Personal

Regalos que no existieron… y decepciones que no lo fueron tanto

Soy muy afortunada. Tengo la inmensa suerte de haber podido permitirme todo aquello que deseaba para mi hija a pesar de no tener una economía holgada. Siempre tuve claro que tendría que ser así. Con mi decisión de ser madre soltera, eliminé de un plumazo la posibilidad de compartir cargas con otra persona. Y mi familia no es tan grande ni cuenta con una capacidad económica extraordinaria para asumir grandes gastos.

Por eso cuando me quedé embarazada no conté con nada que no pudiera conseguir por mis propios medios. Aún no había cumplido la semana 12 de embarazo cuando encargué el cochecito para Daniela. Y para la mitad de la gestación, prácticamente ya no tenía nada que comprar. Por supuesto los regalos por parte de familiares y amigos también fueron llegando. Algunos muy generosos, otros cargados de cariño… A todos los que os acordasteis de mí y de la peque, os mando desde aquí un beso enorme.

Y es que esa es la grandeza de los regalos. Que existan o no son suficientes para hablar de cómo te ven las personas. Yo nos los pedía, no los necesitaba, pero me ilusionaba muchísimo recibirlos. Que una persona trajera un detalle significaba que mi hija o yo le importábamos lo suficiente como para ser educado. Quien no se dignó a comprar unos tristes patucos, me dejo claro hasta que punto le era indiferente y me enseñó como debía actuar cuando las tornas cambiaran.

Hasta ahí todo bien. Me gusta que las cartas estén bocarriba. A quien no se esconde poco puedo reprocharle. Pero hubo un tercer grupo, el de los que se anunciaron para luego no aparecer. Ellos jugaron con la ambigüedad de las palabras, con las normas sociales que impiden pedir el regalo prometido, con el tiempo y la distancia… Ellos no fueron claros, pero yo sí voy a serlo.

El primer caso que voy a contar ocurrió cuando aún estaba embarazada. Una amiga me preguntó si ya tenía la trona para Daniela. Por lo que recuerdo, había visto un modelo vintage de madera que le encantaba. Se lo agradecí, pero decliné el ofrecimiento porque ya le había comprado una trona a Daniela. Bromeamos con la posibilidad de que le comprara un coche, y la conversación acabó con algo similar a “es una pena porque ese regalo me encantaba, pero encontraré otra cosa”. A día de hoy, Daniela está a punto de cumplir trece meses. No sólo no he visto ese regalo alternativo, sino que mi amiga aún no ha recorrido la escasa hora en coche que separa su ciudad y la mía para conocer a mi hija. De hecho, acabo de comprobar que estas navidades le mandé un mensaje felicitando las fiestas, lo leyó al poco tiempo y no me contestó. Misterios de la vida…

Una vez que di a luz, vinieron las siguientes situaciones curiosas. Un familiar se creyó con la suficiente confianza como para ir de visita al hospital. Ahí estaba yo, con unos dolores de entuerto que me tenían molida y tendida en una cama recibiendo visitas. Me sorprende que quien se cree con derecho de incordiar a una mujer a la que han realizado una cesárea apenas 48 horas antes, no haya vuelto a dedicar cinco minutos de su tiempo en hacer una visita o una llamada telefónica para interesarse por mi hija. De regalo ya ni hablamos…

Y luego está el tercer caso, que realmente es el que menos me importa pero el que más me llama la atención por su reiteración. Un amigo, que más bien lo es de otros familiares y no mío, ha anunciado en dos ocasiones regalos que finalmente no ha hecho. En primer lugar, la silla de seguridad para el coche y, hace tan sólo unas semanas, un regalo con motivo del primer cumpleaños de Daniela. Y aquí es cuando me da por pensar ¿la gente me está tomando por tonta? Un desliz puedo obviarlo, que no olvidarlo, pero hacer dos veces lo mismo y esperar que no haya reacciones…

Estoy cansada de que la gente se aproveche de convencionalismos para echarle morro a la vida. He pensado mucho si me compensaba publicar este post, y reconozco que no me son indiferentes las consecuencias que pueda tener. ¿Pero por qué tengo que callar para no molestar a quien no mostró el más mínimo decoro? También estoy harta de escuchar “olvídalo, sus regalos no te han hecho falta para nada”. Parece que lo políticamente correcto es decir que los regalos no nos importan. El valor material de los regalos me da igual, pero lo que las personas expresan a través de ellos me importan. Y mucho.

Así que mi conclusión es la siguiente: no prometas nada que no vayas a cumplir. Tu imagen quedará a salvo y la otra parte no pensará que la estás tomando por idiota. Y si la parturienta o la recién nacida no te importan lo más mínimo, no metas tus narices en la habitación del hospital. ¡Cotilla!

14 comentarios en “Regalos que no existieron… y decepciones que no lo fueron tanto”

  1. Que gran post!! Por desgracia la gente es tal y como tu la describes. Y si, es mejor pasar, pero a mi también me jodería. Aunque yo siempre digo lo mismo, en ciertas situaciones la gente se quita la careta y ya sabes de que pie cojea… así no habrá más sorpresas! Un abrazo

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  2. Acabo de alucinar sobretodo con lo de tu amiga. ¿Qué tipo de amiga te dice de hacerte un regalo y cuando nace la pequeña desaparece de tu vida? No lo entiendo.

    Yo cuando nació Valeria me dijo cuenta que no hay tantos amigos como creía solo 2 estuvieron al pie del cañón y ha día de hoy ya solo 1. Pero ¿Sabes que? Qué lo prefiero, quien no se o interese por mi hija, no quiero lo haga por mi.

    Me ha encantado el post y sobretodo tu forma de explicarlo.

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  3. Ainssss, esta sociedad de bienquedas que luego quedan de pena 😦 Yo conozco muchos casos de ese tipo. Y, entiendo cuando es un despiste, porque a mí me pasa, que digo una cosa y luego se me olvida pero… en cuanto me acuerdo lo hago. Si no lo hace esa persona y sigue poniendo excusas… sólo quiere aparentar y… a mí las falsedades no me gustan nada de nada

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  4. La verdad es que yo hace mucho que no espero nada de nadie, de verdad, la gente siempre te sorprenderá para bien o para mal, dicen que para conocer mejor a una persona lo más importante es fijarse en como actúan no en cómo hablan y se expresan. Las acciones hablan por sí solas.

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  5. Creo que a todas nos ha pasado algo parecido. Yo recuerdo también una promesa de una amiga que me dijo cuando cumpla el año le regalo un triciclo y ya tiene 5 años… claro que lo habrá visto en estos 5 años 10 veces como mucho… en fin. Mejor quedarnos con lo positivo porque gestos así siempre tendremos y mejor no llevarnos mal rato.

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  6. ayy si yo te contara. Me he sentido totalmente representada con tu post. Salvo que yo prohibí visitas al hospital. Algunos de los que se quejaron por eso a día de hoy, 4 años y 2 años tienen mis niños ni los conocen. Anda por ahí! la gente que quiere cumplir con plato vacío…fuera.

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  7. ¡Chicas! Perdonen que me entrometa en la conversación 🙂 Yo soy mamá reciente (bueno, mi angelito cumple un año el lunes que viene) y me identifico con lo escrito. ¡Cómo nos cambia la vida social al ser mamás! Me he sorprendido mucho. Me lo tomo con filosofía jaja porque soy inmensamente feliz y la verdad no siento carencias afectivas como para extrañar esas relaciones. Soy feliz con mi esposo y mi hijo y los que se quieran sumar a la aventura 😀 Un abrazo y bendiciones…
    Lihem.

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  8. De hecho está muy feo prometer y no cumplir!! Y si se pierde una amistad por ello has de pensar que no vale la pena tener a esa persona ya que lo primero es ser sincero. Es una lástima que haya gente así. A mi con mis hijos no me pasaron casos similares a los tuyos pero reconozco que tiene que molestar, sobretodo si viene de personas a las que aprecias. Y no es el hecho del regalo en sí ya que si se puede se puede y sino no pasa nada, es el hecho de hacer falsas promesas.

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  9. Es una pena cuando topad con “amigos” o familiares así. La desilusión es grande y más cuando además de que ese regalo tan anunciado no llega que ni siquiera se tomen un momento para ir a ver a tu peque. Pfff en fin, yo creo que has hecho bien en sacarlo.

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  10. Hay que tomar las cosas como vienen. A mí lo de las regalos es lo que menos me importa pero si un mensaje para saber qué tal ha ido todo, como te encuentras o si necesitas quedar a tomar un simple café. Eso sí es importante.

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  11. Pues me parece genial que lo cuentes. Yo se lo dije una vez a una amiga y al final no se lo regalé y me siento mal por ello y luego vino una mala época laboral y económica y luego ya con el tiempo hablamos por whatsapp pero al no vivir cerca y llevar ritmos distintos nos vemos poquito pero nunca me he olvidado de eso que le dije y lo recuerdo muchas veces y ahora al leerte a ti me he sentido peor. Tienes toda la razón, no deberían decirse esas cosas. Yo aprendí y prefiero no decir nada a quedar mal. Por mi parte, lo siento mucho, por todos los que no cumplimos 😦

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