Los 5 post más leídos de 2018
Personal

Los cinco post más leídos en 2018

Las fiestas navideñas han acabado y es hora de volver a la rutina. Pero antes de olvidarnos de las reuniones familiares y los dulces engullidos, hay que atar todos los flecos y despedir el año como se merece. Por eso vamos a repasar los cinco post más leídos de Una madre legal durante el 2018. ¿Es extraño ver a Verdeliss en GH VIP?

1. ¿Es extraño ver a Verdeliss en GH VIP?

Mi blog marcó su récord de visitas en un solo día a raíz de la publicación de este post. ¡Verdeliss mueve masas! Algunos me acusarán de querer ganar un puñado de clicks a costa de la youtuber… Mi opinión es que la posición de este post en el listado es precisamente la prueba indiscutible de que las estadísticas no marcan mi calendario de publicación. Verdeliss ha participado durante tres meses en un concurso de televisión. Podría haber escrito una docena de artículos aprovechando su paso por la casa de Guadalix.

En aquel post predije que Verdeliss saldría reforzada de GH VIP. Tuvo la templanza necesaria para no perder los nervios y la inteligencia suficiente para leer el concurso correctamente. Esas dos virtudes bastaron para tapar algún que otro desliz que podía haberse interpretado como un comportamiento cuestionable y poco acorde a su imagen. Sin embargo, sigo pensando lo mismo que expuse en el post. Verdeliss ha perdido algo que ya no podrá recuperar. Su propia biografía de Instagram lo evidencia. Las palabras ‘Participante en GH VIP 6’ ya aparecen antes que vlogger, mujer o madre.

2. Mi aborto bioquímico (Primera parte)

Tengo sentimientos encontrados respecto a la posición de este post en el ranking. Por una parte, me alegra que sea uno de mis post más leídos. Me costó muchísimo escribirlo, pero lo hice porque sentía que el aborto es un tema que necesita aún mucha visibilidad. Que tanta gente lo haya leído, me hace pensar que el esfuerzo valió la pena. Sin embargo, también me entristece que el número de visitas haya sido alto porque imagino que muchos lectores habrán llegado aquí tras vivir una experiencia similar.

El título del post indicaba que esta era una primera parte. Pensaba publicar otra en la que narraría todo lo que ocurrió después de esa última llamada, pero nunca he llegado a hacerlo. No conseguí reunir las fuerzas para sentarme frente al ordenador y escribir nuevamente del tema. Y a día de hoy, no sé si me apetece hacerlo. Muchas veces me he planteado modificar el título del post, sobre todo para evitar que el lector se vuelva loco buscando algo que no existe. Pero siempre decido dejarlo tal y como está. Así lo escribí hace más de un año y así quiero que permanezca. Y quien sabe si algún día me animo a continuar con lo que falta…

3. ¿Por qué exponen los influencers a sus hijos?

La exposición de los hijos es un tema muy controvertido, sobre todo cuando genera un beneficio económico para los padres. Hace pocos meses el debate volvió a inundar la red cuando la youtuber Laura Ortega fue obligada por los tribunales (no españoles) a eliminar de sus redes sociales públicas las fotografías o vídeos en los que aparecieran sus hijos. Como he dicho en otras ocasiones, nunca me atrevería a juzgar a los padres que exponen a sus hijos, pero sí defiendo que necesitamos una mejor regulación sobre este tema.

La ley siempre va un paso por detrás de los cambios sociales, y el boom digital ha pillado al legislador con el pie cambiado. Pero ha llegado el momento de trabajar seriamente en una norma que de respuesta a los problemas del mundo 2.0. Que unos niños tengan a diario una cámara persiguiéndoles durante bastantes horas no parece normal ni compatible con el derecho a la intimidad. Además, si eso se ha convertido en la principal fuente de ingresos de la familia (hasta el punto de que los padres pueden permitirse abandonar sus trabajos), debería garantizarse que los menores reciban el beneficio económico que han generado con su trabajo.

4. ¿Test de embarazo antes de la beta? Cosas a tener en cuenta

Muchas personas llegan al blog buscando información sobre reproducción asisitida y para mí es importante que se sientan menos solos. Cualquiera que haya pasado por esta experiencia puede comprender la intensidad con la que se viven los días previos al resultado del tratamiento. A veces los nervios nos superan y entremos en un bucle de tests de embarazo. ¿Sabemos que no es lo más sano mentalmente? Lo sabemos, pero no podemos evitarlo. Con este post pretendía evitar al menos que quien opta por un test antes de la fecha prevista para la beta tenga más dudas que antes de realizarlo. ¡Espero haberlo conseguido en algún caso!

5. Consejos para afrontar la betaespera

Son muchos los días que me encuentro en redes sociales con chicas que piden consejo para llevar de la mejor manera posible la betaespera. No les paso el enlace de este post para no hacer SPAM, pero ganas no me faltan… Por suerte, muchas llegan a él gracias a los buscadores. No es que crea que mi post contiene la formula perfecta para  vivir una betaespera tranquila (si es que eso existe…), pero lo escribí esperando ayudar a alguien y me alegra que sea leído.

Antes de acabar, para ser del todo sincera, confieso que he hecho una exclusión de la lista. El post Así juega Madresfera estaba entre estas posiciones. Acumuló muchas visitas en esas semanas, pero no es algo representativo de mi blog ni a lo que me apetezca seguir prestándo atención. Así que ha sido obviado en beneficio de la entrada que ocupaba la sexta posición.

Ahora sí, me despido deseando que 2019 venga cargado de nuevos post que podáis disfrutar.

Mi carta de despedida para el 2018
Personal

Mi carta de despedida para el 2018

Querido 2018:

Tengo tanto que agradecerte… Tu predecesor me había tratado bien y había dejado el listón muy alto al traerme lo más importante de mi vida. Aunque haya sido imposible para ti igualar eso, debo reconocer que en líneas generales has sido un mejor año. ¡Que suerte poder decir esto!

Un año que celebrar

Comenzamos enero con buen pie celebrando el primer cumpleaños de Daniela. Fue reconfortante poder hacerlo tal y como quería, sin que el comportamiento de terceros empañara la fiesta como había ocurrido en otras ocasiones. Espero que 2019 me regale en un par de semanas una experiencia parecida.

En buena parte dependerá de mi. Si has sido un buen año, es porque han sido pocas las ocasiones en las que he permitido a alguien robarme la alegría. El 2017 lo tuvo todo para ser un año redondo, pero yo misma lo deslucí al permitir que me hicieran daño. No estaba dispuesta a que me pasara lo mismo contigo… No puedo cambiar a las personas, pero sí ser más fuerte frente a ellas.

Un año de viajes

Recuerdo con un cariño especial todas las ocasiones en las que hemos cogido las maletas para disfrutar de unos días lejos de la rutina. Nuestras vacaciones oficiales han sido en un entorno muy veraniego. En mayo nos fuimos hasta Benalmádena para disfrutar del relax de la playa. Pero la mayoría de escapadas han sido nuevamente a Madrid. Recién estrenado el año, fuimos hasta allí para conocer a la pequeña Eva.

En marzo volvimos en un viaje que había sido planeado para asistir a un evento bloguero, y que acabó convirtiéndose en un fin de semana lleno de incursiones al Primark de Gran Vía. Es importante encontrar una ventana de oportunidad en los malos momentos, y vaya si lo hicimos… ¡Lo pasamos genial durante aquellos días!

En septiembre disfrutamos de la ciudad durante cinco días. Casi he perdido la cuenta de las veces que he ido a Madrid, pero no ha sido hasta esta última en la que he aprovechado para hacer turismo como es debido. Visitamos el Palacio Real, el Congreso de los Diputados, la antigua estación de Chamberí… Daniela no recordará estas cosas, pero pronto le contaremos como corrió por todo El Retiro llamando a los patos que tanto le gustan.

Un año con nuevos retos

Has sido también el año en el que he vuelto a ser universitaria. En junio decidí realizar un máster a través de la UNED. La entrega de los primeros trabajos ya está a la vuelta de la esquina y siento algo de vértigo. Me noto desentranada… y estoy dedicando más tiempo a otras tareas que no había previsto al matricularme. Pero confío en que 2019 me de fuerzas para llevarlo todo adelante.

Pero si por algo voy a recordarte, es por ser el año en que comencé a tocar el piano. Casi toda la vida queriendo aprender y no fue hasta agosto cuando me animé a comprar un teclado. Siempre me había frenado pensando que ya era tarde para empezar con algo que requería tanta dedicación, que me faltaría constancia… Ahora puedo decir que más vale tarde que nunca. Apenas soy capaz de tocar unas pocas (y fáciles) canciones populares, y no sé si tengo las habilidades suficientes para algún día tocar algo decente. Pero el aprendizaje me hace feliz. ¿Qué más se puede pedir?

Precisamente esta nueva afición le ha robado algo de tiempo a Una madre legal. Pero el blog sigue siendo algo muy especial para mí. En octubre celebramos el que espero sea el primer aniversario de muchos. Este sitio me ha permitido conectar con gente magnífica, aprender sobre temas muy diversos, divertirme una barbaridad… Por eso seguiré aquí.

Me extiendo más de lo que esperaba y se nos hace tarde… Quiero acabar agradeciendo una vez más todo lo que más has dado. Algunas cosas están aquí y otras no, pero las hemos vivido juntos así que no hace falta enumerarlas. Ojalá 2019 nos permita a mí y a los míos seguir creciendo con salud e ilusión.

Hasta siempre.

Imagen destacada de la entrada Caso Funko Pop: mentir sin ruborizarse
Personal

Caso Funko Pop: mentir sin ruborizarse

En los últimos tiempos, han sido varias las personas que han insinuado (o dicho directamente) que soy polémica en redes sociales. Yo no me identifico con ese perfil, pero entiendo perfectamente que me lo atribuyan. Me cuesta horrores ver algo que no me cuadra y pasar de largo. Por eso entro en disputas twitteras que podría evitarme, pero lo hago con gusto. Siempre me han inculcado que defender desde el respeto aquello en lo que crees no tiene nada de reprochable. Así que si esa actitud me acarrea el adjetivo de polémica, no me queda otra que aceptarlo de buen grado.

Sin embargo, me niego a admitir sin más que se me atribuyan comportamientos o palabras que no he tenido. Eso fue precisamente lo que ocurrió anoche, y por ello estoy escribiendo este post. Me desagrada que mi blog se aleje de lo que suelo publicar para tratar estos temas. Pero creo que, cuando algo así ocurre, es mejor explayarse en casa que en Twitter. Aquí no hay limitación de caracteres, ni posibilidad de borrar partes de la conversación para desvirtuarla.

Os pongo en situación…

Hace unos días, participé en un sorteo que organizaba @GadesconG en Twitter. Al día me llegan muchísimas notificaciones de sorteos, pero participo en pocos (normalmente el premio no me atrae, los pasos son muy complicados o hay cientos de participantes). La mecánica era sencilla en esta ocasión, el premio (un funko de Peter Pettigrew) me hacía gracia y, sobre todo, había muy pocos participantes por lo que la posibilidad de resultar ganadora era alta. Días después de apuntarme, revisé el número de participantes y seguía siendo bajo. Si mi memoria no me falla, el sorteo debía celebrarse el pasado 2 de diciembre.

Ayer, 5 de diciembre, me acordé de él y fui a comprobar quién había sido el agraciado. No vi ni rastro del sorteo: ninguna señal de que hubiera existido, nada del resultado y tampoco una explicación de que se hubiera cancelado. Aprovechando que tengo una relación de amistad con la mujer del organizador, le pregunté si se había producido el sorteo. A partir de aquí, es donde me cuesta encontrar explicación a algo.

Lo que dije y lo que se dice que dije

No puedo reproducir las palabras de nadie en una conversación privada. Pero si puedo mostrar las mías y lo que posteriormente se publicó en abierto.

Y eso hice. Acosté a Daniela y me puse a ver la visita de Alfred a la academia de OT. Solo vi 5 minutos y 39 segundos antes de que llegara un mensaje avisándome de que @GadesconG había publicado lo siguiente:

Voy a explicar algunos puntos

El sorteo se pospone al participar solo tres personas, sin ser ninguna de ellas yo, tras cuatro días.

El sorteo estuvo más de cuatro días activo, y desde luego que participé. No puedo demostrarlo, así que es su palabra contra la mía. ¿Pero alguien cree que conozco la mecánica, el premio, la fecha de realización y el número de participantes de un sorteo en el que no me he apuntado? ¿Y para qué? ¿Para tres días después ir a comprobar si por casualidad el sorteo no se ha llevado a cabo y puedo quejarme? De verdad, no tengo tanto tiempo libre ni una mente tan retorcida.

Estoy indignada porque se cancele el sorteo y digo que lo ocurrido es incluso denunciable.

Contestar a esto me parece absurdo después de poner las capturas de pantalla. Si creéis que ese es mi tono cuando estoy indignada por algo, es que no me habéis visto indignada nunca. Mi opinión es que los primeros mensajes no son para nada de indignación, y los últimos son más bien de alguien que se está viendo venir el percal. Pero bueno, admito que es difícil medir la indignación y por ello dejo este punto a la valoración subjetiva de cada persona.

Lo que nadie me puede discutir es que en ningún momento digo que lo ocurrido es incluso denunciable. ¡Ni siquiera lo insinúo! Y esto sí que me molesta especialmente. Soy abogada. Me he pasado 7 años (y los que me quedan) aprendiendo lo importante que es el respeto a la justicia y a los tribunales. Jamás enarbolaría nuestras leyes en una chorrada como esta. Si lo hiciera, solo estaría demostrando una tremenda ineptitud al creer que estos hechos son constitutivos de delito (el Caso Funko Pop, me parto solo de pensarlo).

No sé que se pretende al atribuirme públicamente esa frase. ¿Transmitir la idea de que voy amedrentando a la gente escudándome en mi profesión? ¿O él mismo se ha dado cuenta de lo ridículo que sería decir algo semejante y ha querido dejarme por tonta? Sea cual sea la causa, lo que está claro es que se lo ha inventado.

Lo dejo de seguir por un Funko Pop

Si alguien quiere creer que he dejado de seguir a este usuario por razones materiales, o está predispuesto a no entender mis motivos o es muy corto de miras. Gades me recrimina en otros tweets no haber hablado con él directamente y sí tratar el tema con terceros. Para mí esa es una prueba más de que el muñeco me es indiferente.

Habitualmente, cuando creo que se ha actuado de una manera que considero inadecuada, le pido públicamente a la persona afectada que me aclare la cuestión. Una vez recibidas o no dichas explicaciones, actuó de la forma que considero oportuna. En este caso, sospechando que el sorteo se había cancelado sin previo aviso, no me pareció oportuno tratar la cuestión en público por deferencia a su mujer.

Al obtener la confirmación de lo ocurrido, consideré que dejar de seguir al organizador del sorteo era suficiente. Yo me quedaba satisfecha al sentir que no me había traicionado mirando hacia otro lado y le evitaba un mal rato a una compañera. ¿Que pregunté en un grupo donde somos varias amigas? Sí. No me pareció inadecuado teniendo en cuenta que en ese grupo se han tratado otros temas semejantes.

Y hasta aquí las explicaciones

Creo que he respondido a todo lo que quería. Me decía ayer Gades que esperaba mis excusas con ansias. Me temo que se quedara con las ganas. No tengo absolutamente nada de lo que excusarme. No soy yo quien ha eliminado un sorteo con participantes sin ninguna explicación para evitar tener que entregar el premio. Tampoco he llevado este tema a las redes sociales para intentar desprestigiar a nadie. Y no he publicado tweets atribuyéndole frases que no ha dicho. En definitiva, no he hecho lo que él.

Poco más tengo que decir. A partir de aquí, quien quiera seguir hablando que lo haga. No voy a entrar en ningún tipo de confrontación. Gracias a Dios, tengo muchísimas cosas interesantes en las que invertir mi tiempo.

Imagen destacada de la entrada Primer aniversario de Una madre legal
Personal

Primer aniversario de Una madre legal

Hoy celebro el primer aniversario de Una madre legal. Hace justo un año veía la luz la primera entrada del blog. ¡Cuánto ha llovido desde entonces! Confieso que llegar hasta aquí es en parte una sorpresa para mí. La mayoría de blog no llegan activos a su primer cumpleaños, y yo temía cansarme de escribir. Ahora puedo decir que no solo no me he cansado, sino que tengo más ganas que nunca de seguir compartiendo mis pensamientos por aquí.

Cómo celebramos nuestro primer aniversario

Durante el primer año en activo de Una madre legal, he publicado un total de 61 entradas en el blog y seis vídeos en YouTube. Este blog acumuló un total de 13599 visitas. Nuestros vídeos sumaron 6729 visualizaciones. Y contamos con más de 1700 seguidores entre las distintas redes sociales en las que tenemos presencia. Quizás no sean grandes cifras, pero son las mías. Me siento muy orgullosa de ellas porque las he conseguido con esfuerzo.

Alcanzar las cinco visitas en un día sin publicación era un buen resultado durante las primeras semanas. Pero los lectores fueron creciendo progresivamente y, a día de hoy, alcanza un número que me anima a seguir trabajando en este proyecto. No he contado con el apoyo de grandes plataformas, pero tampoco lo he necesitado para cumplir con los objetivos que tenía cuando abrí el blog.

Pero sería muy injusto decir que esto lo he logrado sola. Si no hubiese visto esto crecer poco a poco, es probable que al tercer mes hubiera decidido escribir solo en un diario (opción es mucho menos trabajosa y más económica). La principal razón de que Una madre legal haya cumplido un año sois vosotros. Los que dedicáis un minuto a leer o comentar sois quienes dais sentido a este espacio.

Gracias por acompañarme en este camino

No puedo olvidarme en este post de la piña formada por unas blogueras que hemos encontrado en un grupo de WhatsApp nuestro lugar de desahogo. Madres de lactancia materna y de lactancia artificial, madres solteras y casadas, madres a favor y en contra de la gestación subrogada… Ninguna diferencia es importante cuando el diálogo y el respeto predomina sobre todo. Alba, Andrea, Bea, Belinda, Cris, Elena, Irene, Lidia, María, Natalia, Patri y Yolanda, ha sido estupendo conoceros.

Quiero agradecer a todas las marcas que han colaborado durante este año conmigo. Lo han hecho sabiendo que os trasmitiría lo que pensaba de sus productos con total honestidad. Y es que hacer colaboraciones está genial siempre que se mantenga la integridad. Recomendar aquello que le horririza o cambiar sus ideas para agradar a una marca nunca debería ser opción para un blogger.

Y por último, pero no menos importante, quiero dar las gracias a mí madre. Ella ha sido mi principal apoyo en todos los pequeños pasos que he dado en este proyecto. Y desde hace unas semanas es parte activa en él a través de nuestro canal en YouTube. Las risas que nos pegamos a costa de esos vídeos no tienen precio. Gracias por todo, mamá.

Ahora toca seguir trabajando para intentar llegar a más personas. Pero eso será a partir de mañana. Hoy voy a disfrutar de este primer aniversario comiendo una tarta riquísima. ¡Nos vemos pronto!

Imagen destacada de la entrada La voz de los niños no nos pertenece
Personal

La voz de los niños no nos pertenece

Quizás os hayáis enterado, a través de los medios de comunicación, de los terribles sucesos que han tenido lugar en la localidad de Carmona en los últimos meses. Desde entonces, las reivindicaciones por una ciudad más segura han sido constantes. Esta petición alcanzó ayer su punto más álgido con la celebración de una manifestación a la que han asistido unas siete mil personas, según fuentes oficiales,. Quienes han hablado conmigo sobre el tema en los últimos días sabrán lo que he defendido esta concentración. Aunque solo sea para mostrar apoyo a las víctimas, merece la pena salir a la calle. Pero conforme se acercaba la fecha, los detalles que no me encajaban iban en aumento.

Un vídeo con algun detalle desafortunado

A través de las redes sociales se ha difundido un vídeo para animar a la ciudadanía a unirse a la manifestación. La mayoría de las personas que participaban en él eran comerciantes de la ciudad, pero también se contaba con la participación de varios menores de edad. Esto no me parece mal. Creo que era conveniente incluir a todos los sectores de la población en el vídeo (aunque, por esa regla de tres, he echado de menos a personas de la tercera edad). Lo que hizo que me entraran los siete males fue lo dicho por dos de esas niñas.

«Para que cambien las leyes y para que los ladrones cumplan con su condena, ¡únete a la marcha!»

Yo supe que quería estudiar ciencias políticas con siete años y, a pesar de lo friki que era comparada con otros niños de mí edad, no tenía la capacidad de sacar esas conclusiones. Y es que dudo que algún niño tenga los conocimientos suficientes para plantearse esas cuestiones, y la madurez necesaria para opinar públicamente con tanta contundencia. No creo que ellas sean una excepción. Y prueba de ello es, para mí, que pronuncian esas palabras con una sonrisa impropia del mensaje que están lanzando y del tono del vídeo en el que están participando.

No está bien apropiarse de la voz de los niños

No voy a entrar en si estoy a favor o en contra de modificaciones legales o del cumplimiento íntegro de las penas. Cuando abrí este blog, tuve claro que temas no quería tratar en él. Soy licenciada en Derecho y Ciencias políticas y, sin embargo, me encuentro a diario con personas sin conocimientos en estas materias que desprecian mi opinión antes de que haya conseguido expresarla. Así que últimamente me limito a debatir con personas que muestran un verdadero interés en ella.

De lo que si me voy a mostrar totalmente en contra es de la instrumentalización de menores en el ámbito político. No entiendo que tipo de razonamiento lleva a una persona a pensar que la frase más controvertida y con mayor carga ideológica del vídeo debe ser pronunciada por dos niñas. Y tampoco comprendo cómo los padres de esas niñas dieron el visto bueno a la grabación. Ese vídeo se ha difundido por varios canales y ha llegado a Dios sabe cuánta gente. Y en él se utiliza la imagen de dos menores para promover una idea que seguramente no provenga de la cabeza de ninguna de ellas.

Es demencial. La exposición de los hijos con fines comerciales ya me plantea dilemas éticos. Pero apropiarse de la voz de los más pequeños para hacer política, hace que se me caiga el alma a los pies. Y si los adultos que han participado en ello no han sido conscientes de estar haciéndolo, lo único que puedo pensar es que deberíamos ser más cuidadosos en como involucramos a los niños en este tipo de historias.

Y reitero que no estoy en contra de la participación de menores en el vídeo. Los mensajes lanzados por los otros niños que participan («por una Carmona mejor», «quiero ir seguro al cole, ¿y tú?» y «para que los niños podamos jugar seguros en los parques») son mucho más acordes a su edad y no implican un posicionamiento político. Son frases amables que ellos pueden comprender. Así es como deberían participar los niños en la esfera pública.

Dejémosles ser, pensar y hablar como niños.

Imagen destacada de la entrada Estrenamos canal en YouTube
Personal

Estrenamos canal en Youtube

Mi madre es muy top. Estaréis pensando que las vuestras también, y me alegro. Todos los hijos deberían tener la suerte de contar con una madre digna de esa frase. La mía desde luego lo es. Me ha acompañado en todas las aventuras que me ha tocado vivir, y con Una madre legal no iba a ser distinto. Ella lee las entradas antes de que sean publicadas en busca de errores que yo no haya visto, me da su opinión sincera cuando tengo dudas sobre algo y me apoya en los momentos difíciles. Pero su colaboración será ahora más activa porque estrenamos canal en YouTube.

¿Cómo ha surgido la idea?

Ha sido algo completamente improvisado, así que aún no puedo ofrecer muchos detalles sobre qué encontraréis en él. Mi madre y yo habíamos bromeado en varias ocasiones con la posibilidad de que se convirtiera en youtuber. Pero nunca habíamos pensando en llevarlo a práctica. Pero, entre broma y broma, ayer me pidió que la grabara y aquí estamos… La grabación duró poco más de un minuto y yo he tardado casi 4 horas en aprender a usar las funciones básicas de un programa de edición. No quiero imaginar lo que puede ser trabajar con vídeos más largos.

¿Por qué crear un canal en YouTube?

Cuando empecé con Una madre legal, nunca imaginé que acabaría teniendo un canal en YouTube. Tenía claro que el contenido que quería crear era escrito y que no iba a ponerme delante de una cámara. Nada de esto ha cambiado. Es escribiendo para el blog como me siento más cómoda. Pero YouTube, al igual que Instagram y Twitter, me parece otro medio interesante para sumar contenido que me apetece compartir y no encuentra su lugar aquí. Con esa finalidad hemos creado Una madre legal & Company.

El rostro visible del canal

A través de YouTube, conoceréis a mí madre, una mujer que no se cansa de repetir que los hijos no tienen fecha de caducidad. Ella puede hablar de una maternidad diferente, en la que el parto respetado era una utopía y dormir con los niños no tenía nombre técnico. Y también puede ser el contrapunto perfecto a la seriedad que suele caracterizarme a mí.

Os animo a ver el primer video de nuestro canal. Podéis suscribiros a él si queréis estar al tanto del contenido que publiquemos allí. Mi madre y yo estaremos encantadas de leer vuestros comentarios. Si teneis alguna idea, sugerencia, etc. no dudéis en compartirla con nosotras.

Imagen destacada ¿Es ético cambiar el contenido de un post?
Personal

¿Es ético cambiar el contenido de un post?

Imaginad que empezáis un blog donde, entre otras cosas, hacéis críticas de los distintos restaurantes que visitáis. Sois sinceros. Habláis desde el respeto, pero sin tapujos. Un día visitáis un restaurante de estrella Michelin. A pesar de su fama, vosotros sentís que la atención no es adecuada, que os han intentado colar algún que otro plato y que la cuenta es demasiado abultada. Y eso es lo que expresáis en vuestro blog.

Pero los días pasan y vuestra fama entre los críticos gastronómicos va en aumento. Es un sector minoritario, así que el término influencer quizás os vaya un poco grande. Pero sin duda los dueños de los restaurantes han oído hablar de vosotros. Y quién sabe si algún día tendréis la oportunidad de colaborar con ellos (si no lo habéis hecho ya). Y ahí está el post del que os hablaba antes…

¿Qué haríais? Quizás nunca influya en nada, pero también puede traeros algún quebradero de cabeza. ¿Os cerrará alguna puerta? Vivimos en un mundo donde las adulaciones son más apreciadas que las críticas constructivas, así que es probable que ese restaurante no quiera trabajar con vosotros. Y si llegarais a hacerlo, ¿podrían acusaos vuestros lectores de haberos vendido? Las opiniones pueden variar, pero el cambio de criterio debe razonarse si no se quiere incurrir en contradicciones.

Llevo pensando en esta situación un buen rato, pero la reflexión no ha surgido de la nada. Hace un par de años leí un post como el que os comentaba en el primer párrafo. Obviamente no hablaba de un restaurante, no tengo por costumbre leer ese tipo de contenido, pero las líneas generales eran las mismas. Por casualidad, hoy me he vuelto a encontrar con ese texto. Y cuál ha sido mi sorpresa cuando he visto que era más pequeño y muchísimo más aséptico de lo que recordaba.

Han pasado dos años, estaréis pensando. Mi memoria no es prodigiosa, pero recuerdo bien ese post. Para seguir con el símil, estaba en una época en la que devoraba información sobre restaurantes. Y prestaba especial atención a todo lo que tenía que ver con aquellos que visitaba más a menudo. En este punto quiero dejar claro algo. El principal motivo por el que no enlazo el post es porque no puedo demostrar el cambio del contenido. Además, considero que ese dato no es relevante de cara a la pregunta que planteo a continuación.

¿Es ético cambiar el contenido de un post? Me estoy refiriendo, claro está, a cambios sustanciales. Todos hemos rectificado aquella entrada en la que se nos olvidó pasar el corrector ortográfico. Y tampoco es raro que algunos blogueros con tiempo y fuerza de voluntad introduzcan pequeños (e inocuos) cambios para mejorar el SEO de una publicación o hacerla más vistosa. Pero en un caso como el expuesto, ¿se puede justificar una modificación tan profunda?

Mi opinión es que no. Creo que todo el mundo puede arrepentirse de un post, aunque yo siempre intento no escribir lo que no sea capaz de decirle a la cara al aludido. Pero si llegado el momento pensamos que una opinión puede perjudicarnos, creo que hay formas más honestas de enfrentarnos a ella.

  • Rectificar es de sabios. Cómo he dicho antes, las opiniones pueden cambiar. La persona que soy hoy tiene unas ideas muy distintas a las que tenía hace diez años. No pasa nada por decir que hemos cambiado de parecer y porqué. De hecho, a mí me encantaría leer ese tipo de publicación. Pensaría que el bloguero ha evolucionado, y que tiene una gran capacidad de autocrítica.

  • Eliminar el post. Es probable que no puedas rectificar porque tu opinión sea exactamente la misma que cuando publicaste. En estos casos, eliminar el texto me parece una opción propia de personas íntegras. Todos tenemos derecho al olvido. Si un post puede perjudicarte, no veo necesario el sacrificio. Se borra y punto. Quienes lo leyeron en su momento ya conocen tu opinión. Solo tú tienes que decidir si quieres seguir exponiéndola más tiempo.

  • Mantener el post sin modificaciones. Sin perjuicio de lo dicho en el punto anterior, esta es la opción que me parece más intachable. Si te has expresado con respeto y con arreglo a la verdad (o a tu verdad), ¿por qué hay que dar un paso atrás? ¿No deberían las empresas aceptar una crítica negativa? ¿No tendrían que entender que el post no es un ataque sino una oportunidad para solucionar algo que está fallando? Si no quieren colaborar contigo por opinar, ellos se lo pierden

Pero si cambiáis un post para darle un sentido completamente distinto, te estás traicionando. Y también estás traicionando a quien ha llegado hasta tu web confiando en que encontrará una opinión sincera. De momento, puedo decir que mi dignidad está entre las cosas que conservo intactas. Y cuando veo que alguien ha vendido la suya, siempre pienso lo mismo… Espero que al menos le haya puesto un buen precio.

Personal

La historia de un máster (y no es el de Cifuentes)

Dedicado a todos los que sin contactos y sin hipotecar vuestra dignidad habéis conseguido una carrera investigadora exitosa en la Universidad. Sois la caña.

Había una vez un máster oficial de una universidad pública española en el que las matriculas de honor iban, venían, pero a la persona con las notas más altas nunca le caían. Esa persona obtuvo en una asignatura una calificación de 9,9. Ella pensó “¡ya está! Esta vez no hay forma de que la matrícula de honor no sea mía”, pero esta calificación no terminaba de aparecer en el expediente académico.

Llegó el momento de comenzar el Trabajo Fin de Máster y, cuando la universidad publicó la lista de posibles tutores, la alumna se sintió decepcionada porque ninguno de sus favoritos estaba en ella. Desde la dirección del máster se habian dado instrucciones de no contactar de forma privada con otros profesores, así que no quedaba otra que elegir entre lo que había. “Al menos seré la primera en escoger”, pensó, y es que en teoría los alumnos de mejores notas tenían preferencia en la elección.

Cuando se hizo pública la asignación de tutores, no sólo había algún profesor nuevo (lo que indicaba que sí se había contactado con ellos), sino que a la alumna de la que hablamos no se le había asignado el tutor elegido. El rebote de ésta fue épico, en plena clase del máster. Porque si algo caracteriza a esta chica es que nunca se esconde. En ese mismo momento renunció a la realización del TFM por considerar que las oportunidades que se estaban ofreciendo a los alumnos no eran iguales para todos. Pero tras una reunión con una de las responsables del máster y algún correo electrónico en el que se le pedía reconsiderar la situación pensó “¿por qué tengo yo que quedarme sin máster por lo que hagan otros?” y se puso a ello.

Un día la tutora de su TFM le dijo algo así como “te has llevado la matricula de honor de esa asignatura, ¿no?”. Cuando la alumna le comentó que no lo tenía demasiado claro, se extrañó tanto que se comprometió a consultarlo ella misma. En la siguiente reunión, la tutora estaba aún más extrañada porque no le habían confirmado que efectivamente se fuera a otorgar esa  distinción (la alumna tuvo la sensación de que lo que le habían confirmado era justo lo contrario). Imagino que con toda la buena fe del mundo, esta profesora le recomendó a su tutorizada escribir a la coordinación del máster para interesarse por la cuestión.

La alumna, poco acostumbrada a pedir cosas, escribió un correo electrónico de lo más formal. A pesar del buen tono del texto, el contenido del mismo no debió agradar en exceso pues fue objeto de critica por parte de una responsable del máster. El problema es que su opinión la expresó en una tutoría con otro alumno que, casualmente, era amigo de la emisora del mensaje. Obviamente, a esa alumna no le agradó conocer que una autoridad universitaria opinaba de ella con otros alumnos, y así se lo hizo saber en un nuevo correo electrónico. No obtuvo respuesta.

Los días fueron pasando y cada vez más alumnos se fueron indignando por otras cuestiones. Pero como ocurre casi siempre, hay pocos dispuestos a mostrar esa indignación en el lugar adecuado. Otra alumna, llamemosle R, que curiosamente tenía las segundas mejores notas del máster, se atrevió a luchar por lo que creía justo.

Y llegó el día de la defensa del TFM ante el tribunal. La tutora de nuestra protagonista no había hecho una sola corrección al suyo, sólo le había sugerido ampliar las referencias en uno de los apartados. El trabajo pintaba bien. Cuando acabó la defensa pública, los allí presentes como público la felicitaron. Pero el tribunal, tras deliberar, le otorgó una calificación de 6. Todo el mundo se quedó mudo de la sorprensa, así que el presidente del tribunal añadió con una media sonrisa “¿no vais a aplaudir?”.

Desconozco si esto fue un intento de humillarla, pero no lo consiguió. Ella ya sabe lo que suele ocurrir cuando alzas la voz más de lo necesario. Estaba preparada. Así que lejos de entristecerse o amilanarse, decidió quedarse a escuchar a sus compañeros y disfrutar de la tarde. La última en exponer su trabajo era R, y lo hizo genial. A mi humilde juicio, mucho mejor que otros que habían obtenido notas altas y a los que el propio tribunal les había corregido errores de bulto. Su calificación fue de 6.5.  Las dos notas más altas de aquel máster hasta el momento se iban con notas bajas en unos trabajos que habían arrancado elogios de algún miembro de aquella mesa.

Así que la intrepida alumna volvió a alzar la voz, volvió a expresar lo que creía que estaba pasando. No porque fuera a servir para algo, sino por el simple deseo de sentir que su dignidad valía más que la nota de un máster. Se quedó con las palabras de su tutora, que pensaba que su trabajo merecía más y le reconocía que en la vida hay situaciones en las que el resultado no depende de nuestro esfuerzo. Estaba decidida a comenzar un doctorado que finalmente decidió aparcar. Esta y otras situaciones que había presenciado durante sus siete años como universitaria habían acabado con la imagen que tenía de la Universidad.

¿Creéis que a esa chica le sorprende el caso Cifuentes?

Personal

NO TENGO UN SÚPER PODER

Hace una semana estaba de miniviaje en Madrid. Esa ciudad siempre me carga las pilas, aunque el momento de dejarla me provoque un bajón total, así que volví a mi ciudad con la ilusión por las nubes. En la maleta traía cinco cuadernos con frases inspiradoras que había comprado para llenar con las ideas que me sobraban. Me prometí que no me daría pena usarlos.

El domingo me lo tomé de descanso, pero para el lunes tenía muchos planes. Sin embargo, la cosa empezó a torcerse ya durante la madrugada. Me despertó un dolor de garganta nada sutil. Durante esa mañana, mantuve la esperanza de que todo se quedara en una simple inflamación por haber forzado la voz. Pero esa misma tarde, tuve que dejar mi ordenador a un lado a causa de los tiritones que la fiebre me estaba provocando. Estaba oficialmente enferma.

He pasado tres días muy malos. No quería ni que me miraran. Tampoco me apetecía comer. Los que me conocéis ya os podéis imaginar lo malita que estaba… Sólo saqué algo de ánimo para celebrar el sorteo del lote de papillas NESTUM. Si aún no sabéis quien ha sido el ganador, podéis ver el video con el resultado en mi Instagram.

¿Sabéis eso que dicen de que las madres tenemos un súper poder y podemos con todo? Es mentira. Nunca me había costado tanto preparar un biberón y, mientras recorría con Daniela los escasos 10 metros que hay entre mi salón y su habitación, temí por nuestra integridad porque hacíamos más eses que tras una noche de fiesta. Por suerte, cuento con la ayuda de mi madre. No sé cómo me hubiera ocupado sola de un bebé en ese estado. ¡Gracias mamá!

Y justo cuando empezaba a vislumbrar el camino de la recuperación, Daniela comenzó a toser. Así que esta mañana tocó visita al pediatra. Y así estamos. En mi casa los antibióticos van y vienen. Aún sigo con las neuronas algo dormidas, aunque el estómago ya está bien despierto (anoche celebré mi mejoría con pollo asado y hoy lo haré con pizza). Pero ya estoy trabajando en recuperar el ritmo.

Y es que hay muchas cosas de las que quiero hablar. Sólo necesito un poco de tiempo y que la salud acompañe. Así que si este fin de semana las dos condiciones se cumplen, el lunes retomaré el contenido habitual del blog.

¡Buen fin de semana!

Personal

Si pudiera volver atrás…

Este post está motivado por una iniciativa del grupo de apoyo Más que madres/padres. Se propone un tema sobre el que debemos escribir los integrantes con el objetivo de conocernos un poco mejor. Si hace unas semanas teníamos que decir 50 cosas sobre nosotros, en esta ocasión la pregunta era ¿Qué cambiarías si pudieras volver atrás?

Es una cuestión complicada. Difícilmente actuó por impulsos, por lo que no suelo arrepentirme de demasiadas cosas. Supongo que es una de las ventajas de tener una personalidad tan reflexiva. Pero 27 años dan para mucho y sería demasiado arrogante decir que no cambiaría nada. Tras mucho pensar, esto es lo que tengo claro que me gustaría cambiar si pudiera dar marcha atrás en el tiempo.

Sería más impulsiva

Cada una de las decisiones que he tomado en mi vida han sido el resultado de un periodo de reflexión. Siempre he tenido en cuenta los pros y contras, he valorado como afectaba a mi entorno, he intentado predecir todos los escenarios posibles… Y no me ha ido mal. Pero siempre he tenido la sensación de que la vida es más indulgente con la gente que actúa a lo loco.

Una de mis espinitas es que nunca podré conducir. A los 20 años estuve a punto de intentar sacar el carnet, pero lo dejé por diversos motivos. Ahora ya no cuento con esa opción y, aunque no me arrepiento, soy consciente de que es otra de las experiencias que he perdido por el camino.

Me protegería mejor

Si hace 20 años hubiera sabido lo que ahora, no habría dejado que nadie me hiciera daño deliberadamente. Sería más combativa y callaría menos cosas. No le ocultaría a mis padres, por ejemplo, todos los comentarios que aguantaba en el colegio por parte de docentes y alumnos. Sería también más desconfiada, porque me he cansado de estar para todos y que solo unos pocos estén para mí. Me he hartado de amistades y cariños proclamados pero poco demostrados.

Pero todo tiene su lectura positiva. No me he vuelto inmune, pero ahora la gente lo tiene mucho más difícil para hacerme daño. Y es que he aprendido que son pocas las personas en mi vida por la que merezca la pena sufrir. Así que cada vez siento menos remordimientos cuando tengo que apartar de mi vida a la gente que no aporta más que quebraderos de cabeza.

Ahorraría más

Al vivir sola, aprendí lo importante que era gestionar bien el dinero si no querías pasarte una semana comiendo pasta. Pero antes era muy dada a comprar cualquier cosa sin pensar en el ahorro.

Intento no mirar nunca el altillo de mi armario. Allí tuve que guardar por falta de espacio muchísimos libros en edición de tapa dura. Me gusta leer en papel, y sueño con tener una biblioteca en casa. Pero cuando pienso en el dinero que hay invertido ahí… Aunque mis gustos no han cambiado, os aseguro que ahora me cuesta muchísimo pagar 30€ por un libro. El ebook tampoco está tan mal.

Y las cosas que le hice comprar a mí madre… ¿Recordáis esas botas peludas que tan de moda se pusieron hace más de una década? Pues yo tuve unas después de pedirlas ochenta veces. Como ocurre a menudo con las modas pasajeras, pronto dejaron de gustarme y quedaron olvidadas hasta que en un cambio de armario se fueron a la basura.

Si pudiera cambiar algo, sin duda sería haber limitado este tipo de gastos y haber guardado el dinero para cosas más importantes. Supongo que este es un pensamiento típico cuando maduras…

Dicho esto, no me arrepiento de lo vivido. Cada palabra, decisión o acto son los que han definido quién soy actualmente. Y me gusta mucho esta versión de mi misma. No cambiaría la vida que tengo por otra, aunque no me quejaría si me tocara la lotería. Aunque suene a tópico, me siento orgullosa de adonde he llegado y de las personas que aun hoy me acompañan en este camino.

Y vosotros, ¿cambiaríais muchas cosas si pudierais volver atrás?