Maternidad

Bautizada por los pelos

Jesús dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos.» (Nuevo Testamento, Mateo 19:14)

El pasado domingo se cumplió un año del bautizo de Daniela. Aquel 25 de febrero no fue un día agradable, aunque con el tiempo he conseguido reírme al recordarlo. Hubo momentos que no voy a compartir por respeto a quienes participaron de ellos, pero me permitiré señalar que en un evento de este tipo nadie debería ser más protagonista que el bebé. Dicho esto, voy a contaros una de las situaciones más surrealistas a las que me he enfrentado nunca.

Siempre había tenido claro que quería bautizar a Daniela lo más pronto posible, por eso empecé a prepararlo todo antes incluso de que naciera. Hice los cursillos preparatorios embarazada de ocho meses, preparé toda la documentación necesaria y la entregué tan solo unos minutos después de acabar los trámites en el Registro Civil. El único motivo por el que mi hija no se bautizo antes fue por cuestiones de agenda.

Aquel sábado a las 11:45 casi todos los invitados estábamos ya en la iglesia elegida, la misma en la que me había bautizado yo 26 años antes. Quince minutos era tiempo más que suficiente para firmar los últimos papeles y prepararnos para la ceremonia. Pero llegaron las 12:00 y el que no aparecía era el sacerdote. Veinte minutos más tarde, cuando ya todos pensábamos que aquello era un pasote, el que apareció fue el diácono de la parroquia para decirnos que ese bautizo había sido suspendido a petición de la familia.

¡¡¡¿¿CÓOOOOOOOMO??!!!

Eso fue lo único que pude pensar. El diácono comenzó a explicarme qué una mujer había acudido a la iglesia para comunicar que la madre (yo) había decidido anular el acto porque la niña «no podía bautizarse». No sabía si estaba más asombrada porque alguien hubiera hecho algo así o porque el sacerdote hubiera seguido las instrucciones sin plantearse siquiera llamarme por teléfono. La respuesta a esto último la tuve pronto: la susodicha era muy religiosa, su presencia en la iglesia era habitual y, por tanto, el sacerdote confiaba en ella lo suficiente como para no cuestionar lo que había dicho. Esa información y una descripción física bastaron para que yo supiera de quién estábamos hablando.

Finalmente el sacramento pudo celebrarse. El diácono atrasó un entierro que tenía pendiente para bautizar a mi hija. Y debo agradecerle  la bonita ceremonia que ofició, aunque yo no pude disfrutarla. Tras el enfado inicial, empezó a invadirme la inquietud. Anteriormente había compartido con esa mujer unas conversaciones que me habían hecho sentir incómoda y que, con el último acontecimiento, me preocuparon realmente. Y es que si una persona está tan jodidamente loca como para hacer algo así, ¿que pasaría por su cabeza cuando dijo «un día te voy a quitar a tu hija»?

Al día siguiente puse en marcha los mecanismos que estimé oportunos para evitar que esa señora siguiera molestándonos. Pero unas semanas más tarde, tuvimos un encuentro por la calle. Le pedí que no se acercara a mí, pero no parecía dispuesta a hacerme caso. Me marché del lugar, pero tampoco sirvió para que me dejara tranquila… Se atrevió a decirme en un tono que a mí me pareció retador que si tenía miedo a que me quitara a la pequeña. Y justo antes de conseguir librarme de ella, se atrevió a insinuar que mi hija había nacido sana gracias a sus rezos. Por suerte, desde ese día no he vuelto a coincidir con ella.

Desconozco si lo que le molestó fue mi condición de madre soltera, o que mi hija hubiera nacido gracias a un tratamiento de reproducción asistida. Dudo que tuviera algo personal contra mí porque apenas la conozco. Algunos opinan que la movía la envidia y otros que se dejó llevar por el aburrimiento…  Como digo al principio, con el paso de los meses he aprendido a recordar el bautizo de mi hija entre risas y pensar que será una anécdota que pueda contar toda su vida. Pero lo cierto es que siempre llevaré conmigo el no haber disfrutado de un día importante que había estado esperando durante tanto tiempo. Quizás lo correcto sea perdonar, como el propio diácono me recordó aquel día, pero lo cierto es que a mí no me sale hacerlo. El perdón lo reservo para aquellos actos que puedo comprender.

Personal

Así juega Madresfera

Si estáis siguiendo los Premios Madresfera 2017, sabréis que Una madre legal ha caído del segundo al quinto puesto al ser eliminados unos votos presuntamente fraudulentos. Todo comenzó ayer cuando a algunos blogueros (muchos más de los que hemos caído en el ranking) nos llegó un correo electrónico en el que se informaba de que se habían detectado votos que contravenían las bases del concurso.

Este correo no me preocupó excesivamente por varias razones. Había observado que personas que a las 2 a.m. se encontraban cerrando la tabla aparecían a la mañana siguiente en puestos de finalista. Pensé que el grueso de votos fraudulentos se encontraría ahí. No podía imaginar que los englobáramos mayoritariamente blogueros que habíamos ocupado las primeras posiciones durante todo el concurso. Aun así escribí a Madresfera por informaciones contradictorias que estaban llegando y me confirmaron que podía estar tranquila, puesto que se respetarían las limitaciones que habían establecido las bases.

Pero hoy se han actualizado las listas y, curiosamente, todos los blogs que tuvieron subidas meteóricas siguen arriba. Los que hemos bajado somos casi todos blogs que debutábamos en esto y que no pertenecemos al círculo afín de Madresfera. Dicho esto, una cosa quiero dejar clara: con las bases del concurso en la mano, si yo hubiera votado 180 veces en el concurso desde 180 correos y 18 IPs distintas, todos esos votos tendrían que ser contabilizados. ¿Sería decoroso? No, pero sería lícito.

Los límites de votos establecidos son los siguientes:

  • Votos a una misma url en una misma categoría: 1 por email (por cada cuenta de email sólo podrás votar una vez tu blog favorito en la misma categoría)
  • Votos totales por email: 5 por categoría y email.
  • Emails por dirección IP: hasta 10 sesiones (puedes votar con hasta 10 emails desde el mismo router).

Pienso que Madresfera no ha respetado sus propias bases. Si hay alguien que ha votado masivamente a Una madre legal desde una misma IP o cuenta de correo electrónico, puede decirlo. Yo desde luego no lo he hecho. En cualquier caso, ya he solicitado que se pongan en marcha los mecanismos de revisión y los datos que se han aportado no me convencen en absoluto. Les doy la misma fiabilidad que a una tabla de Excel que haga yo ahora mismo.

¿Por qué pienso así? Porque Madresfera no se caracteriza por tratar por igual a todos sus blogs. No estamos incluídos en el grupo privado de Telegram, no se nos retweetea con la misma asiduidad, nuestros contenidos no se reseñan en los Podcasts… Incluso algo teóricamente automatizado como es #LaRevista no da la misma visibilidad a todos. Además, da la casualidad de que muchos de los perjudicados compartimos amistad con algunos blogueros que han tenido sus más y sus menos con la dirección de la comunidad.

El propio ranking de la comunidad, que pocos saben bien como funciona, es de todo menos transparente. Hasta hace dos semanas, no solicité entrar en él. Y lo hice precisamente para intentar entender cómo funcionaba. Se dice que influye el número de visitas, las interacciones en redes sociales… Pero tengo una posición más alta que personas con mucho más de todo eso que yo.

Y si Madresfera tiene estas actitudes, ¿qué podríamos esperar de su hermano pequeño Saludsfera? Hace unas semanas solicité formar parte de esa comunidad. La respuesta que recibí era que, si bien mi contenido se adecuada a la misma, necesitaba crear en mi blog una sección especial para esas entradas. Unos días después escribí expresando la dificultad que estaba encontrando para hacerlo y proponiendo una fórmula que tenía la misma utilidad. No recibí respuesta… Lo deje pasar porque pensé que, si pertenecer a Saludesfera me iba a reportar lo mismo que lo hacía Madresfera, tampoco importaba tanto. Pero lo que realmente me cabreó fue descubrir que hay blogs en esa comunidad que no cumplen con el parámetro exigido. ¡Hasta para acceder nos ponen más trabas a unos que a otros!

En relación de nuevo con el concurso, diré que siempre ha estado rodeado, intencionadamente o no, de una ambigüedad importante. Como abogada, he redactado algunas bases para concursos y nunca me he encontrado con unas tan imprecisas como éstas. Pero parece que hay personas a las que le interesa que esto sea así. Hace unos días, dos blogueras pidieron algunas aclaraciones y llegaron a ser calificadas como haters.

Realmente, ser finalista o no es lo de menos. No negaré que me hacía ilusión llegar ahí. Le dedico a este blog muchas horas de trabajo y a nadie le amarga un reconocimiento. Pero hubiera sido feliz con una quinta posición si las cosas se hubieran desarrollado de otro modo. Pero está claro que para obtener reconocimiento en una comunidad como Madresfera es necesario callar, seguir la opinión dominante y, si se tercia, regalar algún que otro oído.

Pues bien, yo elijo no seguir ese método. Mis padres me han inculcado desde la cuna que defender tu postura desde el respeto no te lleva lejos, pero te hace sentir bien cuando te miras al espejo (lo siento padres míos, otra vez soy víctima de estos valores). Hoy mi blog, mi trabajo y mi nombre se han visto señalados. Creo que  ocupaba ese puesto por méritos propios, que mis seguidores, amigos y familiares habían conseguido llevar a Una madre legal hasta allí (Madresfera me ha dado un número de votos válidos que me consta habéis superado con creces…). Y si me callo, estaré fallando a todo el que ha dedicado su tiempo a votarme.

Además, no soporto que me hable de justicia para todos los blogueros una comunidad que tiene en el puesto más alto de su ranking a un blog acusado de plagio. Y tampoco puede hablarme de honestidad quien permite que una de sus cabezas visibles haga comentarios inapropiados sobre el Alzheimer o los abusos sexuales.

Reproducción asistida

Cómo afrontar la cancelación de un tratamiento

Siempre suelen nombrarse los malos diagnósticos, los negativos, los abortos, los nervios de la betaespera… cuando se habla de los momentos más difíciles en reproducción asistida. Pero la cancelación de un tratamiento es, según mi experiencia, igual de duro que todo lo anterior y siempre tengo la percepción de que no se habla tanto de ello.

Me imagino que los motivos por los que la cancelación de un tratamiento puede afectarnos tanto anímicamente son tan variados como pacientes existen. Pero a partir de mi experiencia y de lo que me han transmitido otras mujeres que han pasado por lo mismo, creo que los más comunes son los siguientes:

  • Pensamos que es una oportunidad perdida. ¿Y si este era el tratamiento definitivo? ¿Y si era mi mes? Éstas son preguntas que nos repetimos una y otra vez. Es algo que carece de toda lógica. Es obvio que un tratamiento que se cancela no va bien, pero cuando estás metido en el ajo no todo se ve tan claro.
  • Un tratamiento cancelado es una fuente de incertidumbre. Significa que ha fallado el plan inicial trazado por un profesional que tiene más que claro lo que debe hacer con cada paciente. Por eso nos inquieta mucho no saber qué ha ocurrido, si volverá a pasar y cómo actuar si la historia se repite.
  • Iniciar un tratamiento implica invertir recursos, tanto económicos como físicos, sea cual sea el final del mismo. Una mujer a la que cancelan un tratamiento de Fecundación in Vitro antes de la punción puede haber gastado ya en torno a 1000€ en medicación. Pensar que esa inversión no ha servido para nada puede acabar menguando la ilusión con la que se enfrente a un próximo tratamiento.
  • Y si todo lo anterior no fueran ya suficiente malo, tras una cancelación hay que afrontar un periodo de inactividad en el que nuestra cabeza no para un segundo.

Mi experiencia

No me libré de la cancelación de un tratamiento durante mi etapa en reproducción asistida. La fase de estimulación en mi primera IAD había durado 13 días y sólo se había conseguido un folículo de tamaño adecuado (según me dijeron, lo ideal para este tipo de tratamiento eran dos). Por ello, se aumentó levemente la dosis de medicación para el segundo intento.

Estaba segurísima de que en esa ocasión conseguiría el positivo. Las posibilidades de embarazo no eran mayores a las de la inseminación que había hecho en el ciclo anterior ni a la que haría posteriormente, pero estaba con la positividad a tope. Quizás por eso me lleve un palo tan grande… Y es que en el segundo control ecográfico se vió que esta vez el cuerpo había trabajado demasiado. Había muchos folículos de tamaño similar y mi médico decidió cancelar por riesgo de embarazo múltiple.

Me pillé un berrinche tremendo y pasé horas encerrada en mi habitación llorando. Aún hoy sigo pensando que, a excepción del aborto, este fue el momento más duro que viví en reproducción asisitda. Mucho más que las betas negativas. El siguiente tratamiento lo empecé ya bastante apática, imagino que por miedo a que ocurriera lo mismo. No lo disfruté en ningún momento y, cuando supe que era otro negativo, decidí que las inseminaciones habían acabado para mí.

¿Que aprendí de aquello?

Antes de iniciar los tratamientos reconozco que siempre pensaba que los pacientes dramatizaban demasiado, que esos contratiempos no eran para tanto y que yo no lo pasaría tan mal. Pero bien pronto descubrí que no era distinta a los demás. También sentía la terrible necesidad de buscar culpables, de encontrar respuestas que no existían… En aquellos momentos la irracionalidad me nubló el juicio.

Ahora, desde la distancia, tengo claro que ningún médico quiere cancelar un tratamiento. Lo primero para ellos es el bienestar del paciente y, si toman la decisión de cancelar, es porque es lo mejor para nosotros. Recordad que la confianza con nuestro médico es un pilar fundamental en reproducción asistida, así que es importantísimo que sigamos sus indicaciones. Por ejemplo, si os dicen que no mantengáis relaciones sexuales sin protección, es porque existen riesgos para un embarazo en ese ciclo. No tentéis a la suerte.

También me he dado cuenta de que un tratamiento cancelado no es tiempo perdido. De todo se aprende y ese tratamiento habrá aportado una información muy valiosa para vuestro médico. Seguramente en un próximo intento pueda ajustar todo lo necesario para buscar un resultado distinto. Esto es mucho mejor que ir a ciegas.

Y, por último, lo más difícil. Hay que tener paciencia. Estar distraídos hasta comenzar un nuevo ciclo será probablemente lo que más os ayude. Cargaos de pensamientos positivos y mantenedlos en cada tratamiento. En caso contrario, cuando llegue el definitivo, podréis sentir cierta pena por no haberlo vivido con más ilusión.

Si estás leyéndome después de haber pasado por alguna situación parecida, probablemente pienses que es muy fácil decirlo cuando ya has conseguido el objetivo. Y probablemente llevéis razón. Pero eso no lo convierte en menos cierto.

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No es lo mismo parto vaginal que natural

Desde que empecé a tener relación con el mundo de la maternidad, observé que este era un tema sensible en el que los nervios están a flor de piel y sólo hace falta una palabra para que una mujer se sienta juzgada. Pero esto no hace que las personas sean cuidadosas, sino que los ataques a los distintos modos de proceder se recrudecen. Y lo más peligroso es que a veces se transmite la idea de que tu valor como madre es inversamente proporcional al sufrimiento o sacrificio que la maternidad te haya exigido. Es lo que yo llamo ser madre o ser MADRE.

Estos serían algunos ejemplos:

  • Si tuviste un embarazo asintomático, eres madre. Si te pasaste más de tres meses vomitando, tuviste ardores, a penas podías dormir y tus piernas no tenían nada que envidiarles a las de un elefante, eres MADRE.
  • Si tu hijo duerme toda la noche, eres madre. Si por el contrario se despierta cada hora y media, eres MADRE.
  • Si tu hijo abre la boca al ver una cuchara, eres madre. Si te pasas la tarde retirando restos de brócoli de tu cabeza, eres MADRE.
  • Si no te costó un gran esfuerzo instaurar la lactancia materna, eres madre. Si tus pechos sangraban por las grietas y has aguantado varías mastitis, eres MADRE. Si has dado biberón, eres una descendiente de Satán pero ese es otro tema.

Como os podéis imaginar, con el tipo de parto la cuestión se agudiza. El parto natural cotiza al alza. No solo te eleva a la categoría de MADRE, sino también a la de MUJER. Porque no solo tenemos que pasar dolor, sino disfrutar de él ya que forma parte de nuestra naturaleza. Sinceramente, esto último me parece absurdo. No voy a entrar a hacer un alegato a favor o en contra del uso de los fármacos porque, en primer lugar, considero que es una cuestión que atañe únicamente a la parturienta y, además, porque no es el objeto del post.

A donde quiero llegar es al fenómeno que lleva a muchas mujeres a equiparar erróneamente el parto vaginal y el parto natural, y que aprecio últimamente con mayor frecuencia.  A veces tiendo a pensar que no existe tal equivocación sino que la elección de la nomenclatura responde al afán de subirse al carro del parto natural. Pero soy consciente de mi naturaleza desconfiada, así que lo más probable es que realmente exista un verdadero desconocimiento acerca de los tipos de parto que pueden existir.

Un parto puede recibir muchas denominaciones en función del momento de la gestación en que se produzca, la forma en que se inicie, el lugar donde se lleve a cabo, etc. Pero la distinción más habitual es la que se establece en función de la vía de nacimiento. Un parto por cesárea es aquel en el que el bebé nace gracias a una intervención quirirgica abdominal. Esto no suele generar confusión. Antes solía escucharse más el término cesárea vaginal para referirse a la episiotomía, pero en la actualidad no son muchas las mujeres de mi entorno que usan esas palabras.

Lo que parece no estar tan claro es que el antónimo de cesárea no es parto natural. Un parto que no se produce por vía abdominal lo hará necesariamente por vía vaginal. ¿Pero es parto vaginal lo mismo que parto natural? No, no lo es. Un parto natural es aquel en el que la intervención médica queda limitada a la supervisión del bienestar de la madre y del bebé. El parto se desarrolla, como el propio nombre indica, de manera natural respetando los ritmos y necesidades de la mujer que va a dar a luz.

En un parto natural, por tanto, no se administrará nunca oxitocina para desencadenar o acelerar las contracciones. Tampoco se usarán medicamentos para controlar el dolor que éstas pudieran causar. Ni se realizará una episiotomía o se utilizará instrumental para favorecer la salida del bebé. En el momento en que éstas u otras intervenciones tienen lugar, el parto dejará de considerarse natural y adoptará otro nombre según las circunstancias. Será algo distinto, ni mejor ni peor.

¿Pediste la epidural a gritos porque no estabas dispuesta a aguantar un solo dolor? Bien por ti. No tuviste un parto natural, pero eso no significa nada. Aquella mujer que soportó cada contracción no es mejor que tú. Tampoco peor. Vuestro proceso fue distinto y eso no significa nada. Pero no desprecies a otra por haber tenido una cesárea, no digas que no ha parido, no frivolices acerca de su proceso… Porque tú no eres mejor que ella. Tampoco peor. Vuestros procesos fueron distintos y eso no significa nada ¿Verdad?

Reproducción asistida

¿Y si se enamora de su hermano?

La revelación de los orígenes es un tema controvertido en reproducción asistida. Muchos pacientes que tienen que recurrir a la donación de gametos o embriones para ser padres deciden ocultar ese hecho a sus hijos. Incluso en el caso de que los padres decidan compartir la información, no contarán más que con algunos datos genéricos del donante que hizo posible su nacimiento. Es habitual que esto genere preocupaciones como, por ejemplo, la de que nuestro hijo padezca una enfermedad y no podamos responder las preguntas de los médicos respecto a antecedentes familiares.

Pero hay una pregunta que me sorprendió muchísimo la primera vez que la escuché: ¿Y si se enamora de un hermano? No es que nunca se me hubiese ocurrido, pero tampoco me pareció algo a lo que darle importancia. Sin embargo, seguí escuchando y leyendo esa frase muchas veces más. Por eso decidí escribir sobre ello, y no se me ocurre mejor momento para publicar el post que la semana en la que el amor es el gran protagonista.

Lo primero que quiero aclarar es que, siguiendo el razonamiento que he expuesto en otras ocasiones, no considero que mi hija tenga hermanos. Eso implicaría que tiene el mismo padre o madre que otra persona, y no asocio a los donantes con ninguna de esas dos figuras. Por lo tanto, Daniela sólo tendrá hermanos el día que yo tenga otro hijo. Pero hay personas que no comparten este punto de vista y sienten que sólo por compartir genética se establece una relación de parentesco. Es por eso por lo que aquí estoy empleando ese término.

¿Cuál es la probabilidad de que personas que comparten donante se conozcan?

No lo sé, y dudo que alguien pueda calcularlo. La Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida establece en su artículo 5.7 que «el número máximo autorizado de hijos nacidos en España que hubieran sido generados con gametos de un mismo donante no deberá ser superior a seis«. La responsabilidad del cumplimiento de este límite se reparte entre dos figuras:

  •  Los donantes deberán declarar en cada donación si han realizado otras previas, así como las condiciones de éstas, e indicar el momento y el centro en el que se hubieran realizado dichas donaciones.
  • Cada centro o servicio que utilice gametos de donantes será el responsable de comprobar de manera fehaciente la identidad de los mismos, así como, en su caso, las consecuencias de las donaciones anteriores realizadas en cuanto a la generación de hijos nacidos previamente.

¿Pero cómo pueden cumplir los centros con esa exigencia? La Ley prevé la existencia del Registro nacional de donantes. En él se inscribirían los donantes de gametos y preembriones, los hijos nacidos de cada uno de los donantes, la identidad de las parejas o mujeres receptoras y la localización original de unos y otros en el momento de la donación y de su utilización. El problema es que, a pesar de los años transcurridos, no se ha sabido nada de este Registro hasta hace bien poco. Y a las clínicas no le queda otra alternativa que la de confiar en la palabra de los donantes. En consecuencia, no pueden asegurar que el límite de seis niños nacidos gracias a un mismo donante se haya respetado.

¿Me preocupa esa posibilidad?

La verdad es que ni lo más mínimo. De hecho, como he dicho antes, me sorprende que para algunas personas sea una preocupación real. En lo que respecta a las relaciones humanas, suelo defender que todo lo que elijan personas adultas y libres para si mismas me parece bien. No tengo la mente tan libre de prejuicios como para que el incesto me parezca normal, aunque tampoco me atrevería a condenarlo. Pero es que el caso que estamos imaginando no llega ni por asomo a esa categoría.

Aunque lo considero improbable, voy a imaginar que dos desconocidos se enamoran y posteriormente descubren que hay una relación de consanguinidad entre ellos. Por mucha carga genética que puedan compartir no son hermanos. No se han criado como tal ni han comenzado una relación estando condicionados por esa circunstancia. ¿Qué es lo que tendría que preocuparme?

Además, tampoco es que las personas ajenas a la reproducción asistida estén exentas de riesgo. ¿Todos podéis poner la mano en el fuego por vuestras parejas? ¿Y por vuestros padres? ¿Quien os asegura que no tenéis vosotros mismos hermanos de los que desconoceis su existencia? La posibilidad existe, y no creo que nadie vaya pidiéndole a su pareja una prueba de consanguinidad para descartarla.

Las personas debemos centrarnos en vivir, sin preocuparnos por supuestos algo disparatados e improbables. Si algún día mi hija se enamorara de un «hermano» genético y nunca lo descubriera, su vida seguiría exactamente el mismo curso que si no lo fuera. Y si llegara a enterarse, espero que le diera a esa coincidencia tan poca importancia que no condicionara su relación. Porque por encima de todo, lo que deseo es que mi hija sea feliz. Creedme, me preocupa mucho más que algún día se vea inmersa en una relación tóxica. Eso es más grave y, por desgracia, mucho más frecuente.

¿Vosotros os habéis planteado en alguna ocasión este tema? ¿Os preocupa? Estaré encantada de leer vuestras opiniones.

Maternidad

Regalos que no existieron… y decepciones que no lo fueron tanto

Soy muy afortunada. Tengo la inmensa suerte de haber podido permitirme todo aquello que deseaba para mi hija a pesar de no tener una economía holgada. Siempre tuve claro que tendría que ser así. Con mi decisión de ser madre soltera, eliminé de un plumazo la posibilidad de compartir cargas con otra persona. Y mi familia no es tan grande ni cuenta con una capacidad económica extraordinaria para asumir grandes gastos.

Por eso cuando me quedé embarazada no conté con nada que no pudiera conseguir por mis propios medios. Aún no había cumplido la semana 12 de embarazo cuando encargué el cochecito para Daniela. Y para la mitad de la gestación, prácticamente ya no tenía nada que comprar. Por supuesto los regalos por parte de familiares y amigos también fueron llegando. Algunos muy generosos, otros cargados de cariño… A todos los que os acordasteis de mí y de la peque, os mando desde aquí un beso enorme.

Y es que esa es la grandeza de los regalos. Que existan o no son suficientes para hablar de cómo te ven las personas. Yo nos los pedía, no los necesitaba, pero me ilusionaba muchísimo recibirlos. Que una persona trajera un detalle significaba que mi hija o yo le importábamos lo suficiente como para ser educado. Quien no se dignó a comprar unos tristes patucos, me dejo claro hasta que punto le era indiferente y me enseñó como debía actuar cuando las tornas cambiaran.

Hasta ahí todo bien. Me gusta que las cartas estén bocarriba. A quien no se esconde poco puedo reprocharle. Pero hubo un tercer grupo, el de los que se anunciaron para luego no aparecer. Ellos jugaron con la ambigüedad de las palabras, con las normas sociales que impiden pedir el regalo prometido, con el tiempo y la distancia… Ellos no fueron claros, pero yo sí voy a serlo.

El primer caso que voy a contar ocurrió cuando aún estaba embarazada. Una amiga me preguntó si ya tenía la trona para Daniela. Por lo que recuerdo, había visto un modelo vintage de madera que le encantaba. Se lo agradecí, pero decliné el ofrecimiento porque ya le había comprado una trona a Daniela. Bromeamos con la posibilidad de que le comprara un coche, y la conversación acabó con algo similar a “es una pena porque ese regalo me encantaba, pero encontraré otra cosa”. A día de hoy, Daniela está a punto de cumplir trece meses. No sólo no he visto ese regalo alternativo, sino que mi amiga aún no ha recorrido la escasa hora en coche que separa su ciudad y la mía para conocer a mi hija. De hecho, acabo de comprobar que estas navidades le mandé un mensaje felicitando las fiestas, lo leyó al poco tiempo y no me contestó. Misterios de la vida…

Una vez que di a luz, vinieron las siguientes situaciones curiosas. Un familiar se creyó con la suficiente confianza como para ir de visita al hospital. Ahí estaba yo, con unos dolores de entuerto que me tenían molida y tendida en una cama recibiendo visitas. Me sorprende que quien se cree con derecho de incordiar a una mujer a la que han realizado una cesárea apenas 48 horas antes, no haya vuelto a dedicar cinco minutos de su tiempo en hacer una visita o una llamada telefónica para interesarse por mi hija. De regalo ya ni hablamos…

Y luego está el tercer caso, que realmente es el que menos me importa pero el que más me llama la atención por su reiteración. Un amigo, que más bien lo es de otros familiares y no mío, ha anunciado en dos ocasiones regalos que finalmente no ha hecho. En primer lugar, la silla de seguridad para el coche y, hace tan sólo unas semanas, un regalo con motivo del primer cumpleaños de Daniela. Y aquí es cuando me da por pensar ¿la gente me está tomando por tonta? Un desliz puedo obviarlo, que no olvidarlo, pero hacer dos veces lo mismo y esperar que no haya reacciones…

Estoy cansada de que la gente se aproveche de convencionalismos para echarle morro a la vida. He pensado mucho si me compensaba publicar este post, y reconozco que no me son indiferentes las consecuencias que pueda tener. ¿Pero por qué tengo que callar para no molestar a quien no mostró el más mínimo decoro? También estoy harta de escuchar “olvídalo, sus regalos no te han hecho falta para nada”. Parece que lo políticamente correcto es decir que los regalos no nos importan. El valor material de los regalos me da igual, pero lo que las personas expresan a través de ellos me importan. Y mucho.

Así que mi conclusión es la siguiente: no prometas nada que no vayas a cumplir. Tu imagen quedará a salvo y la otra parte no pensará que la estás tomando por idiota. Y si la parturienta o la recién nacida no te importan lo más mínimo, no metas tus narices en la habitación del hospital. ¡Cotilla!

Colaboraciones

SuperMami Bloguera

Desde hace unas semanas, soy una SuperMami Bloguera de Nestlé. Eso significa que podré disfrutar de algunas ventajas exclusivas, como la posibilidad de probar nuevos productos o asistir a eventos organizados por la empresa. Anteriormente ya había tenido la oportunidad de probar la leche de continuación en polvo Nidina 2 Premium gracias a la iniciativa mensual #VocesNestléBebé y la experiencia fue muy positiva. Por eso me puse muy contenta cuando, a modo de bienvenida, recibí en casa un lote de productos para probar. Os cuento con total sinceridad que nos ha parecido.

nESTLE

LECHES CON CEREALES Y DE CRECIMIENTO

Nestlé Pijama Leche y cereales con un 80% de leche de continuación y el 18% de cereales, está indicada para bebés a partir de los seis meses. Se vende en un pack de dos bricks de 250 mililitros. La textura me pareció excesivamente densa, más propia de una papilla que de un preparado para biberón. Mi percepción puede deberse a que nunca he añadido más de un par de cazos de cereales a la leche. Para que el biberón tuviera una densidad más similar a la habitual, añadí un poco de leche de crecimiento. En cuanto al sabor, Daniela no hizo ningún gesto de desagrado. Se tomó su biberón de 210 mililitros con la misma celeridad que de costumbre, y eso que había cenado sólo un rato antes

En cuanto a las leches de crecimiento, Nestlé distingue entre aquellas recomendadas a partir del año y de los dos años. Para cada edad podemos encontrar, además de la variedad original, leche con sabor a cereales o galletas maría en formato de un litro. También podemos optar por un pack de tres cómodos bricks de 200 ml con cañita, aunque este formato sólo está disponible para NESTLÉ JUNIOR Crecimiento 1+ según he visto en la web.

Aunque la variedad que he probado (Nestlé Junior Crecimiento 1+ Original) me ha gustado, lo cierto es que no creo que alargue su uso mucho tiempo. Mi intención es usar la leche de crecimiento sólo para hacer una pequeña transición entre la leche de continuación y la de vaca que consumimos los adultos. Pero si decidís alargar el consumo de productos específicos para bebés, puede resultaros interesante conocer esta información.

GALLETAS

¡¡Me encantan estas galletas!! No las he probado más allá de algún trozo chuperreteado que haya dejado Daniela, pero son tan apetecibles en cuanto se abre el paquete… Como cualquier producto de este tipo, su presencia en la alimentación del bebé debería ser residual. En casa sólo le damos una a Daniela de vez en cuando, y siempre tras su merienda principal. De hecho, aún nos quedan galletas del primer paquete que compramos y, además de ella, también las ha catado mi sobrino.

Las Nestlé Galletitas, a partir de los seis meses de edad, se presentan en un paquete de 180 gramos. Pero la correcta conservación está garantizada gracias a que el contenido se distribuye en cuatro bolsitas de ocho galletas cada una. Según las indicaciones del fabricante, las galletas son perfectas para tomar a partir de los seis meses disueltas en el biberón o puré, y a partir de los diez meses como una galleta convencional. Dado que Daniela tenía dientes con sólo cuatro meses y estas galletas son blanditas en cuanto las toca la saliva, nosotros nunca las hemos utilizado del primer modo.

Las Nestlé PequeGalletas, a partir de los doce meses de edad, se presentan en una bolsa de 180 gramos con autocierre para una adecuada conservación. Este producto aún no lo hemos probado ya que Daniela acaba de cumplir un año y prefiero agotar las existencias de Galletitas antes de introducir estas. Por lo que intuyo por el dibujo y la descripción del producto, son unas galletas con mayor similitud a las clásicas María pero adaptadas al tamaño de las manos de un bebé.

POSTRES LÁCTEOS

Estos son probablemente los productos que más me gustan del pack. En casa los hemos comprado desde que Daniela comenzó con la alimentación complementaria. Quería asentar desde el principio el hábito del postre. Por eso ofrecía a Daniela fruta, leche o, de manera ocasional, un poco de yogur tras la comida principal.

Poco a poco fuimos probando todos los sabores. Daniela siempre ha preferido el Yogolino natural. Entre las demás variedades hacía poca distinción, aunque quizás demostraba menos entusiasmo con los sabores de natilla y petit. Pero en general, todos le gustan muchísimo.

En cuanto a los formatos, sin embargo, no hemos diversificado tanto en nuestras compras. Siempre hemos optado por el pack de cuatro tarrinas de 100 gramos. A mí particularmente es la opción que más me convence. Es cierto que Daniela no se tomaba el yogur entero cuando tenía seis meses, pero tapando bien el yogur y conservándolo en el frigorífico aguanta perfectamente hasta el día siguiente.

No negaré que el formato de Yogolino mini es perfecto para esas edades. Sus seis tarrinas de 60 gramos contienen una cantidad ajustada a las necesidades del bebé, y no tener que guardar la tarrina para consumirla pronto es un plus de comodidad. Pero lo cierto es que a mí nunca me ha compensado pagar más por ello.

Las bolsitas Yogolino es otro de los formatos en los que prima la comodidad. Tampoco las había comprado nunca, aunque sí las había probado gracias a algunas muestras incluidas en canastillas. Es un producto ideal para esos momentos en los que la merienda te pilla de manera imprevista fuera de casa. No necesita refrigeración, ni cuchara, ni babero…

CEREALES

Los cereales son uno de esos productos que ya había probado antes de recibir este lote. No me gusta abusar de ellos, pero suelo añadir un par de cazos al último biberón del día. Las variedades que Nestlé nos ha enviado son las de 8 cereales con miel y 8 cereales con yogur en el clásico formato de 600 gramos. De ellos poco puedo decir más allá de que disuelven bastante bien en la leche. Lo cierto es que es un producto muy explorado por las marcas de alimentación infantil y, salvo en aquellos casos en los que se está trabajando por reducir el porcentaje de azúcar, la diferencia entre unas y otras es mínima.

PURÉS NATURNÉS

Los potitos en general no me gustan. La comida de Daniela siempre ha sido casera y nunca ha llegado a estar completamente triturada. Aproveché que en el momento de comenzar la alimentación complementaria ya contaba con ocho dientes para introducir desde el primer momento los ‘trocitos’. Sin embargo, siempre estuve convencida de dar puntualmente un tarrito preparado. Había escuchado que los bebés que no están acostumbrados a ellos no los toleran cuando intentas dárselos más adelante, y yo no quería verme en esa situación si algún día mi única opción era este tipo de productos. A pesar de esto, tengo que decir que el olor y la textura de los purés Naturnés me agradan más que los de otras marcas.

Podemos encontrar gran variedad de sabores y de formatos. Esto último es lo que más me gusta ya que a veces he usado tarros demasiado grandes y tenía que dejarlos abiertos para consumirlos al día siguiente. Los purés Naturnés se pueden encontrar tanto en tarros de 250, 190 y 130 gramos, así como en bolsitas de 90 gramos.

Por último, me gustaría destacar que mucho de los productos que se han nombrado, como las leches Nestlé Junior Crecimiento, las PequeGalletas, las papillas de cereales y los purés Naturnés, no contienen aceite de palma. Si bien esto es un pequeño paso, al menos reflejas que las marcas sienten la necesidad de adaptarse a las demandas crecientes de sus consumidores.

Y hasta aquí el post de hoy. Ha quedado un poco largo, pero es que el lote era enorme y no quería dejarme nada sin comentar. Sé que estos productos son venerados por unos y aborrecidos por otros. Estaré encantada de leer opiniones respetuosas de ambos sectores si decidís compartirlas conmigo.

Personal

50 cosas (casi) inconfesables #ConócemeMejor

El post de hoy es algo especial. Desde el grupo de Facebook “Más que padres/madres” se nos retó a contar cincuenta cosas sobre nosotros. Aquí tenéis mi aportación. Espero que os ayude a conocerme un poco mejor y no os resulte demasiado aburrido.

1-. Nací en Sevilla, pero vivo en un pueblo situado a unos 30 kilometros.

2-. Durante cinco años, viví en Sevilla capital.

3-. Me independicé al entrar en la universidad, pero la vida y la crisis me trajeron de vuelta a casa.

4-. Me encantaría vivir en Madrid porque las grandes ciudades me flipan.

5-. Siento devoción por París, pero no domino el francés por lo que ni siquiera sueño con vivir allí.

6-. Tengo las licenciaturas de Derecho y Ciencias políticas y de la Administración.

7-. Y un máster en Criminología y Ciencias forenses.

8-. Estuve a punto de comenzar el doctorado, pero ser consciente de la mierda que se mueve en los departamentos de las universidades me quitó las ganas.

9-. Me gustaría estudiar algo relacionado con las ciencias de la salud, pero de momento me conformo con leer algún que otro artículo.

10-. Mi asignatura pendiente son los idiomas.

11-. Mis aficiones son muy normales. Me gusta leer, escuchar música, el cine…

12-. Mi libro favorito es Orgullo y prejuicio, de Jane Austen.

13-. Me encanta la adaptación que hizo la BBC en 1995 (serie de televisión) y creo que podían haberse ahorrado la película de 2005.

14-. Mis películas favoritas son El diario de Bridget Jones y Titanic.

15-. Mi actor favorito es Colin Firth. No descarto que los puntos anteriores estén condicionados por este hecho.

16-. Me encanta el ballet y el teatro. Pero Sevilla no tiene la agenda cultural de otras grandes ciudades…

17-. Soy tremendamente maniática.

18-. Tengo apuntado todo lo que mi hija ha comido en su primer año de vida y la hora en que lo hizo.

19-. También soy muy perfeccionista.

20-. Por eso tardo 7 horas de media en acabar un post para el blog.

21-. Me encantan los artículos de papelería, pero no los uso como me gustaría porque me da pena ‘estropearlos’.

22-. También me encanta la ropa y tengo un armario envidiable.

23-. Pero siempre uso los peores vaqueros que tengo y un par de camisetas porque no me gusta que las prendas cojan olores.

24-. Con los zapatos me pasa algo similar. Me encantan y tengo al menos diez pares sin estrenar en el armario.

25-. ¿Por qué no los estreno? Soy una destroyer. Zapato que me pongo, zapato que muere de manera dramática un par de semanas después.

26-. No me gustan las joyas, pero tengo una sortija de oro blanco y zafiro que es mi perdición.

27-. Tengo tres tatuajes: uno en el hombro, otro en la muñeca y un ratón con el nombre de mi hija en el brazo.

28-. Los piercing no me gustan. En plena adolescencia me hice otro agujero en la oreja y acabé dejando que se cerrara.

29-. Las dilataciones me dan asquete.

30-. Llevo el pelo corto.

31-. Antes tenía melena, pero tuve que raparme para pasar por quirofano y descubrí que la vida así era más fácil.

32-. No se maquillarme. Mis problemas de vista y mi pereza infinita me han limitado en este aspecto.

33-. No me gusta la playa. Siento asquito por las algas y demás cosas del agua, y me da mucha pereza la arena.

34-. Pero adoro las piscinas. Sobre todo si están en un hotel con régimen de Todo Incluido.

35-. Y es que para mí hay dos tipos de vacaciones: las culturetas y las relajantes.

36-. No concibo combinarlas en un mismo viaje.

37-. No me gusta viajar en modo mochilera. Por eso no puedo conocer tantos lugares como me gustaría.

38-. Y es que, salvo excepciones, no contemplo hoteles de menos de cuatro estrellas.

39-. Sin embargo, uno de mis propósitos vitales es hacer el Camino De Santiago.

40-. Y en mis viajes a París he dormido en los cuartos de baño de los hoteles.

41-. Dormí durante todo mi embarazo en un colchón tirado en la cocina de casa.

42-. No tengo ni tendré carnet de conducir.

43-. Por eso he tenido que aprender a disfrutar del transporte público, a pesar de la mala educación de algunos usuarios.

44-. Soy adicta al chocolate con leche. El blanco y el negro no me gustan.

45-. Pero si me tengo que comer una tarta de tres chocolates, no pongo reparos.

46-. Me encantan los osos panda y los cerdos.

47-. Uno de mis peluches de oso panda mide 1,50m.

48-. Y también tengo una hucha de cerdo que pesa más de 8 kilos (vacía).

49-. Una de las cualidades que más aprecio en las personas es la coherencia.

50-. Pero nunca he encontrado a alguien que lo sea al 100%. Yo misma he caído en varias contradicciones en este post.

¿Qué os ha parecido? ¿Hay algo que os haya resultado curioso o digno de mención? Podéis decírmelo en comentarios. Estaré encantada de leer vuestras impresiones.

Reproducción asistida

El anonimato del donante

Hace dos semanas me tocó leer otro de esos artículos periodísticos de tufillo conservador y rigor inexistente que sólo buscan perpetuar la imagen distorsionada que la gente ajena a la reproducción asistida tiene de ella. Mi primer pensamiento fue el de escribir un post de respuesta como he hecho en otras ocasiones, quizás lo hubiera hecho si hubiera estado en condiciones de sentarme frente a un ordenador. Pero una vez superado el enfado inicial pensé que, teniendo en cuenta que el texto había sido escrito por un “profesional” que probablemente buscaba su minuto de gloria o un nuevo contrato en alguno de los medios más rancios de nuestro país, decidí que no voy a contribuir en nada a su difusión. Me parece más constructivo seguir hablando de la reproducción asistida de verdad, con sus luces y sus sombras, y no de la que algunos personajes retrógrados quieren dibujar.

La donación de gametos o preembriones es un tema que da para varios post. Por algún lado hay que empezar y yo voy a hacerlo hablando del anonimato de los donantes. Este es un tema recurrente en cualquiera de las conversaciones sobre reproducción asistida que mantengo, tanto con personas ajenas a estos tratamientos como con receptoras de alguna donación. En el primer caso, lo que hay es curiosidad acerca de un tema que se desconoce y del que hay mucho mito y desinformación circulando.

¿Cuál es la regulación?

La Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida es muy clara en este tema al establecer en su artículo 5.5 que “la donación será anónima y deberá garantizarse la confidencialidad de los datos de identidad de los donantes por los bancos de gametos, así como, en su caso, por los registros de donantes y de actividad de los centros que se constituyan”.

Seguidamente reconoce el derecho de los hijos nacidos gracias a donación y de las receptoras de gametos y preembriones “ a obtener información general de los donantes que no incluya su identidad”. En algunas clínicas, esta información general incluye el peso, la altura, color de ojos, número de hijos nacidos a otras donaciones, etc. En mi clínica eran más restrictivos y la única información de los donantes que comparten es la edad y el grupo sanguíneo.

De manera excepcional “en circunstancias extraordinarias que comporten un peligro cierto para la vida o la salud del hijo o cuando proceda con arreglo a las Leyes procesales penales, podrá revelarse la identidad de los donantes, siempre que dicha revelación sea indispensable para evitar el peligro o para conseguir el fin legal propuesto”. La revelación de la identidad en estos supuestos tendrá además “carácter restringido y no implicará en ningún caso publicidad de la identidad de los donantes”.

¿El donante anónimo es entonces la única opción? Sí, al menos en las clínicas en territorio español. Si se quiere conocer la identidad del donante, habrá que trasladarse a alguno de los países que contemple esa modalidad en su regulación. También existe la posibilidad, algo disparatada en mi opinión, de adquirir una muestra de semen a través de un banco internacional. Esta puede ser una opción para mujeres que opten por no realizar sus tratamientos en un centro de reproducción asistida.

¿Qué opino yo sobre el tema?

Me gusta el sistema que rige en España y, si hubiera existido la posibilidad de elegir, hubiera optado igualmente por un donante anónimo. No creo que con ello pretenda restar visibilidad o infravalorar la figura del donante. ¿Cómo podría hacerlo cuando gracias a su existencia he sido madre? Pero tampoco estoy dispuesta a darle más importancia de la que para mí tiene.

Sin menospreciar la importancia de la genética, no creo que este tipo de donación tenga un significado muy distinto a la de sangre, médula u órganos. Para mí todas estas donaciones le aportan al receptor algo que necesita para llevar adelante un tratamiento. Pero una vez conseguido el fin, el donante no es más que una figura digna de reconocimiento y agradecimiento. Si pensara de otro modo, es muy probable que no hubiera dado el paso de convertirme en madre soltera por elección. Nunca podría privar conscientemente a un hijo de una figura que considerara irremplazable y necesaria para su desarrollo personal.

Entiendo que haya gente que no comparta mi opinión. Algunas personas han llegado a discutirme incluso que mi hija sí tiene padre. Para mí la paternidad y la maternidad no tiene nada que ver con espermatozoides, óvulos o gestaciones. Tampoco creo que la genética condicione irremediablemente nuestra forma de ser o actuar. Y estas ideas son las que intentaré transmitir a mi hija. Confío en que ella comparta mi razonamiento porque, en caso contrario, podría frustrarse ante la falta de información que nunca podrá obtener.

Ésta es una cuestión muy personal. Hace unas semanas otra madre soltera por elección me comentó a través de Instagram que para ella era muy importante que el donante no fuera anónimo, y conocer su punto de vista resultó muy enriquecedor. Por eso estaré encantada de leer cualquier experiencia u opinión que me hagáis llegar.

 

Colaboraciones

Bautiza una estrella con Etoilez-moi

¿Se acerca San Valentín y aún no has encontrado un regalo para tu pareja? ¿Ha llegado un nuevo bebé a la familia y no sabes que regarle a sus padres? ¿Quieres tener un detalle especial con un ser querido? Si la respuesta a alguna de estas preguntas es sí, puede que en el post de hoy encuentres una opción que te convenza.

Bautizar una estrella

La empresa Etoilez-moi ofrece la posibilidad a sus clientes de bautizar una estrella con el nombre que elijan y que dicho acto quede registrado en los archivos del International Celestial Repertory, creado en 1980. Este acto está cargado de simbolismo. Todos sabemos que las estrellas no se pueden comprar ni ningún sujeto puede apropiarse de ellas. Además, tal y como se describe en las condiciones generales de venta, este bautizo no tiene carácter oficial ya que las inscripciones se realizan en un registro de estrellas privado.

El proceso para bautizar una estrella es realmente sencillo. Tan sólo hay que acceder a la página web de Etoilez-moi, seleccionar el pack que más os guste y rellenar un cuestionario muy básico. Los datos que tendréis que introducir son los siguientes: nombre con el que queráis bautizar la estrella, fecha que deseéis que aparezca  en  el certificado y constelación preferida. Una vez completados todos los datos, sólo tendréis que completar el pago a través de Paypal o introduciendo los datos de una tarjeta de crédito.

La opción más económica es la del pack Estrella Fugaz (24,90€). Tras realizar el pedido, recibirás en 24 horas un correo electrónico con el certificado de registro de la estrella bautizada, el mapa del cielo para localizarla, la ficha de la constelación elegida y un poema personalizado. El pack Mi Estrella (39€) es ideal si sois más tradicionales y queréis estos documentos en soporte físico. Esta es la opción clásica, pero podréis personalizarla de múltiples formas (añadiendo un colgante, enmarcando el certificado, etc.). Existen otros packs pensados para ocasiones especiales. Por ejemplo, el pack Estrellas Gemelas (65€) permite bautizar a la vez dos estrellas cercanas.

Mi experiencia

Ya conocía los servicios de esta empresa gracias a las opiniones de otras blogueras. Cuando se presentó la oportunidad de probarlos de primera mano, me hizo ilusión darle a una estrella el nombre de mi hija en el día en que celebraba su primer cumpleaños. Y es que gracias a Etoilez-moi he podido disfrutar de un pack Estrella Fugaz.

Recibí el mensaje en mi correo electrónico unas horas después de proporcionar los datos para el registro de la estrella. En ese mensaje se incluía un link desde el que se podían descargar los documentos. Lo primero que hay que tener en cuenta es que la descarga está habilitada por un tiempo limitado, por eso os recomiendo guardar los archivos lo más pronto posible.

Centrándonos en los documentos, puedo deciros que el diseño de los mismos es muy bonito. La combinación de colores y la tipografía utilizada hace que el resultado sea visualmente satisfactorio. El certificado de registro de la estrella bautizada es el documento más importante y también el que tiene un diseño más cuidado. Debe quedar muy bonito impreso en un papel de alto gramaje. Los datos que aparecen en él son las coordenadas de la estrella bautizada, la constelación a la que pertenece, el nombre que le hemos asignado, su número de identificación y la fecha del registro.

La ficha de la constelación elegida a mí me resulta muy básica. En nuestro caso, la constelación no era otra que la Osa Mayor y estoy segura de que hay muchísima información interesante que podría haberse incluido en el documento. El poema ‘personalizado’ me parece prescindible. No me aporta nada y, además, la traducción no está suficientemente cuidada. Esto sería algo que debería revisarse de cara a futuras mejoras.

Mi valoración general del producto es buena, siempre que estemos buscando un regalo emotivo y original. Si el precio es adecuado, dependerá de lo que cada uno quiera gastar. Personalmente, diré que entre la diferencia entre el pack Estrella Fugaz y Mi Estrella es de 14€ y me parece elevada. Entiendo que la impresión y el envío tienen un coste, pero no pagaría más por ese servicio sin conocer la calidad del papel en que se realiza la impresión.

¿Conociais la posibilidad de bautizar estrellas? Si no es así, espero que este post os haya resultado interesante. Podéis dejarme vuestras impresiones o experiencias propias en comentarios.