de los donantes, la identidad de las parejas o mujeres receptoras y la localización original de unos y otros en el momento de la donación y de su utilización. El problema es que, a pesar de los años transcurridos, no se ha sabido nada de este Registro hasta hace bien poco. Y a las clínicas no le queda otra alternativa que la de confiar en la palabra de los donantes. En consecuencia, no pueden asegurar que el límite de seis niños nacidos gracias a un mismo donante se haya respetado.

¿Me preocupa esa posibilidad?

La verdad es que ni lo más mínimo. De hecho, como he dicho antes, me sorprende que para algunas personas sea una preocupación real. En lo que respecta a las relaciones humanas, suelo defender que todo lo que elijan personas adultas y libres para si mismas me parece bien. No tengo la mente tan libre de prejuicios como para que el incesto me parezca normal, aunque tampoco me atrevería a condenarlo. Pero es que el caso que estamos imaginando no llega ni por asomo a esa categoría.

Aunque lo considero improbable, voy a imaginar que dos desconocidos se enamoran y posteriormente descubren que hay una relación de consanguinidad entre ellos. Por mucha carga genética que puedan compartir no son hermanos. No se han criado como tal ni han comenzado una relación estando condicionados por esa circunstancia. ¿Qué es lo que tendría que preocuparme?

Además, tampoco es que las personas ajenas a la reproducción asistida estén exentas de riesgo. ¿Todos podéis poner la mano en el fuego por vuestras parejas? ¿Y por vuestros padres? ¿Quien os asegura que no tenéis vosotros mismos hermanos de los que desconoceis su existencia? La posibilidad existe, y no creo que nadie vaya pidiéndole a su pareja una prueba de consanguinidad para descartarla.

Las personas debemos centrarnos en vivir, sin preocuparnos por supuestos algo disparatados e improbables. Si algún día mi hija se enamorara de un “hermano” genético y nunca lo descubriera, su vida seguiría exactamente el mismo curso que si no lo fuera. Y si llegara a enterarse, espero que le diera a esa coincidencia tan poca importancia que no condicionara su relación. Porque por encima de todo, lo que deseo es que mi hija sea feliz. Creedme, me preocupa mucho más que algún día se vea inmersa en una relación tóxica. Eso es más grave y, por desgracia, mucho más frecuente.

¿Vosotros os habéis planteado en alguna ocasión este tema? ¿Os preocupa? Estaré encantada de leer vuestras opiniones.

Reproducción asistida

El anonimato del donante

Hace dos semanas me tocó leer otro de esos artículos periodísticos de tufillo conservador y rigor inexistente que sólo buscan perpetuar la imagen distorsionada que la gente ajena a la reproducción asistida tiene de ella. Mi primer pensamiento fue el de escribir un post de respuesta como he hecho en otras ocasiones, quizás lo hubiera hecho si hubiera estado en condiciones de sentarme frente a un ordenador. Pero una vez superado el enfado inicial pensé que, teniendo en cuenta que el texto había sido escrito por un “profesional” que probablemente buscaba su minuto de gloria o un nuevo contrato en alguno de los medios más rancios de nuestro país, decidí que no voy a contribuir en nada a su difusión. Me parece más constructivo seguir hablando de la reproducción asistida de verdad, con sus luces y sus sombras, y no de la que algunos personajes retrógrados quieren dibujar.

La donación de gametos o preembriones es un tema que da para varios post. Por algún lado hay que empezar y yo voy a hacerlo hablando del anonimato de los donantes. Este es un tema recurrente en cualquiera de las conversaciones sobre reproducción asistida que mantengo, tanto con personas ajenas a estos tratamientos como con receptoras de alguna donación. En el primer caso, lo que hay es curiosidad acerca de un tema que se desconoce y del que hay mucho mito y desinformación circulando.

¿Cuál es la regulación?

La Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida es muy clara en este tema al establecer en su artículo 5.5 que “la donación será anónima y deberá garantizarse la confidencialidad de los datos de identidad de los donantes por los bancos de gametos, así como, en su caso, por los registros de donantes y de actividad de los centros que se constituyan”.

Seguidamente reconoce el derecho de los hijos nacidos gracias a donación y de las receptoras de gametos y preembriones “ a obtener información general de los donantes que no incluya su identidad”. En algunas clínicas, esta información general incluye el peso, la altura, color de ojos, número de hijos nacidos a otras donaciones, etc. En mi clínica eran más restrictivos y la única información de los donantes que comparten es la edad y el grupo sanguíneo.

De manera excepcional “en circunstancias extraordinarias que comporten un peligro cierto para la vida o la salud del hijo o cuando proceda con arreglo a las Leyes procesales penales, podrá revelarse la identidad de los donantes, siempre que dicha revelación sea indispensable para evitar el peligro o para conseguir el fin legal propuesto”. La revelación de la identidad en estos supuestos tendrá además “carácter restringido y no implicará en ningún caso publicidad de la identidad de los donantes”.

¿El donante anónimo es entonces la única opción? Sí, al menos en las clínicas en territorio español. Si se quiere conocer la identidad del donante, habrá que trasladarse a alguno de los países que contemple esa modalidad en su regulación. También existe la posibilidad, algo disparatada en mi opinión, de adquirir una muestra de semen a través de un banco internacional. Esta puede ser una opción para mujeres que opten por no realizar sus tratamientos en un centro de reproducción asistida.

¿Qué opino yo sobre el tema?

Me gusta el sistema que rige en España y, si hubiera existido la posibilidad de elegir, hubiera optado igualmente por un donante anónimo. No creo que con ello pretenda restar visibilidad o infravalorar la figura del donante. ¿Cómo podría hacerlo cuando gracias a su existencia he sido madre? Pero tampoco estoy dispuesta a darle más importancia de la que para mí tiene.

Sin menospreciar la importancia de la genética, no creo que este tipo de donación tenga un significado muy distinto a la de sangre, médula u órganos. Para mí todas estas donaciones le aportan al receptor algo que necesita para llevar adelante un tratamiento. Pero una vez conseguido el fin, el donante no es más que una figura digna de reconocimiento y agradecimiento. Si pensara de otro modo, es muy probable que no hubiera dado el paso de convertirme en madre soltera por elección. Nunca podría privar conscientemente a un hijo de una figura que considerara irremplazable y necesaria para su desarrollo personal.

Entiendo que haya gente que no comparta mi opinión. Algunas personas han llegado a discutirme incluso que mi hija sí tiene padre. Para mí la paternidad y la maternidad no tiene nada que ver con espermatozoides, óvulos o gestaciones. Tampoco creo que la genética condicione irremediablemente nuestra forma de ser o actuar. Y estas ideas son las que intentaré transmitir a mi hija. Confío en que ella comparta mi razonamiento porque, en caso contrario, podría frustrarse ante la falta de información que nunca podrá obtener.

Ésta es una cuestión muy personal. Hace unas semanas otra madre soltera por elección me comentó a través de Instagram que para ella era muy importante que el donante no fuera anónimo, y conocer su punto de vista resultó muy enriquecedor. Por eso estaré encantada de leer cualquier experiencia u opinión que me hagáis llegar.

 

Reproducción asistida

¿Merece la pena?

Esta semana, aunque el post trata de reproducción asistida, voy a hablar de una cuestión mucho más personal.

Habitualmente me levanto a las 6:45 desde que empecé a trabajar. Antes de salir de casa, entro en la habitación para “despedirme” de mi hija. Ella duerme más de 11 horas seguidas y no se inmuta por mucho ruido que haga, así que me limito a observarla unos segundos, comprobar que está bien (sí, después de un año sigue asustándome que no respire bien) y marcharme con una sonrisa. Sin embargo, ayer se despertó nada más salir yo de la cama. Quizás intuía que era un día especial y quería darme la oportunidad de verla despierta.

El 16 de enero de 2017 a las 11:25 de la mañana nacía Daniela en un quirófano del Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla. Ayer se cumplió un año de aquel momento y no dejé de revivir ese día. El camino hasta el hospital, los últimos monitores, el ingreso en preparto… Y me parece irreal que hayan pasado doce meses.

Pero no sólo recordé esos momentos, sino todos los que me llevaron hasta ellos. Una buena amiga me felicitó y también recordé su camino. Mientras Daniela llegaba al mundo, ella se recuperaba de otro aborto. Pero ayer, además de intercambiar los comentarios típicos de lo rápido que pasa el tiempo, también hablamos de sus preciosos mellizos recién nacidos.

La reproducción asistida es muy dura. Sólo los que hemos pasado por ahí somos plenamente conscientes del desgaste que implica. Cada mala noticia es un mazazo, algunas situaciones dejan cicatrices emocionales muy difíciles de curar y los fracasos van haciendo mella en la confianza que tenemos en nuestro propio cuerpo. Además, si los tratamientos se están desarrollando en el ámbito de la medicina privada, se suma la preocupación por el tema económico. A veces resulta imposible no preguntarse si realmente merece la pena pasar por todo esto.

En mi caso, durante un año me despertaba pensando en reproducción asistida y también a ella le dedicaba los últimos pensamientos del día. Mi vida no giraba en torno a nada más. No me permitía un sólo gasto extraordinario porque mis ahorros eran limitados y estaban reservados para hacer tratamientos y pruebas. Y cuando por fin conseguí el embarazo, no lo disfruté en absoluto porque el miedo era tan grande que ensombrecía todo lo demás. ¿Pero sabéis qué? Volvería a pasar por todo aquello mil veces con tal de tener a mi hija. Cada consulta, los negativos, mi preocupación y todas las lágrimas derramadas han merecido la pena.

No diré que desde que mi pequeña está aquí todo ha sido felicidad. Cada día toca lidiar con situaciones y personas que ponen a prueba mi capacidad de confiar en la bondad humana. Por ello, aunque mi hija es un enorme faro que ilumina cada rincón, durante este año ha habido días malos en los que la tristeza o el desasosiego han sido más grandes que la alegría. Es natural, en incluso sano. Pensar que nuestros hijos pueden en cualquier caso llenarnos de dicha implica descargar en ellos una responsabilidad demasiado grande.

Pero es cierto que su presencia ha mitigado el pesar que algunas decepciones hubieran podido producirme. Cuando la miro, pienso en lo afortunada que he sido al tenerla y en lo absurdo que resultaría no disfrutar de ello. No sería justo para ella ni para mí que otros enturbiaran lo que la vida nos ha dado.

Lo que sí puedo deciros es que aún no ha habido un día en el que no me haya alegrado de tomar la decisión de ser madre soltera justo en el momento en que lo hice. A día de hoy puedo asegurar que fue la mejor elección que he hecho nunca, y la que más satisfacciones me ha dado.

Además, la reproducción asistida también tiene muchas cosas positivas. Dentro de unos años le contaré a Daniela que, mientras esperaba a que ella llegara, me encontré con personas maravillosas con las que comparto un vínculo muy especial. Ese periodo también sirvió para que me conociera mejor. Y aproveché para aprender todo lo que pude acerca de un tema apasionante.

Por lo tanto, basándome en mi experiencia personal, os digo que sí merece la pena. Por ello os animo a todos los que estéis en este tipo de procesos a seguir adelante mientras el cuerpo, la mente y el bolsillo aguante. ¡No os rindáis!

Reproducción asistida

Consejos para elegir clínica de fertilidad

Siguiendo con la agenda marcada, hoy traigo un post relacionado con la reproducción asistida. La semana pasada iniciaba esta sección hablando de los distintos aspectos que han de tenerse en cuenta a la hora de optar por la sanidad pública o privada para realizar estos tratamientos. Ya dijimos que en la Seguridad Social todo está muy protocolizado y el paciente tiene poca capacidad de elección. Pero si optamos por la vía de la medicina privada, la situación cambia radicalmente.

Habrá muchas decisiones que tomar y la primera, y casi más importante, es que clínica de fertilidad elegir. Puede que conozcáis alguna porque un conocido os haya hablado de su experiencia, o que tengáis la suerte de encontrar a un profesional que os asesore. Pero si sois tan ajenos a este mundo como lo era yo hace tres años, puede que estos consejos os sean de ayuda.

Internet es un buen aliado

Una sencilla búsqueda en San Google me dio toda la información que necesitaba cuando decidí iniciar mi proceso de reproducción asistida. Con la fórmula “clínica de fertilidad + ciudad”, obtendréis en escasos segundos un listado de todos los centros de vuestro entorno.

A partir de ahí podéis consultar la página web de cada clínica. En la mayoría de ellas podréis encontrar los servicios que ofrece el centro, el cuadro médico del mismo, una pequeña descripción de los principales tratamientos, la información relativa a la ubicación y los datos de contacto, etc. Algunas van más allá y publican sus resultados clínicos, información sobre los precios o medios de financiación… Y en todas ellas encontraréis un formulario de contacto a través del cual podréis solicitar más información. En este punto hay que tener en cuenta que, aunque solicitéis que la información os la den por teléfono o por correo electrónico, lo más probable es que el personal de la clínica os llame para concertar una cita y sólo acudiendo a ella obtengais lo que buscabais.

El formulario de contacto de la clínica en la que realicé mis tratamientos distingue entre “Quiero recibir más información” o “Quiero solicitar una cita”. A pesar de marcar la primera opción, me llamaron diciendo que sin cita no había información adicional. Lo mismo me ocurrió con otras dos clínicas. Y digo yo, ¿por qué no evitarnos la tonteria?

Es posible que con la información que hayais encontrado esteis en disposición de descartar alguna clínica. Esto no suele responder a ninguna causa racional, pero a veces el instinto nos dice que nuestro sitio no es ese. Lo que no recomiendo en ningún caso es tachar una clínica de fertilidad por las valoraciones de otros usuarios en foros de opinión.  En cuestiones de clínicas y médicos cada persona cuenta la historia que le ha tocado vivir. Que un paciente haya tenido una mala experiencia no significa que esa clínica sea menos válida. Incluso es posible que para lo que una persona es un aspecto negativo para otra sea un punto a favor. Recordad que no todos buscamos lo mismo ni tenemos las mismas necesidades.

La primera impresión in situ

Si ya tenéis una idea de que clínicas pueden interesaros, lo mejor es ir a conocerlas directamente. La mayoría de las clínicas ofertan la primera visita gratuita, y las que no lo hacen suelen lanzar promociones cada pocos meses. En estas visitas veréis las instalaciones de cada centro, tendréis el primer contacto con el personal médico que llevaría vuestro caso y os darán información detallada del coste económico de cada tratamiento.

Estas citas son sobre todo importantes para conocer la dinámica de la clínica, ya que el valor médico de las mismas dependerá de cual haya sido vuestro recorrido en reproducción asistida. La primera vez que yo fui a una clinica de fertilidad no tenía ni idea de que iban a pedirme. Salí de allí con un listado de pruebas y la orden de volver con los resultados. Pero es habitual que las parejas que acuden a este tipo de centros vayan con su carpeta bien cargada de papeles, ya sea porque vienen de otra clínica o porque han comenzado el estudio de fertilidad en la Seguridad Social. En este caso, ya podrán obtener una valoración médica e indicación de tratamiento en la primera visita.

Mi consejo es que visitéis tantas clínicas como queráis. Aunque la primera a la que acudís os convenza, no dejéis de visitar otras. Es importante sentir que estás tomando la decisión adecuada y, ponderando varias opciones, es más probable que tengamos esa percepción. Yo misma estaba convencida de que la primera clínica que había visitado era perfecta para mí, pero me obligué a ver otra más. Sólo así pude comprobar que las sensaciones que había tenido se debían a la clínica y no a las ganas de empezar los tratamientos cuanto antes.

Tomar una decisión con calma

Tras varias visitas, con toda la información sobre la mesa, llega el momento de decidir en que clinica confiaréis finalmente. No es una elección fácil. Habrá que ponderar todos los pros y contras de cada centro hasta encontrar aquel que mejor se adapta a vosotros.

Mi único consejo en este punto es que el peso de la decisión no recaiga únicamente en el aspecto económico. No pretendo restarle importancia a esa cuestión. Sé que para muchas mujeres y parejas el precio de los tratamientos es inasumible. Para mí, el dinero también era la mayor fuente de preocupación porque mis recursos eran limitados. Lo que intento transmitir es que si una clínica no ha cubierto vuestras expectativas, no deberíais decantaros por ella sólo porque el total del presupuesto sea menor.

La reproducción asistida no es un camino de rosas. Salvo que seáis de los afortunados que consiguen el embarazo tras su primer tratamiento, os tocará enfrentaros a situaciones que ponen a prueba la templanza de cualquiera. Si las cosas no son fáciles, es crucial que estéis satisfechos con vuestra clínica y confiéis en el equipo médico que os está tratando.

Espero que estos breves consejos os sirvan de ayuda si estáis pensando en acudir a un centro privado. Y si ya habéis pasado por este proceso y queréis añadir algo más, estaré encantada de leer vuestros comentarios. Lo que me comentasteis por Instagram relacionado con el anterior post me pareció muy interesante.