Personal

Mi momento perfecto para ser madre

“Disfruta de la vida, aún eres muy joven para tener hijos” o “date prisa, que se te va a pasar el arroz” son frases que probablemente hayas escuchado si eres mujer. A veces he llegado a preguntarme si existe una ecuación cuyo resultado sea el momento exacto en que se ha de ser madre.

Si nos ceñimos al aspecto biológico, la edad ideal para ser madre es entre los 20 y los 30 años. Es entonces cuando el organismo de la mujer está en su mejor momento para la consecución y el correcto desarrollo de un embarazo. A partir de esa edad, la fertilidad de la mujer comienza a decrecer y a los 40 años las posibilidades de ser madre se reducen drásticamente.

A medida que la edad aumenta, lo hará también el riesgo de sufrir un aborto espontáneo debido a la mayor incidencia de anomalías cromosómicas. Entre los 20 y los 30 años, aproximadamente el 10% de los embarazos acabará en aborto espontáneo. Ese porcentaje aumentará a un 20% si la madre tiene entre 35 y 39 años; al 25% entre los 40 y 41 años; y superará el 50% si el embarazo tiene lugar a partir de los 45 años.

Pero las condiciones sociales y económicas actuales marcan un ritmo muy distinto. Tener un hijo implica asumir una enorme responsabilidad y un cambio permanente en el estilo de vida. Con frecuencia las mujeres aparcan su deseo de ser madre hasta que se dan las circunstancias personales, laborales y económicas ideales. Eso era precisamente lo que yo planeaba hacer.

Siempre había tenido claro que el modelo familiar que encajaba conmigo era el monoparental. Sin embargo, no esperaba llevarlo a la práctica tan pronto. En los primeros meses de 2014, valoraba los distintos caminos que podía tomar una vez que acabara mi formación universitaria. Empezar la búsqueda de empleo, viajar a un país en el que mejorar mi inglés, continuar mi formación académica con un máster… Todas me parecían opciones válidas. Pero en marzo supe que padecía una enfermedad que amenazaba con no dejarme realizar ninguna.

Los meses que transcurrieron entre el diagnóstico y la operación a la que debía someterme fueron una locura. Mis días ya estaban bastantes saturados con las prácticas que realizaba por las mañanas y las clases a las que asistía por las tardes, pero a eso tuve que sumar las constantes visitas al hospital para realizar nuevas pruebas y horas de estudio adicionales para preparar exámenes que tendría que adelantar. Estaba tan cansada que en esos momentos sólo esperaba que llegara el día de entrar en quirófano.

Cuando ese momento pasó, la presión que había aguantado durante los meses anteriores se me vino encima. Esos días lo único en que pensaba era que nada era como lo había imaginado. Me sentía estafada por la vida. Yo había hecho planes y me había esforzado para seguirlos, pero ahora estaba en un escenario distinto que no podría haber evitado de ninguna manera. Me permití esos pensamientos unos días, pero pronto asumí que la autocompasión no mejoraría mi situación. Decidí que volvería a imaginar mi vida. Reestructuraría mis prioridades, volvería a trazar planes y lucharía de nuevo para llevarlos a cabo.

Así fue como la idea de ser madre pasó a un primer plano. Cogí una libreta e intenté calcular hasta donde podría llegar con los ahorros que había conseguido acumular. Reproducción asistida, alquiler, artículos de puericultura, pañales, alimentación infantil… Era una locura, las cuentas no salían por ningún sitio. Pero ser madre se había situado en el primer puesto de mi lista de prioridades, y estaba dispuesta a rehacer esas cuentas las veces que hiciera falta hasta que salieran.

Muchos dirán que no era el mejor momento. Un profesional de la salud, extralimitándose en sus funciones, llegó a decirme que aún era joven y tenía tiempo para conocer a alguien con quien tener hijos. Unas semanas después de aquella conversación descubrí que mi reserva ovárica era bastante más baja de lo esperable en una mujer de 24 años. Por tanto, si hubiera retrasado mis planes algunos años más, probablemente me hubiera encontrado con una barrera biológica importante.

Cada día estoy más convencida de que no me equivoqué cuando a los 24 años decidir ser madre soltera. Ese era el momento perfecto para mí. No sé si mi situación económica hubiera sido mejor de haber esperado, pero estoy segura que mi cuerpo me habría puesto las cosas mucho más difíciles. Y después de todo lo que arrastro en mi historial médico, no estaba dispuesta a tentar a la suerte.

3 comentarios en “Mi momento perfecto para ser madre”

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