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El mejor crucero para niños

Incluso antes de que mi hija naciera, yo estaba planeando el futuro viaje que algún día haremos a París. Tendremos que retrasarlo un par de años al menos para que ella pueda recordarlo, pero iremos en cuanto sea posible. Mi eterna duda es si incluir Disneyland París entre los lugares a visitar. Siempre me he alejado de los parques de atracciones por mis problemas de salud, pero he acabado arrepintiéndome de no visitar este en alguno de mis viajes a la capital francesa. Seguro que estar dentro del mundo Disney es una experiencia espectacular. En estos pensamientos estaba inmersa cuando conocí gracias a www.escapadalowcost.com la opción de un crucero Disney.

¿Qué es un crucero Disney?

Un crucero Disney es un plan perfecto para familias. A bordo de unos barcos de ensueño, niños y adultos podrán disfrutar de esa magia tan característica del mundo Disney. Vivir esta experiencia es posible gracias a la Disney Cruise Line, una compañía que desde 1998 viene ofreciendo los mejores cruceros para niños. Las familias cuentan con todas las comodidades propias de un crucero tradicional en cualquiera de sus cuatro buques (Disney Magic, Disney Dream, Disney Wonder y Disney Fantasy). Pero lo hacen como si estuvieran dentro de una película.

La tripulación vestida como los personajes más icónicos, una piscina gigante con la cara de Mickey Mouse, un salón igualito al que aparece en La Bella y la Bestia… Tengo 28 años y me ilusiona todo esto, así que un niño debe flipar. Pero en un crucero Disney no todo se reduce a la estética del barco. Son muchos los espectáculos y actividades, especialmente diseñados para cada edad, que se ofrecen para que el entretenimiento esté garantizado.

Un crucero Disney no sólo es para niños

Puede que todo lo que estoy contando os parezca muy atractivo para vuestros hijos, pero no tenga nada que ver con lo que esperáis de unas vacaciones. En ese sentido, podéis estar tranquilos porque los adultos no son ignorados en un crucero Disney. Hay espacios de ocio reservados para ellos (piscinas, pubs, discoteca, restaurantes, gimnasio, spa…) en los que podrán relajarse con la tranquilidad de que sus hijos están atendidos de la mejor manera posible. Las posibilidades que ofrecen estos barcos son enormes.

A mí me apetece muchísimo hacer un crucero sin salir del barco, pero siempre me ha preocupado que mi hija no disfrutara de un viaje de ese tipo. Ahora sé que cuento con una posibilidad que cubriría todas mis expectativas. Y podría decirse que al embarcarme en uno de estos cruceros estoy cubriendo la cuota Disney recomendada… En el viaje a París, el Louvre podría volver a ser la atracción principal. ¡Todo lo que encuentro son ventajas!

Información a tener en cuenta

A bordo de un crucero Disney, podréis viajar por el Mediterráneo, Europa del Norte, el Caribe, Ameríca del Norte, etc. siguiendo distintos itinerarios y durante distintas épocas del año. Si queréis subir al barco en España, tendréis que hacerlo al Disney Magic en el puerto de Barcelona. También se puede optar por travesías de distinta duración. Podéis consultar toda la información detallada en el enlace que os dejaba en el primer párrafo.

¿Qué os parecería embarcaros en un crucero Disney? ¿Conociaís esta opción? ¿Habéis estado con niños en un crucero tradicional? Me encantaría leer vuestras experiencias. Y sería genial conocer la opinión de aquellos que habeis estado en Disneyland París. ¿Sería imperdonable no visitarlo?

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Mi hija de 18 meses aún no camina

Ha pasado una semana desde que mi hija cumpliera dieciocho meses. Ese es el momento hasta el que, generalmente, se considera normal que un bebé no ande. Pues ya puedo decir que Daniela se ha saltado los plazos porque aún no camina de manera autónoma. ¿Me preocupa? Ni lo más mínimo. Enseguida os cuento porqué, no vayáis a pensar que tengo un exceso de pasotismo… ¿Le preocupa a los desconocidos? Diría que muchísimo a juzgar por la insistencia de sus preguntas.

¿Por qué mi hija no camina?

Ojalá lo supiera. Yo creo que tiene todas las habilidades necesarias para ello. Desde hace meses es capaz de andar agarrada a alguien de una sola mano. Y actualmente lo hace a una velocidad considerable con el simple contacto de un dedo, pero se tira al suelo en cuanto intentas retirarlo. Hace un par de semanas conseguimos «engañarla» y dio unos pasos sola, pero la situación rara vez ha vuelto a repetirse.

Ya dije antes que no es algo que me preocupe. En los últimos meses, a mi hija la ha visto su pediatra, la enfermera que le realizó la última revisión de niño sano y la doctora de rehabilitación infantil. Todas han visto a mi hija desde que era una recién nacida y, por tanto, conocen su desarrollo de primera mano. Y lo más importante, las tres coinciden en que la situación no es preocupante en absoluto. Parece que Daniela no quiere andar porque no se siente segura, prefiere desplazarse gateando o es floja… pero nada de eso es un problema desde el punto de vista médico.

Hay que darle la importancia que merece

Considero que lo más sensato es no preocuparse si los profesionales dicen que no hay razón para hacerlo. También creo que es inevitable seguir sintiendo algo de inquietud. Si mi hija no camina pasadas unas semanas, volveré a pedir la opinión de los expertos. Lo que en ningún caso me planteo hacer es forzar un avance para acallar las voces de los opinólogos. Y creedme cuando os digo que son voces tan molestas que estaría dispuesta a muchas cosas con tal de no escucharlas. Cualquiera que tenga un hijo al que le haya costado algo más de tiempo alcanzar una meta sabrá de lo que estoy hablando. A modo de ejemplo, voy a contaros lo que me pasó hace unos días.

Paseaba con Daniela y mi madre cuando nos cruzamos con dos conocidos que cuidaban a su nieta. Ella tiene algunos meses menos que mi hija. Casi se saltaron el saludo para preguntar directamente si Dani ya andaba. Al decirles que no, les faltó tiempo para decir que su nieta si lo hacía. Y por si no les creíamos, la pusieron en el suelo para que demostrara su habilidades. Ya estoy acostumbrada a este tipo de situaciones, se llevan repitiendo meses. Lo que me dejó planchada es que dijeran que, cuando la peque tenía doce meses, la preocupación de su madre era tal que llegaba a decir «¿la mierda niña esta cuándo va a andar?». Prometo no estar exagerando.

¿Por qué le importa a los demás?

Por suerte, esta anécdota es única en su especie. No sé si podría escuchar de nuevo la frase sin que me diera vueltas la cabeza. Pero tiene en común algo con las otras situaciones que he vivido, y es que percibo que se usa a los bebés para una competición absurda. En la cuestión que nos ocupa, parece que puedan usar que Daniela no camina para demostrar que sus hijos son más válidos o ellos mejores padres.

Ya he hablado en otras ocasiones de lo absurdo que es rivalizar entre adultos usando a los niños. Me parece tan deleznable que a menudo intento encontrar otras causas para estas conductas. Pero no se me ocurren motivos para que el desarrollo de mi hija despierte el interés de los desconocidos. A mí los hijos de los demás me son indiferentes. A menudo ni siquiera siento curiosidad por ver a un recién nacido aunque conozca a la madre. Y si el bebé me importa, nunca pregunto por sus progresos con una intención distinta a la de interesarme por su bienestar.

¿Qué sentido tiene comparar el peso de bebés de un año si ambos están sanos? ¿Por qué ponerlos juntitos para ver quien es más alto? Mi hija tiene dieciocho meses y aún no camina. Si hay alguien a quien eso le infla el ego, sólo puedo sentir pena por lo triste que debe ser su vida. Y a aquellos que comienzan la competición en cuanto me ven, solo les diré que dejen a los niños en paz. Si queréis hacer comparaciones, tened el valor de poned vuestras capacidades en el disparadero. Usar a un hijo como arma y escudo es ruín.

¿Qué opinais de todo este asunto? ¿Me lee alguien cuyo hijo haya tardado tanto en caminar? ¿Tuvisteis que escuchar tantos comentarios? ¿Habéis percibido lo que comento o soy muy mal pensada? Me encantaría leer vuestras experiencias.

 

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¿Qué regalar a un bebé que comienza la guardería?

Hay ocasiones en las que queremos hacer un regalo a un bebé pero no tenemos ni idea de por donde tirar. Algo así me ocurrió hace unos días. Me apetecía tener un detalle con el hijo de una amiga, pero estaba bloqueada y no encontraba nada que pudiera resultarle útil. Comprar ropa es la opción comodín, pero a mí me gusta que los regalos tengan una razón de ser.

Entonces recordé que en poco más de un mes el pequeño acudirá a la guardería. Seguro que mi amiga, como muchos otros padres, ya está preparándolo todo. Mi decisión sobre el regalo está practicamente tomada, pero quiero compartir con vosotros la lista de regalos que me parecen útiles para un bebé que comienza la guardería. ¡Y todos muy econónimos!

Bata de guardería

Una bata o babi es un regalo estupendo para la etapa de guardería y preescolar. Da igual que el peque ya tenga uno. A los padres siempre les irá genial tener repuestos. Ya sabemos a la velocidad que se ensucian los más pequeños, así que contar con varias prendas de este tipo es imprescindible para no tener que lavar a diario.

Los modelos de Batasdeguarderia.com me han encantado, sobre todo aquellos más divertidos en cuanto a diseño. Los que tienen botones de distintos colores me han conquistado, por muy simple que parezca el detalle. Y es perfecto contar con la opción de bordar el nombre y el apellido del bebé. Es requisito en muchos centros que las batas estén identificadas, además de ser una oportunidad más para personalizar la prenda.

Bolsa de tela

A estas edades no es necesario que los peques carguen con mochilas. Por muy livianas que parezcan, es probable que les resulten pesadas e incómodas. Pero a la guardería hay que llevar algunas cosas (muda de ropa, baberos, merienda, etc.) y lo normal es hacerlo en una bolsa de tela. Al igual que con las batas, es preferible tener más de una bolsa de este tipo. Por eso este es otro regalo que me parece adecuado. Además, también se puede personalizar con el nombre del bebé o cualquier otro detalle relacionado con sus gustos.

Chupeteros personalizados

Esta puede ser otra opción magnífica si el bebé al que queréis hacer el regalo usa aún chupete. A mí me gusta tener un chupetero distinto para cada lugar. Si solo tuviera uno y lo llevara de un lado para otro, lo más probable es que estuviera perdido la mayoría del tiempo. Así que, cuando Daniela vaya a la guardería, tendrá un chupetero únicamente para ese sitio.

Los chupeteros personalizados de Chupeteros.com son una monada. Se puede optar por alguno de los modelos prediseñados según el número de letras del nombre del bebé, o por elegir las piezas y tonalidades que se desea que formen el artículo. También está disponible el mismo tipo de chupetero sin incluir el nombre, pero personalmente me gustan más los primeros. Y seguro que ese detalle irá genial para evitar confusiones en la guardería.

¿Que os parecen estas propuestas? Seguro que quienes ya lleváis a vuestros hijos a la guardería tenéis muchas otras ideas. La experiencia es un grado especialmente en cuestión de niños. ¡Me encantaría leer vuestras sugerencias!

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¿Es ético cambiar el contenido de un post?

Imaginad que empezáis un blog donde, entre otras cosas, hacéis críticas de los distintos restaurantes que visitáis. Sois sinceros. Habláis desde el respeto, pero sin tapujos. Un día visitáis un restaurante de estrella Michelin. A pesar de su fama, vosotros sentís que la atención no es adecuada, que os han intentado colar algún que otro plato y que la cuenta es demasiado abultada. Y eso es lo que expresáis en vuestro blog.

Pero los días pasan y vuestra fama entre los críticos gastronómicos va en aumento. Es un sector minoritario, así que el término influencer quizás os vaya un poco grande. Pero sin duda los dueños de los restaurantes han oído hablar de vosotros. Y quién sabe si algún día tendréis la oportunidad de colaborar con ellos (si no lo habéis hecho ya). Y ahí está el post del que os hablaba antes…

¿Qué haríais? Quizás nunca influya en nada, pero también puede traeros algún quebradero de cabeza. ¿Os cerrará alguna puerta? Vivimos en un mundo donde las adulaciones son más apreciadas que las críticas constructivas, así que es probable que ese restaurante no quiera trabajar con vosotros. Y si llegarais a hacerlo, ¿podrían acusaos vuestros lectores de haberos vendido? Las opiniones pueden variar, pero el cambio de criterio debe razonarse si no se quiere incurrir en contradicciones.

Llevo pensando en esta situación un buen rato, pero la reflexión no ha surgido de la nada. Hace un par de años leí un post como el que os comentaba en el primer párrafo. Obviamente no hablaba de un restaurante, no tengo por costumbre leer ese tipo de contenido, pero las líneas generales eran las mismas. Por casualidad, hoy me he vuelto a encontrar con ese texto. Y cuál ha sido mi sorpresa cuando he visto que era más pequeño y muchísimo más aséptico de lo que recordaba.

Han pasado dos años, estaréis pensando. Mi memoria no es prodigiosa, pero recuerdo bien ese post. Para seguir con el símil, estaba en una época en la que devoraba información sobre restaurantes. Y prestaba especial atención a todo lo que tenía que ver con aquellos que visitaba más a menudo. En este punto quiero dejar claro algo. El principal motivo por el que no enlazo el post es porque no puedo demostrar el cambio del contenido. Además, considero que ese dato no es relevante de cara a la pregunta que planteo a continuación.

¿Es ético cambiar el contenido de un post? Me estoy refiriendo, claro está, a cambios sustanciales. Todos hemos rectificado aquella entrada en la que se nos olvidó pasar el corrector ortográfico. Y tampoco es raro que algunos blogueros con tiempo y fuerza de voluntad introduzcan pequeños (e inocuos) cambios para mejorar el SEO de una publicación o hacerla más vistosa. Pero en un caso como el expuesto, ¿se puede justificar una modificación tan profunda?

Mi opinión es que no. Creo que todo el mundo puede arrepentirse de un post, aunque yo siempre intento no escribir lo que no sea capaz de decirle a la cara al aludido. Pero si llegado el momento pensamos que una opinión puede perjudicarnos, creo que hay formas más honestas de enfrentarnos a ella.

  • Rectificar es de sabios. Cómo he dicho antes, las opiniones pueden cambiar. La persona que soy hoy tiene unas ideas muy distintas a las que tenía hace diez años. No pasa nada por decir que hemos cambiado de parecer y porqué. De hecho, a mí me encantaría leer ese tipo de publicación. Pensaría que el bloguero ha evolucionado, y que tiene una gran capacidad de autocrítica.

  • Eliminar el post. Es probable que no puedas rectificar porque tu opinión sea exactamente la misma que cuando publicaste. En estos casos, eliminar el texto me parece una opción propia de personas íntegras. Todos tenemos derecho al olvido. Si un post puede perjudicarte, no veo necesario el sacrificio. Se borra y punto. Quienes lo leyeron en su momento ya conocen tu opinión. Solo tú tienes que decidir si quieres seguir exponiéndola más tiempo.

  • Mantener el post sin modificaciones. Sin perjuicio de lo dicho en el punto anterior, esta es la opción que me parece más intachable. Si te has expresado con respeto y con arreglo a la verdad (o a tu verdad), ¿por qué hay que dar un paso atrás? ¿No deberían las empresas aceptar una crítica negativa? ¿No tendrían que entender que el post no es un ataque sino una oportunidad para solucionar algo que está fallando? Si no quieren colaborar contigo por opinar, ellos se lo pierden

Pero si cambiáis un post para darle un sentido completamente distinto, te estás traicionando. Y también estás traicionando a quien ha llegado hasta tu web confiando en que encontrará una opinión sincera. De momento, puedo decir que mi dignidad está entre las cosas que conservo intactas. Y cuando veo que alguien ha vendido la suya, siempre pienso lo mismo… Espero que al menos le haya puesto un buen precio.

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Vacaciones con un bebé: mis imprescindibles

A mediados del mes de mayo disfruté junto a mi familia de un merecido descanso. Solemos aprovechar la celebración de la feria de nuestra localidad para viajar cuando el tiempo ya es bueno y los precios no están en su punto más álgido. Estas han sido nuestras segundas vacaciones con un bebé.

¿De qué tipo de vacaciones estamos hablando?

Para mí existen dos tipos de vacaciones: las culturetas y las relajantes. Puedo pasarme todo un viaje pateando los lugares de interés de una ciudad, o tener como único objetivo disfrutar de la piscina y el buffet de un hotel. Y no concibo combinar estas actividades. Quizás por eso me muestro tan reticente a embarcarme en un crucero…

Desde que nació Daniela, mis vacaciones han sido del segundo tipo. Es importante tener en cuenta este dato al leer el post, puesto que las necesidades que me han podido surgir han estado condicionadas por el tipo de viaje.

  • Vacaciones en territorio español. No he tenido que preocuparme de la asistencia sanitaria.
  • El medio de transporte para llegar al destino ha sido nuestro vehículo particular.
  • Alojamiento en un hotel con régimen de todo incluido. Tenía acceso a comida y bebida a cualquier hora que mi hija la demandara.

Así han sido mis vacaciones con un bebé

Ahora sí, teniendo en cuenta lo anterior, voy a contaros qué necesité durante mis vacaciones con un bebé de pocos meses y cómo cambiaron esas necesidades un año después. Las primeras vacaciones con mi hija tuvieron lugar cuando acababa de cumplir los cuatro meses. La veía tan pequeña y vulnerable que los días previos al viaje los pasé acumulando miedos. ¿Era prudente marcharnos un día después de haberla vacunado? ¿Cómo le sentaría el sol a su piel tan blanca? ¿Se resfriaría con el aire acondicionado? ¿Habría demasiados mosquitos?

Una de las cuestiones que más me preocupaba era la asfixia postural durante el traslado. La posición que los bebés adoptan en las sillitas de coche es la más segura de cara a un accidente, pero dificulta su respiración. No es recomendable que estén en ellas más de hora y media (cuando veo a madres que sustituyen el capazo por el grupo 0 me entran los siete males). Por eso, durante el viaje, paramos cada 45 minutos. Este año hemos seguido respetando los descansos pero algo más relajados. Sólo hemos hecho una parada, entre otras cosas porque Daniela se pasó gran parte del trayecto dormida.

Mi hija durante las vacaciones con cuatro y dieciseis meses.
Mi hija durante las vacaciones con cuatro y dieciseis meses.

Alimentación del bebé

Durante sus primeros seis meses de vida, Daniela se alimentó exclusivamente con lactancia artificial. El año pasado tuvimos que llevarnos todo lo que nos hacía falta para preparar sus biberones. Y no eran pocas cosas. Además del biberón, la lata de leche en polvo y un termo, cargué con una placa de inducción y un cazo adecuado para hervir el agua. Ahora, con dieciséis meses, mi hija come de todo por lo que no he tenido que preocuparme en llevar nada para garantizar que su alimentación fuera adecuada. ¡Vaya diferencia!

Baño en playa y piscina

No hubo manera de que Daniela disfrutara del agua en sus primeras vacaciones. Mojarle los pies en la playa y en la piscina del hotel era suficiente para que se pusiera a llorar a pleno pulmón. Compré una piscina hinchable, pero era tan buena que no duró ni un uso. La playa sigue sin gustarle un año más tarde, pero en la piscina se hubiera pasado horas. Así que en esta ocasión el bañador ha servido para algo más que para que estuviera cómoda. Los bañadores desechables que compramos hace meses nos han dado buen resultado.

Paseo y descanso

La peque aún usaba el capazo con cuatro meses, pero no había espacio suficiente en el coche para tanto trasto. Estrenamos entonces la silla de paseo, intentando que Daniela fuera siempre en la posición más reclinada. ¿Pero cómo íbamos a tenerla en la zona de la piscina tumbada y en el carrito? Tuvimos que llevarnos su hamaca para esos ratos… También este asunto se ha hecho más fácil con el paso de los meses. Daniela ya se mantiene sentada en las tumbonas de la piscina. Y para traslados y descansar, hemos llevado la silla de paseo ligera que es mucho menos pesada y ocupa la mitad de espacio.

Hay cosas que no han cambiado

Las necesidades a los cuatro meses y a los dieciséis son muy distintas, pero hay detalles que no cambian si vas de vacaciones con un bebé. Ha permanecido igual, por ejemplo, todo lo relacionado con pañales y productos de aseo (gel de baño, champú y colonia de bebé, crema hidratante, peine, tijeras…).

La protección solar es otra necesidad que siempre hay que tener en cuenta durante las vacaciones, sobre todo si se viaja con un bebé. Los efectos de la radiación solar no son para tomarlos a la ligera. Así que este año, al igual que el anterior, íbamos bien preparados con gorritos, camisetas, gafas y crema solar para la peque.

Y con esto, pongo punto y final al post de hoy deseando a todos que paséis unas vacaciones increíbles. Las vacaciones con un bebé son muy especiales. Aunque no se descansa igual porque hay que tener mil ojos (¡cuidado con las piscinas!), es increíble verlos descubrir cosas y disfrutar de ellas.