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Reproducción asistida

La infertilidad no es un juego… ¿queda claro?

Hoy me siento a escribir con un doble propósito. Por una parte, pretendo descargar sobre estas líneas una parte del enfado que la situación que voy a describir a continuación me ha causado. Y por otro lado, me gustaría que esta entrada sirviera para evitar el daño que se puede causar a otras infértiles que tengan la mala suerte de acabar en el lugar equivocado al buscar información. Si algo tenemos claro los que hemos sido padres por reproducción asistida, es que la infertilidad no es un juego.

Os pongo en situación

Desde hace algún tiempo, venía intercambiando algunos tweets con una chica que en teoría se está sometiendo a tratamientos de reproducción asistida. A raíz de uno de ellos, me pidió que le aclarase algo por privado y así lo hice. A partir de ese día, mantuvimos una comunicación intermitente por medio de mensajes directos (siempre promovida por ella). Ahora esos mensajes adquieren otra perspectiva, pero en aquellos momentos me parecían preguntas propias de alguien que no tiene ni pajolera idea de reproducción asistida y necesita que le expliquen las cosas varías personas y varias veces.

El pasado lunes me preguntó si había algún medio por el que pudiéramos tener un contacto más estrecho para plantearme sus dudas y curiosidades. Le ofrecí comunicación por Instagram y correo electrónico porque son las dos herramientas que más uso durante el día. Le dije también que no tenía problemas en hablar por WhatsApp, pero que allí contestaba de higos a brevas (los que me conocéis personalmente sabéis que no miento). Ella prefirió esta última opción. Me pareció bien. Durante el tiempo que estuve sometiéndome a tratamientos, compartí mi historia con muchas chicas por ese medio y me he llevado buenas amistades.

Los conversación fue entonces más fluida. No voy a dar detalles demasiados reconocibles porque confío en que, tras haber sido cuestionada por varias personas, se abstenga de continuar con su actitud. Pero os diré que a casi todas las dudas que me planteó les había dado respuesta en mi post ¿Test de embarazo antes de la beta? Cosas a tener en cuenta. El problema estaba en que no parecía receptiva a los consejos que otras mujeres le estábamos dando con nuestra mejor intención.

La cuestión es que, a medida que hablábamos más, los detalles de su historia cada vez me cuadraban menos. Empecé a no creérmela. Mi sensación era que atacaba precisamente a quienes intentábamos ayudarla. Pero lo que me hizo pensar ‘hasta aquí hemos llegado’ fue sentir que se podía frivolizar con algo tan serio como el aborto bioquímico. Yo sufrí uno y no me gusta que se difundan a sabiendas ideas erróneas sobre el tema. Corté la comunicación con un mensaje respetuoso y empático, pero muy directo. Ese mensaje tuvo respuesta a modo de audio que aún no he escuchado ni escucharé.

Creía cerrado el libro. Pero la noche del sábado descubrí en Twitter que está chica tiene un canal en YouTube sobre fertilidad en el que niega estar en tratamiento o desear ser madre. Me quedé planchada. Para empezar porque, cómo he dicho antes, está chica no parece controlar en absoluto temas de reproducción asistida. Yo no he podido comprobar que decía en sus vídeos (he intentado acceder a alguno y estaba borrado), pero otras chicas me dicen que no era información rigurosa y las creo. Y segundo, porque me parece inaceptable este doble juego en redes sociales.

La infertilidad no es un juego

No estoy juzgando, si es el caso, que una mujer decida llevar su búsqueda de embarazo en secreto. Yo misma en este blog he dicho que no voy a contar todos los detalles de mi proceso de reproducción asistida. Todos los pacientes tienen derecho a decidir qué quieren compartir, si prefieren ocultar los tratamientos de fertilidad, etc. Pero mentir a quienes intentan ayudarte jamás está justificado.

Hablar de infertilidad da visitas. Muchas personas buscan información cuando descubren que tienen problemas para concebir y deciden embarcarse en el desconocido mundo de la reproducción asistida. Puedo entender que una persona que tiene un canal decida hablar del tema sin revelar sus circunstancias personales. Pero si a la vez tienes una cuenta de Twitter donde participas asiduamente en un grupo de apoyo, la verdad debería ir por delante.

¿Qué puede pasar si no es así? Pues que pensemos que te has inventado una historia rocambolesca para conseguir material. Empiezo a pensar que todas esas dudas y curiosidades pueden ser una forma de obtener información para los vídeos. Total, es más fácil que un par de chicas te cuenten de que va un tema a pasarte horas buceando en Google.

Somos muchas las chicas que hablamos de reproducción asistida sin ser especialistas sobre el tema. Lo hacemos porque creemos que hay que darle visibilidad a la Infertilidad y porque sentimos que compartir nuestra experiencia puede ayudar a otras mujeres en situaciones parecidas. Algunas cuentan su historia, otras intentamos aconsejar desde la perspectiva de un paciente que ya ha pasado por ahí… Pero si algo tenemos en común es que todas intentamos ser lo más rigurosas posible con todo lo que publicamos.

Somos conscientes de toda la desinformación que hay respecto a reproducción asistida y lo que menos queremos es contribuir a ella. No me entra en la cabeza que alguien que está pasando por este tipo de tratamientos, y sabe todo lo que implican, de lugar a estas historias. Pero prefiero pensar que este es el caso. La otra posibilidad sería demasiado cruel.

Si realmente está chica no es paciente de reproducción asistida y ha estado aprovechando la buena voluntad de la gente para generar contenido en su canal, cuidado con el karma.

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Maternidad

¿Se juzga a las madres que llevan a sus hijos a la guardería?

Septiembre es, junto a enero, el mes de los comienzos por excelencia. No hay mejor momento para fijarse objetivos. Tenemos nueve meses por delante para trabajar en alcanzarlos antes de que la desgana veraniega nos atrape. Para muchos bebés el día hoy significa también el comienzo de una etapa importante, la de la guardería. Desde hace semanas, muchas mujeres me han preguntado si llevaría a mi hija a una este año. Me sorprende que, al decir que no, las madres que sí llevaran a sus hijos han comenzado a justificarse. ¿Por qué lo hacen? ¿Se sienten juzgadas?

¿Por qué no llevo a mi hija a la guardería?

Mi hija aún no ha pisado una guardería. He tenido la suerte de contar con la ayuda de mi madre, que se ha encargado de la pequeña mientras yo trabajaba. Si no hubiera tenido ese apoyo, habría delegado el cuidado de mi hija en un centro de ese tipo sin pensarlo dos veces. Así que la principal razón para no llevar a mi hija a una guardería es que no he necesitado hacerlo.

Daniela nació además en enero. No entrará en el colegio hasta los casi cuatro años. No me apetece matricularla en una guardería siendo tan pequeña cuando va a tener tiempo de sobra para vivir esa experiencia. Mi plan es que vaya a una a partir de septiembre de 2019. Solo asistirá un año. Ese tiempo es, a mi juicio, suficiente para disfrutar de todas las ventajas de estos centros sin el inconveniente de exponerla a virus siendo demasiado vulnerable.

Las guarderías tienen ventajas e inconvenientes

La decisión de llevar a un hijo a la guardería tiene ventajas e inconvenientes. La guardería es el mejor lugar para que los bebés se relacionen entre si. Allí juegan y se divierten en un entorno seguro (o todo lo seguro que puede ser un recinto lleno de niños). Entre los aspectos negativos, destaca el número de veces que enferma un niño que acude a guardería respecto a uno que no.

Muchos padres ni siquiera pueden pararse a valorar estas cuestiones. Matricular a sus hijos en una guardería es la única opción cuando tienen que reincorporarse al trabajo. Para otros, en cambio, utilizar los servicios de estos centros es una elección. Ellos han aceptado los contras porque los pros pesan más en su balanza. Estos últimos son los que acaparan las críticas de aquellos que opinan que nadie debería llevar a su hijo a la guardería salvo que sea estrictamente necesario.

Me imagino que esas opiniones son las que provocan las justificaciones de las que hablaba en el primer párrafo. Demasiadas madres se sienten obligadas a explicar una decisión que solo incumbe a ellas, a sus parejas y a sus hijos. Se sienten juzgadas por no poder o querer dedicarse completamente a su faceta como madres. ¿Pero es eso algo que merezca reprobación?

Llevar a un hijo a la guardería no es mandarlo a la guerra

Muchos profesionales defienden que, siempre que sea posible, lo mejor es que un bebé pase los primeros años de su vida en casa rodeado de su familia. No tengo los conocimientos necesarios para rebatir esa información. Si ellos lo dicen, lo doy por bueno. Pero que la crianza en casa sea mejor, no significa que debamos demonizar las guarderías. Todos sabemos, por ejemplo, que la lactancia materna es lo mejor y no por ello se puede juzgar a la madre que opta por la lactancia artificial, ¿verdad?

Llevar a un hijo a la guardería no es mandarlo a la guerra. En estos centros los pequeños están bien cuidados y atendidos. Si una madre decide usarlos, aunque no lo necesite, no está perjudicando gravemente a su hijo. Nadie debe cuestionar su decisión, y mucho menos insinuar que es peor madre que otra. Esa idea de que la mujer debe aparcar toda su vida para dedicarse en cuerpo y alma a la crianza de los niños está ya muy desfasada.

Esas madres que han sentido la necesidad de darme explicaciones sin haberlas pedido pueden estar tranquilas. No seré yo quien mire con lupa su comportamiento para criticarlas. Da igual si han recurrido a las guarderías porque estén estudiando o buscando trabajo, porque su bebé sea de alta demanda y necesiten descansar o simplemente porque les apetece disfrutar de unas horas sin hijos.

¿Soy la única que ha vivido este tipo de situaciones? Las que lleváis a vuestros hijos a la guardería, ¿os habéis sentido juzgadas alguna vez? Me encantaría leer vuestras experiencias.

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Personal

La voz de los niños no nos pertenece

Quizás os hayáis enterado, a través de los medios de comunicación, de los terribles sucesos que han tenido lugar en la localidad de Carmona en los últimos meses. Desde entonces, las reivindicaciones por una ciudad más segura han sido constantes. Esta petición alcanzó ayer su punto más álgido con la celebración de una manifestación a la que han asistido unas siete mil personas, según fuentes oficiales,. Quienes han hablado conmigo sobre el tema en los últimos días sabrán lo que he defendido esta concentración. Aunque solo sea para mostrar apoyo a las víctimas, merece la pena salir a la calle. Pero conforme se acercaba la fecha, los detalles que no me encajaban iban en aumento.

Un vídeo con algun detalle desafortunado

A través de las redes sociales se ha difundido un vídeo para animar a la ciudadanía a unirse a la manifestación. La mayoría de las personas que participaban en él eran comerciantes de la ciudad, pero también se contaba con la participación de varios menores de edad. Esto no me parece mal. Creo que era conveniente incluir a todos los sectores de la población en el vídeo (aunque, por esa regla de tres, he echado de menos a personas de la tercera edad). Lo que hizo que me entraran los siete males fue lo dicho por dos de esas niñas.

“Para que cambien las leyes y para que los ladrones cumplan con su condena, ¡únete a la marcha!”

Yo supe que quería estudiar ciencias políticas con siete años y, a pesar de lo friki que era comparada con otros niños de mí edad, no tenía la capacidad de sacar esas conclusiones. Y es que dudo que algún niño tenga los conocimientos suficientes para plantearse esas cuestiones, y la madurez necesaria para opinar públicamente con tanta contundencia. No creo que ellas sean una excepción. Y prueba de ello es, para mí, que pronuncian esas palabras con una sonrisa impropia del mensaje que están lanzando y del tono del vídeo en el que están participando.

No está bien apropiarse de la voz de los niños

No voy a entrar en si estoy a favor o en contra de modificaciones legales o del cumplimiento íntegro de las penas. Cuando abrí este blog, tuve claro que temas no quería tratar en él. Soy licenciada en Derecho y Ciencias políticas y, sin embargo, me encuentro a diario con personas sin conocimientos en estas materias que desprecian mi opinión antes de que haya conseguido expresarla. Así que últimamente me limito a debatir con personas que muestran un verdadero interés en ella.

De lo que si me voy a mostrar totalmente en contra es de la instrumentalización de menores en el ámbito político. No entiendo que tipo de razonamiento lleva a una persona a pensar que la frase más controvertida y con mayor carga ideológica del vídeo debe ser pronunciada por dos niñas. Y tampoco comprendo cómo los padres de esas niñas dieron el visto bueno a la grabación. Ese vídeo se ha difundido por varios canales y ha llegado a Dios sabe cuánta gente. Y en él se utiliza la imagen de dos menores para promover una idea que seguramente no provenga de la cabeza de ninguna de ellas.

Es demencial. La exposición de los hijos con fines comerciales ya me plantea dilemas éticos. Pero apropiarse de la voz de los más pequeños para hacer política, hace que se me caiga el alma a los pies. Y si los adultos que han participado en ello no han sido conscientes de estar haciéndolo, lo único que puedo pensar es que deberíamos ser más cuidadosos en como involucramos a los niños en este tipo de historias.

Y reitero que no estoy en contra de la participación de menores en el vídeo. Los mensajes lanzados por los otros niños que participan (“por una Carmona mejor”, “quiero ir seguro al cole, ¿y tú?” y “para que los niños podamos jugar seguros en los parques”) son mucho más acordes a su edad y no implican un posicionamiento político. Son frases amables que ellos pueden comprender. Así es como deberían participar los niños en la esfera pública.

Dejémosles ser, pensar y hablar como niños.

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Maternidad

Mi hija de 18 meses aún no camina

Ha pasado una semana desde que mi hija cumpliera dieciocho meses. Ese es el momento hasta el que, generalmente, se considera normal que un bebé no ande. Pues ya puedo decir que Daniela se ha saltado los plazos porque aún no camina de manera autónoma. ¿Me preocupa? Ni lo más mínimo. Enseguida os cuento porqué, no vayáis a pensar que tengo un exceso de pasotismo… ¿Le preocupa a los desconocidos? Diría que muchísimo a juzgar por la insistencia de sus preguntas.

¿Por qué mi hija no camina?

Ojalá lo supiera. Yo creo que tiene todas las habilidades necesarias para ello. Desde hace meses es capaz de andar agarrada a alguien de una sola mano. Y actualmente lo hace a una velocidad considerable con el simple contacto de un dedo, pero se tira al suelo en cuanto intentas retirarlo. Hace un par de semanas conseguimos “engañarla” y dio unos pasos sola, pero la situación rara vez ha vuelto a repetirse.

Ya dije antes que no es algo que me preocupe. En los últimos meses, a mi hija la ha visto su pediatra, la enfermera que le realizó la última revisión de niño sano y la doctora de rehabilitación infantil. Todas han visto a mi hija desde que era una recién nacida y, por tanto, conocen su desarrollo de primera mano. Y lo más importante, las tres coinciden en que la situación no es preocupante en absoluto. Parece que Daniela no quiere andar porque no se siente segura, prefiere desplazarse gateando o es floja… pero nada de eso es un problema desde el punto de vista médico.

Hay que darle la importancia que merece

Considero que lo más sensato es no preocuparse si los profesionales dicen que no hay razón para hacerlo. También creo que es inevitable seguir sintiendo algo de inquietud. Si mi hija no camina pasadas unas semanas, volveré a pedir la opinión de los expertos. Lo que en ningún caso me planteo hacer es forzar un avance para acallar las voces de los opinólogos. Y creedme cuando os digo que son voces tan molestas que estaría dispuesta a muchas cosas con tal de no escucharlas. Cualquiera que tenga un hijo al que le haya costado algo más de tiempo alcanzar una meta sabrá de lo que estoy hablando. A modo de ejemplo, voy a contaros lo que me pasó hace unos días.

Paseaba con Daniela y mi madre cuando nos cruzamos con dos conocidos que cuidaban a su nieta. Ella tiene algunos meses menos que mi hija. Casi se saltaron el saludo para preguntar directamente si Dani ya andaba. Al decirles que no, les faltó tiempo para decir que su nieta si lo hacía. Y por si no les creíamos, la pusieron en el suelo para que demostrara su habilidades. Ya estoy acostumbrada a este tipo de situaciones, se llevan repitiendo meses. Lo que me dejó planchada es que dijeran que, cuando la peque tenía doce meses, la preocupación de su madre era tal que llegaba a decir “¿la mierda niña esta cuándo va a andar?”. Prometo no estar exagerando.

¿Por qué le importa a los demás?

Por suerte, esta anécdota es única en su especie. No sé si podría escuchar de nuevo la frase sin que me diera vueltas la cabeza. Pero tiene en común algo con las otras situaciones que he vivido, y es que percibo que se usa a los bebés para una competición absurda. En la cuestión que nos ocupa, parece que puedan usar que Daniela no camina para demostrar que sus hijos son más válidos o ellos mejores padres.

Ya he hablado en otras ocasiones de lo absurdo que es rivalizar entre adultos usando a los niños. Me parece tan deleznable que a menudo intento encontrar otras causas para estas conductas. Pero no se me ocurren motivos para que el desarrollo de mi hija despierte el interés de los desconocidos. A mí los hijos de los demás me son indiferentes. A menudo ni siquiera siento curiosidad por ver a un recién nacido aunque conozca a la madre. Y si el bebé me importa, nunca pregunto por sus progresos con una intención distinta a la de interesarme por su bienestar.

¿Qué sentido tiene comparar el peso de bebés de un año si ambos están sanos? ¿Por qué ponerlos juntitos para ver quien es más alto? Mi hija tiene dieciocho meses y aún no camina. Si hay alguien a quien eso le infla el ego, sólo puedo sentir pena por lo triste que debe ser su vida. Y a aquellos que comienzan la competición en cuanto me ven, solo les diré que dejen a los niños en paz. Si queréis hacer comparaciones, tened el valor de poned vuestras capacidades en el disparadero. Usar a un hijo como arma y escudo es ruín.

¿Qué opinais de todo este asunto? ¿Me lee alguien cuyo hijo haya tardado tanto en caminar? ¿Tuvisteis que escuchar tantos comentarios? ¿Habéis percibido lo que comento o soy muy mal pensada? Me encantaría leer vuestras experiencias.

 

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Personal

¿Es ético cambiar el contenido de un post?

Imaginad que empezáis un blog donde, entre otras cosas, hacéis críticas de los distintos restaurantes que visitáis. Sois sinceros. Habláis desde el respeto, pero sin tapujos. Un día visitáis un restaurante de estrella Michelin. A pesar de su fama, vosotros sentís que la atención no es adecuada, que os han intentado colar algún que otro plato y que la cuenta es demasiado abultada. Y eso es lo que expresáis en vuestro blog.

Pero los días pasan y vuestra fama entre los críticos gastronómicos va en aumento. Es un sector minoritario, así que el término influencer quizás os vaya un poco grande. Pero sin duda los dueños de los restaurantes han oído hablar de vosotros. Y quién sabe si algún día tendréis la oportunidad de colaborar con ellos (si no lo habéis hecho ya). Y ahí está el post del que os hablaba antes…

¿Qué haríais? Quizás nunca influya en nada, pero también puede traeros algún quebradero de cabeza. ¿Os cerrará alguna puerta? Vivimos en un mundo donde las adulaciones son más apreciadas que las críticas constructivas, así que es probable que ese restaurante no quiera trabajar con vosotros. Y si llegarais a hacerlo, ¿podrían acusaos vuestros lectores de haberos vendido? Las opiniones pueden variar, pero el cambio de criterio debe razonarse si no se quiere incurrir en contradicciones.

Llevo pensando en esta situación un buen rato, pero la reflexión no ha surgido de la nada. Hace un par de años leí un post como el que os comentaba en el primer párrafo. Obviamente no hablaba de un restaurante, no tengo por costumbre leer ese tipo de contenido, pero las líneas generales eran las mismas. Por casualidad, hoy me he vuelto a encontrar con ese texto. Y cuál ha sido mi sorpresa cuando he visto que era más pequeño y muchísimo más aséptico de lo que recordaba.

Han pasado dos años, estaréis pensando. Mi memoria no es prodigiosa, pero recuerdo bien ese post. Para seguir con el símil, estaba en una época en la que devoraba información sobre restaurantes. Y prestaba especial atención a todo lo que tenía que ver con aquellos que visitaba más a menudo. En este punto quiero dejar claro algo. El principal motivo por el que no enlazo el post es porque no puedo demostrar el cambio del contenido. Además, considero que ese dato no es relevante de cara a la pregunta que planteo a continuación.

¿Es ético cambiar el contenido de un post? Me estoy refiriendo, claro está, a cambios sustanciales. Todos hemos rectificado aquella entrada en la que se nos olvidó pasar el corrector ortográfico. Y tampoco es raro que algunos blogueros con tiempo y fuerza de voluntad introduzcan pequeños (e inocuos) cambios para mejorar el SEO de una publicación o hacerla más vistosa. Pero en un caso como el expuesto, ¿se puede justificar una modificación tan profunda?

Mi opinión es que no. Creo que todo el mundo puede arrepentirse de un post, aunque yo siempre intento no escribir lo que no sea capaz de decirle a la cara al aludido. Pero si llegado el momento pensamos que una opinión puede perjudicarnos, creo que hay formas más honestas de enfrentarnos a ella.

  • Rectificar es de sabios. Cómo he dicho antes, las opiniones pueden cambiar. La persona que soy hoy tiene unas ideas muy distintas a las que tenía hace diez años. No pasa nada por decir que hemos cambiado de parecer y porqué. De hecho, a mí me encantaría leer ese tipo de publicación. Pensaría que el bloguero ha evolucionado, y que tiene una gran capacidad de autocrítica.

  • Eliminar el post. Es probable que no puedas rectificar porque tu opinión sea exactamente la misma que cuando publicaste. En estos casos, eliminar el texto me parece una opción propia de personas íntegras. Todos tenemos derecho al olvido. Si un post puede perjudicarte, no veo necesario el sacrificio. Se borra y punto. Quienes lo leyeron en su momento ya conocen tu opinión. Solo tú tienes que decidir si quieres seguir exponiéndola más tiempo.

  • Mantener el post sin modificaciones. Sin perjuicio de lo dicho en el punto anterior, esta es la opción que me parece más intachable. Si te has expresado con respeto y con arreglo a la verdad (o a tu verdad), ¿por qué hay que dar un paso atrás? ¿No deberían las empresas aceptar una crítica negativa? ¿No tendrían que entender que el post no es un ataque sino una oportunidad para solucionar algo que está fallando? Si no quieren colaborar contigo por opinar, ellos se lo pierden

Pero si cambiáis un post para darle un sentido completamente distinto, te estás traicionando. Y también estás traicionando a quien ha llegado hasta tu web confiando en que encontrará una opinión sincera. De momento, puedo decir que mi dignidad está entre las cosas que conservo intactas. Y cuando veo que alguien ha vendido la suya, siempre pienso lo mismo… Espero que al menos le haya puesto un buen precio.

Reproducción asistida

¿Cuál es mi historia?

Algunos de los que seguís el blog me habéis comentado por privado que no encontráis mi historia. Lo cierto es que no he contado mi proceso en reproducción asistida de manera lineal. Soy una persona obsesiva y si intentara hablar de cada tratamiento me sería muy difícil no incluir número de revisiones, dosis de medicación, tamaño de folículos… En definitiva, una cantidad enorme de información que tengo archivada y que no considero interesante para el lector.

Otra razón por la que no he hecho un relato de esas características es porque hablar de un tratamiento implica en cierta forma revivirlo. Todos los que hayáis vivido este tipo de situaciones entenderéis que no siempre hay ánimos para hablar de ello. De hecho, aunque he intentado escribirla en varias ocasiones, la segunda parte del post sobre mi aborto bioquímico está pendiente desde el pasado mes de noviembre. No quería empezar a publicar, que me ocurriera algo así y la historia quedara en stand by.

Y por último, pero no menos importante, es que no me apetece nada que aquellos que me decepcionaron durante mis tratamientos husmeen ahora en mi intimidad. Ya sabéis que mi blog no es anónimo, todo el mundo conoce mi identidad. Mucha gente de mi entorno visita este sitio, pero no todos lo reconocen. Ellos sólo leerán lo que a mí me apetezca que lean en cada momento.

Lo que si he hecho desde que comencé con el blog es escribir una serie de post más generales, pero basados en mis experiencias. Así habéis podido saber el chasco que me llevé en mi segundo tratamiento, por qué decidí cambiar de rumbo tras el tercero, el triste final del cuarto…

He pensado que puede ser interesante crear un lugar donde podáis encontrar esos retazos de mi experiencia en orden cronológico. Por eso en esta publicación, además de explicaros mis razones, voy a recopilar todas las entradas publicadas hasta el momento en las que hablo de mi proceso. E iré actualizándola periódicamente para añadir las que pudieran venir en un futuro.

Si queréis más datos o que profundice en algún tema, no dudéis en decírmelo en los comentarios o a través de las redes sociales.

En esta recopilación no se incluyen todos los post sobre reproducción asistida que podéis leer en el blog.

Mi momento perfecto para ser madre

El blog no podía comenzar con un post que no fuera este. Siempre tuve claro que la maternidad en solitario era mi opción, aunque no esperaba llevarla a la práctica tan pronto. Pero hay momentos en la vida que dinamitan todos los planes.

Cómo afrontar la cancelación de un tratamiento

Uno de mis grandes chascos en reproducción asistida llegó en el segundo tratamiento. Tenía el convencimiento de que aquel sería mi mes, pero todo acabó con una cancelación que condicionó mis siguientes pasos.

Mi aborto bioquímico (Primera parte)

Mi primer positivo llegó en el cuarto tratamiento. Por desgracia, mi embarazo tan sólo duró catorce días. En la primera parte del post podéis leer lo que ocurrió durante esas dos semanas y como me sentí al respecto.

¿Por qué conté (y oculté) que estaba en tratamiento?

La reproducción asistida es un tema tabú para muchos pacientes. Yo siempre he creído que no ocultarse es la única manera de normalizar la situación. Por eso contaba en mi entorno todos los pasos daba. Pero cuando me hicieron daño, también me oculté para protegerme.

Consejos para afrontar la betaespera

La betaespera es un momento que pone a prueba el autocontrol de los que nos sometemos a un tratamiento de reproducción asistida. Yo fracasé estrepitosamente en lo que a mantenerme tranquila se trataba. Por eso escribí un post con los consejos que no seguí, pero que estoy segura contribuyen a que ese periodo no sea tan insoportable.

¿Merece la pena?

Con motivo del primer cumpleaños de mi hija, reflexioné acerca de si había merecido la pena todo lo vivido (un año de tratamientos, de preocupaciones, de lagrimas…). Y es que la reproducción asistida es muy dura, pero también tiene muchas cosas buenas que debemos valorar.

Reproducción asistida

Consejos para afrontar la betaespera

Muchos de los que estáis leyendo esta entrada quizás no sepáis qué es la betaespera. Pero los que hemos pasado por un tratamiento de reproducción asistida no sólo lo sabemos, sino que sentimos escalofríos cada vez que leemos esa palabra. Y es que la betaespera es probablemente el momento de mayor tensión que se puede vivir en estos tratamientos.

¿Qué es la betaespera?

Se denomina betaespera al tiempo que transcurre desde la inseminación artificial o transferencia de embriones hasta la realización del test de embarazo. Recibe este nombre por la hormona β-hCG, cuya presencia y cuantificación determinará si existe o no gestación. La duración de este periodo dependerá de distintos factores (tipo de tratamiento, días de vida del embrión transferido, protocolo de la propia clínica, causas externas tales como festivos o fines de semana, etc), pero la espera difícilmente será inferior a diez días.

¿Por qué genera tanta tensión?

Imagino que habrá tantos motivos como pacientes, pero lo cierto es que todos coincidimos en lo difícil que es pasar por esta etapa de los tratamientos. En mi caso, la betaespera era un momento complicado porque, además de tener que manejar los nervios por el resultado del tratamiento, me enfrentaba a un periodo de absoluta inactividad tras semanas frenéticas.

Además, en estas semanas experimentaba una total falta de control sobre el resultado que no manejaba nada bien. Una de mis teorías es precisamente que todo lo que hacemos (reposo, beber Aquarius, mantener los pies calientes…) no responde más que a nuestra necesidad de sentir que podemos inclinar la balanza hacia el positivo.

¿Cómo afrontar la betaespera?

A este post le vendría genial ese refrán que dice Consejos vendo y para mí no tengo. Lo cierto es que yo no seguí prácticamente ninguna de las recomendaciones que voy a dar a partir de ahora. Y no estoy segura de si sería capaz de hacerlo si tuviera que enfrentarme de nuevo a un tratamiento de reproducción asistida. ¿Entonces por qué voy a darlas? Porque soy consciente del daño que hace no seguirlas, y si este post le evita eso a alguien me sentiré muy satisfecha.

Para sobrellevar la betaespera no hay recetas mágicas. Mi consejo principal es que cada mujer actúe según lo que le haga sentir bien. Algunas optan por quedarse en casa haciendo reposo, otras prefieren estar de trabajo hasta arriba para no pensar… No hay opción mala. Dicho esto, según mi experiencia, será más fácil mantener la tranquilidad si se siguen estas recomendaciones.

Mantén la mente ocupada

El tiempo parece que pasa más rápido cuanto menos pensamos en él, así que mantenerse entretenida es una gran opción. Dedícate a trabajar en otros proyectos, lee un libro que te guste, pásate horas viendo series, sal de compras… Los días se harán más llevaderos.

Rodéate de personas que te apoyen

Por muy bien que sigas el consejo anterior, el final de la betaespera continuará siendo el tema que ocupe la mayor parte de tus pensamientos. Habrá momentos en los que quieras desahogarte, compartir tu inquietud, expresar tus dudas… Es importante que cuentes con personas que te apoyen completamente, te escuchen y te aporten serenidad.

Yo tenía a mi madre, que esuchaba paciente todas mis cábalas, y a mis apoyos del 2.0. Este grupo estaba formado mayoritariamente por chicas que también se encontraban en tratamiento. Hablar con personas que están pasando por lo mismo que tú puede venirte muy bien. En internet hay foros, grupos de apoyo… Seguro que puedes encontrar un lugar en el que te sientas cómoda.

No abuses de Google y evita comparaciones

¿Quién no ha buscado en Google “síntomas beta positiva” o algo similar? No está mal hacerlo. Soy la primera que se ha pasado horas leyendo todo lo que el buscador me mostraba. Pero muchas veces para lo único que me servía era para desanimarme más.

Internet es muy grande y encontrarás historias de todo tipo. Si notas algún cambio en tu cuerpo y usas esas búsquedas para intentar predecir el resultado del tratamiento, lo más probable es que te acabes encontrando en alguna de estas situaciones:

  • Quizás no encuentres nada. En betaespera nos hiperobservamos y a cualquier cambio (que en realidad puede no serlo y simplemente haber pasado desapercibido en otro momento) le damos una importancia que no tiene. Si te pasas un tiempo buscando información y no acabas obteniendo ningún resultado, es probable que acabes sintiendo que has perdido el tiempo.
  • Corres el riesgo de hacerte demasiadas ilusiones o de llevarte un chasco innecesario. Y es que, a pesar de lo que acabamos de decir, lo más probable es que sí encuentres a alguien que haya escrito sobre lo que estás buscando. Si esa persona acabó teniendo un positivo, reforzará tu teoría de que estás ante un síntoma de embarazo. Y si por el contrario su tratamiento no fue bien, te verás teniendo el mismo final.

Lo cierto es que no hay forma de predecir el resultado de un tratamiento. Los síntomas de embarazo y del síndrome premenstrual son los mismos sobre el papel. Y tampoco todas los sentimos de la misma forma. A lo largo de mis tratamientos tuve dos negativos y dos positivos, y lo que caracterizó todas mis betaesperas fue la absoluta falta de síntomas. En una ocasión tuve más sueño, en otra más sed… pero no creo que nada de eso fuera relevante de cara al resultado.

Llena tu cabeza de pensamientos positivos.

Muchas chicas con las que hablo me dicen “soy pesimista porque así luego no me llevo un palo”. Yo misma he pensado eso alguna vez. Pero si los malos presagios se cumplen, lo que acabo comprobando es que un negativo no duele menos porque nos hayamos pasado quince días pensando que lo ibamos a tener. Para lo único que el pesimismo nos ha servido es para añadir dos semanas de sufrimiento inútil.

Intenta ser optimista y pensar en que tienes posibilidades reales de lograrlo. Por supuesto, hay que mantener los pies en la tierra y saber que ningún tratamiento tiene el positivo asegurado, pero no te niegues la posibilidad de vivir el proceso con ilusión.

Si estás en betaespera, espero que este post te sirva de ayuda. ¡Y que por fin tengas tu positivo! Si ya habéis pasado por alguna, me encantaría leer vuestra experiencia. ¿Estuvisteis tranquilas? ¿Se os ocurren otros consejos?

Personal

Si pudiera volver atrás…

Este post está motivado por una iniciativa del grupo de apoyo Más que madres/padres. Se propone un tema sobre el que debemos escribir los integrantes con el objetivo de conocernos un poco mejor. Si hace unas semanas teníamos que decir 50 cosas sobre nosotros, en esta ocasión la pregunta era ¿Qué cambiarías si pudieras volver atrás?

Es una cuestión complicada. Difícilmente actuó por impulsos, por lo que no suelo arrepentirme de demasiadas cosas. Supongo que es una de las ventajas de tener una personalidad tan reflexiva. Pero 27 años dan para mucho y sería demasiado arrogante decir que no cambiaría nada. Tras mucho pensar, esto es lo que tengo claro que me gustaría cambiar si pudiera dar marcha atrás en el tiempo.

Sería más impulsiva

Cada una de las decisiones que he tomado en mi vida han sido el resultado de un periodo de reflexión. Siempre he tenido en cuenta los pros y contras, he valorado como afectaba a mi entorno, he intentado predecir todos los escenarios posibles… Y no me ha ido mal. Pero siempre he tenido la sensación de que la vida es más indulgente con la gente que actúa a lo loco.

Una de mis espinitas es que nunca podré conducir. A los 20 años estuve a punto de intentar sacar el carnet, pero lo dejé por diversos motivos. Ahora ya no cuento con esa opción y, aunque no me arrepiento, soy consciente de que es otra de las experiencias que he perdido por el camino.

Me protegería mejor

Si hace 20 años hubiera sabido lo que ahora, no habría dejado que nadie me hiciera daño deliberadamente. Sería más combativa y callaría menos cosas. No le ocultaría a mis padres, por ejemplo, todos los comentarios que aguantaba en el colegio por parte de docentes y alumnos. Sería también más desconfiada, porque me he cansado de estar para todos y que solo unos pocos estén para mí. Me he hartado de amistades y cariños proclamados pero poco demostrados.

Pero todo tiene su lectura positiva. No me he vuelto inmune, pero ahora la gente lo tiene mucho más difícil para hacerme daño. Y es que he aprendido que son pocas las personas en mi vida por la que merezca la pena sufrir. Así que cada vez siento menos remordimientos cuando tengo que apartar de mi vida a la gente que no aporta más que quebraderos de cabeza.

Ahorraría más

Al vivir sola, aprendí lo importante que era gestionar bien el dinero si no querías pasarte una semana comiendo pasta. Pero antes era muy dada a comprar cualquier cosa sin pensar en el ahorro.

Intento no mirar nunca el altillo de mi armario. Allí tuve que guardar por falta de espacio muchísimos libros en edición de tapa dura. Me gusta leer en papel, y sueño con tener una biblioteca en casa. Pero cuando pienso en el dinero que hay invertido ahí… Aunque mis gustos no han cambiado, os aseguro que ahora me cuesta muchísimo pagar 30€ por un libro. El ebook tampoco está tan mal.

Y las cosas que le hice comprar a mí madre… ¿Recordáis esas botas peludas que tan de moda se pusieron hace más de una década? Pues yo tuve unas después de pedirlas ochenta veces. Como ocurre a menudo con las modas pasajeras, pronto dejaron de gustarme y quedaron olvidadas hasta que en un cambio de armario se fueron a la basura.

Si pudiera cambiar algo, sin duda sería haber limitado este tipo de gastos y haber guardado el dinero para cosas más importantes. Supongo que este es un pensamiento típico cuando maduras…

Dicho esto, no me arrepiento de lo vivido. Cada palabra, decisión o acto son los que han definido quién soy actualmente. Y me gusta mucho esta versión de mi misma. No cambiaría la vida que tengo por otra, aunque no me quejaría si me tocara la lotería. Aunque suene a tópico, me siento orgullosa de adonde he llegado y de las personas que aun hoy me acompañan en este camino.

Y vosotros, ¿cambiaríais muchas cosas si pudierais volver atrás?

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No es lo mismo parto vaginal que natural

Desde que empecé a tener relación con el mundo de la maternidad, observé que este era un tema sensible en el que los nervios están a flor de piel y sólo hace falta una palabra para que una mujer se sienta juzgada. Pero esto no hace que las personas sean cuidadosas, sino que los ataques a los distintos modos de proceder se recrudecen. Y lo más peligroso es que a veces se transmite la idea de que tu valor como madre es inversamente proporcional al sufrimiento o sacrificio que la maternidad te haya exigido. Es lo que yo llamo ser madre o ser MADRE.

Estos serían algunos ejemplos:

  • Si tuviste un embarazo asintomático, eres madre. Si te pasaste más de tres meses vomitando, tuviste ardores, a penas podías dormir y tus piernas no tenían nada que envidiarles a las de un elefante, eres MADRE.
  • Si tu hijo duerme toda la noche, eres madre. Si por el contrario se despierta cada hora y media, eres MADRE.
  • Si tu hijo abre la boca al ver una cuchara, eres madre. Si te pasas la tarde retirando restos de brócoli de tu cabeza, eres MADRE.
  • Si no te costó un gran esfuerzo instaurar la lactancia materna, eres madre. Si tus pechos sangraban por las grietas y has aguantado varías mastitis, eres MADRE. Si has dado biberón, eres una descendiente de Satán pero ese es otro tema.

Como os podéis imaginar, con el tipo de parto la cuestión se agudiza. El parto natural cotiza al alza. No solo te eleva a la categoría de MADRE, sino también a la de MUJER. Porque no solo tenemos que pasar dolor, sino disfrutar de él ya que forma parte de nuestra naturaleza. Sinceramente, esto último me parece absurdo. No voy a entrar a hacer un alegato a favor o en contra del uso de los fármacos porque, en primer lugar, considero que es una cuestión que atañe únicamente a la parturienta y, además, porque no es el objeto del post.

A donde quiero llegar es al fenómeno que lleva a muchas mujeres a equiparar erróneamente el parto vaginal y el parto natural, y que aprecio últimamente con mayor frecuencia.  A veces tiendo a pensar que no existe tal equivocación sino que la elección de la nomenclatura responde al afán de subirse al carro del parto natural. Pero soy consciente de mi naturaleza desconfiada, así que lo más probable es que realmente exista un verdadero desconocimiento acerca de los tipos de parto que pueden existir.

Un parto puede recibir muchas denominaciones en función del momento de la gestación en que se produzca, la forma en que se inicie, el lugar donde se lleve a cabo, etc. Pero la distinción más habitual es la que se establece en función de la vía de nacimiento. Un parto por cesárea es aquel en el que el bebé nace gracias a una intervención quirirgica abdominal. Esto no suele generar confusión. Antes solía escucharse más el término cesárea vaginal para referirse a la episiotomía, pero en la actualidad no son muchas las mujeres de mi entorno que usan esas palabras.

Lo que parece no estar tan claro es que el antónimo de cesárea no es parto natural. Un parto que no se produce por vía abdominal lo hará necesariamente por vía vaginal. ¿Pero es parto vaginal lo mismo que parto natural? No, no lo es. Un parto natural es aquel en el que la intervención médica queda limitada a la supervisión del bienestar de la madre y del bebé. El parto se desarrolla, como el propio nombre indica, de manera natural respetando los ritmos y necesidades de la mujer que va a dar a luz.

En un parto natural, por tanto, no se administrará nunca oxitocina para desencadenar o acelerar las contracciones. Tampoco se usarán medicamentos para controlar el dolor que éstas pudieran causar. Ni se realizará una episiotomía o se utilizará instrumental para favorecer la salida del bebé. En el momento en que éstas u otras intervenciones tienen lugar, el parto dejará de considerarse natural y adoptará otro nombre según las circunstancias. Será algo distinto, ni mejor ni peor.

¿Pediste la epidural a gritos porque no estabas dispuesta a aguantar un solo dolor? Bien por ti. No tuviste un parto natural, pero eso no significa nada. Aquella mujer que soportó cada contracción no es mejor que tú. Tampoco peor. Vuestro proceso fue distinto y eso no significa nada. Pero no desprecies a otra por haber tenido una cesárea, no digas que no ha parido, no frivolices acerca de su proceso… Porque tú no eres mejor que ella. Tampoco peor. Vuestros procesos fueron distintos y eso no significa nada ¿Verdad?

Reproducción asistida

¿Y si se enamora de su hermano?

La revelación de los orígenes es un tema controvertido en reproducción asistida. Muchos pacientes que tienen que recurrir a la donación de gametos o embriones para ser padres deciden ocultar ese hecho a sus hijos. Incluso en el caso de que los padres decidan compartir la información, no contarán más que con algunos datos genéricos del donante que hizo posible su nacimiento. Es habitual que esto genere preocupaciones como, por ejemplo, la de que nuestro hijo padezca una enfermedad y no podamos responder las preguntas de los médicos respecto a antecedentes familiares.

Pero hay una pregunta que me sorprendió muchísimo la primera vez que la escuché: ¿Y si se enamora de un hermano? No es que nunca se me hubiese ocurrido, pero tampoco me pareció algo a lo que darle importancia. Sin embargo, seguí escuchando y leyendo esa frase muchas veces más. Por eso decidí escribir sobre ello, y no se me ocurre mejor momento para publicar el post que la semana en la que el amor es el gran protagonista.

Lo primero que quiero aclarar es que, siguiendo el razonamiento que he expuesto en otras ocasiones, no considero que mi hija tenga hermanos. Eso implicaría que tiene el mismo padre o madre que otra persona, y no asocio a los donantes con ninguna de esas dos figuras. Por lo tanto, Daniela sólo tendrá hermanos el día que yo tenga otro hijo. Pero hay personas que no comparten este punto de vista y sienten que sólo por compartir genética se establece una relación de parentesco. Es por eso por lo que aquí estoy empleando ese término.

¿Cuál es la probabilidad de que personas que comparten donante se conozcan?

No lo sé, y dudo que alguien pueda calcularlo. La Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida establece en su artículo 5.7 que “el número máximo autorizado de hijos nacidos en España que hubieran sido generados con gametos de un mismo donante no deberá ser superior a seis“. La responsabilidad del cumplimiento de este límite se reparte entre dos figuras:

  •  Los donantes deberán declarar en cada donación si han realizado otras previas, así como las condiciones de éstas, e indicar el momento y el centro en el que se hubieran realizado dichas donaciones.
  • Cada centro o servicio que utilice gametos de donantes será el responsable de comprobar de manera fehaciente la identidad de los mismos, así como, en su caso, las consecuencias de las donaciones anteriores realizadas en cuanto a la generación de hijos nacidos previamente.

¿Pero cómo pueden cumplir los centros con esa exigencia? La Ley prevé la existencia del Registro nacional de donantes. En él se inscribirían los donantes de gametos y preembriones, los hijos nacidos de cada uno de los donantes, la identidad de las parejas o mujeres receptoras y la localización original de unos y otros en el momento de la donación y de su utilización. El problema es que, a pesar de los años transcurridos, no se ha sabido nada de este Registro hasta hace bien poco. Y a las clínicas no le queda otra alternativa que la de confiar en la palabra de los donantes. En consecuencia, no pueden asegurar que el límite de seis niños nacidos gracias a un mismo donante se haya respetado.

¿Me preocupa esa posibilidad?

La verdad es que ni lo más mínimo. De hecho, como he dicho antes, me sorprende que para algunas personas sea una preocupación real. En lo que respecta a las relaciones humanas, suelo defender que todo lo que elijan personas adultas y libres para si mismas me parece bien. No tengo la mente tan libre de prejuicios como para que el incesto me parezca normal, aunque tampoco me atrevería a condenarlo. Pero es que el caso que estamos imaginando no llega ni por asomo a esa categoría.

Aunque lo considero improbable, voy a imaginar que dos desconocidos se enamoran y posteriormente descubren que hay una relación de consanguinidad entre ellos. Por mucha carga genética que puedan compartir no son hermanos. No se han criado como tal ni han comenzado una relación estando condicionados por esa circunstancia. ¿Qué es lo que tendría que preocuparme?

Además, tampoco es que las personas ajenas a la reproducción asistida estén exentas de riesgo. ¿Todos podéis poner la mano en el fuego por vuestras parejas? ¿Y por vuestros padres? ¿Quien os asegura que no tenéis vosotros mismos hermanos de los que desconoceis su existencia? La posibilidad existe, y no creo que nadie vaya pidiéndole a su pareja una prueba de consanguinidad para descartarla.

Las personas debemos centrarnos en vivir, sin preocuparnos por supuestos algo disparatados e improbables. Si algún día mi hija se enamorara de un “hermano” genético y nunca lo descubriera, su vida seguiría exactamente el mismo curso que si no lo fuera. Y si llegara a enterarse, espero que le diera a esa coincidencia tan poca importancia que no condicionara su relación. Porque por encima de todo, lo que deseo es que mi hija sea feliz. Creedme, me preocupa mucho más que algún día se vea inmersa en una relación tóxica. Eso es más grave y, por desgracia, mucho más frecuente.

¿Vosotros os habéis planteado en alguna ocasión este tema? ¿Os preocupa? Estaré encantada de leer vuestras opiniones.