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Maternidad

Las revisiones del niño sano me ponen enferma

Este post nace de la necesidad de desahogo. ¿Qué me ha pasado esta vez? Me he vuelto a topar con alguien que no ha hecho bien su trabajo por dejadez. Esta es probablemente una de las cosas que me saca de quicio con mayor facilidad. Ni os cuento como me ofusco cuando el error es recurrente. Por esto, cada vez que me toca cumplir con el Programa de Seguimiento de Salud Infantil (las conocidas revisiones del niño sano), me pongo en alerta. Y es que he tenido problemas en tres de las cinco visitas que debería haber pasado mi hija. Todos ellos achacables a errores del personal administrativo del Centro de Salud de Carmona.

Lo normal convertido en excepción

La revisión del recién nacido y la de los cuatro meses han sido las únicas que se han producido sin incidentes. Dicho así suena hasta ridículo. Las revisiones del niño sano no requieren un esfuerzo titánico. No sé cómo se hace en vuestro centro de salud. En el mío acudes al mostrador, pides que te den cita para la revisión que toque, ellos meten un código en el ordenador y te dan el papel donde pone día y hora. A mí me parece un proceso muy sencillo…

Cita para la finalidad equivocada

Me gusta ser previsora. Por eso pedí la cita para la revisión de los dos meses cuando mi hija apenas tenía quince días. Mi sorpresa fue cuando me planté en la consulta de la pediatra para que me dijera que mi cita no era de las reservadas para el seguimiento del bebé, sino de las comunes que sólo duran cuatro minutos. No voy a entrar en lo que me parece que un pediatra tenga que ver a un niño enfermo en ese tiempo, aunque es otra cuestión digna de post.

Mi hija pasó aquella revisión a la carrera. Ni siquiera recordé preguntar las dudas que llevaba apuntadas por la confusión. La pediatra me mandó a coger otra cita para que ella pudiera reflejar en el ordenador las medidas que había tomado. ¡Y volvieron a dármela mal! Al final tuvo que ir ella misma para que los administrativos atinaran a asignar una cita correcta. Salí de allí enfadada porque a mi hija no se le había dedicado el tiempo que, según mi criterio, merecía y porque a mí me tocaba acudir otro día para cumplir los trámites.

La no revisión de los seis meses

Mi hija nació el 16 de enero, así que esta revisión le tocaba en plena época estival. En mayo me habían asegurado que se abriría una agenda específica para esos meses, pero que tenía que ir cada poco a preguntar hasta que eso ocurriera. Fui todas las semanas. Cuando vi que junio se acababa, incluso aumenté la frecuencia de mis visitas. La respuesta siempre era la misma: “la agenda aún no se ha abierto, pero no te preocupes, ya debe estar al caer”.

Un día el discurso fue distinto. La agenda ni estaba abierta ni se la esperaba. Las revisiones del niño sano se suspendían hasta finales de septiembre. Me pillé un rebote tremendo. Pregunté qué ocurría con esa revisión y me dijeron tan pichis que se quedaba sin hacer. Pedí poner una reclamación y tardaron más de veinte minutos en darme el formulario. Durante ese tiempo, intentaron convencerme de no ponerla pero sin dar ni una explicación.

La única solución que se les ocurrió fue “adelantar” la revisión del año a los nueve meses. Y así lo hice. Pero me llevé otra sorpresa. La pediatra me dijo que el no haber pasado la revisión anterior podía traerme problemas. ¿Problemas de que si no me daban cita? Pues aún no lo sé, pero parece que para el sistema sanitario soy una madre que no cumple con sus obligaciones. La pediatra me ha recomendado grapar mi copia de la reclamación a la cartilla de mi hija “por si acaso”.

Cita con el profesional equivocado

Para la revisión de los dieciocho meses íbamos a tener el mismo problema. Como podía pasarla desde los quince, preferí no arriesgar y escoger una fecha no muy cercana al verano. Dios no quisiera que se quedara sin pasarla y tuvieran que venir a buscarme los servicios sociales… Tenía cita para hoy a las 9:00h. Media hora antes ya estaba esperando en la puerta de la consulta de la pediatra.

Pasamos y desnudé a Daniela mientras su doctora ponía en marcha el ordenador. Cuando vio cual era la revisión que tocaba, llegó una nueva sorpresa desagradable. La revisión de los dieciocho meses la pasaban en enfermería. Me tocaba vestir a Daniela e ir en busca de una cita correcta. Menos mal que a la pediatra de la peque le sobra calidad humana y al menos le escuchó el pecho. No es que sirviera para mucho, pero me hizo sentir que la visita no había sido inútil.

Llegué al mostrador, expliqué que me habían citado con el profesional equivocado…

– ¿Quieres la cita para hoy?
– Pues me vendría muy bien para no perder el día.
– Pues no hay hasta el martes.

¿Me están vacilando?