Todo lo que debes saber sobre la maternidad en solitario
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Todo lo que debes saber sobre la maternidad en solitario

Tuve claro desde muy joven que sería madre soltera por elección. Eso no evitó que al iniciar la búsqueda del embarazo me asaltaran muchísimas dudas. ¿Cómo tendría un hijo? ¿Podría mi economía soportarlo? ¿A qué problemas tendría que enfrentarme? La maternidad en solitario da vértigo. Cada vez son más las mujeres que eligen esta forma de maternidad. El 20% de los tratamientos de reproducción asistida son realizados por mujeres sin pareja (dato extraído de la web de la clínica barcelonesa Fertty). Pero no siempre se cuenta con alguien en nuestro entorno a quien plantearle nuestras inquietudes. Internet sigue siendo la principal fuente de información para nosotras. Por eso escribo este post en el que intento responder las cuestiones anteriores.

¿Qué es la maternidad en solitario?

Cuando hablamos de maternidad en solitario en este contexto nos estamos refiriendo a aquellos casos en los que la mujer está decidida a vivir su maternidad como única progenitora, sin compartir los derechos ni las cargas de la misma con una pareja. Eso no significa la ausencia total de acompañamiento en la crianza de los hijos. Las madres solteras por elección suelen contar con una red de apoyo formada por familiares y amigos que ayudan en la medida de lo posible a la mujer que da este paso.

¿Cómo convertirse en madre soltera por elección?

Cuando una mujer opta por la maternidad en solitario, tiene principalmente dos vías para llegar a ello: la adopción y la reproducción asistida. No puedo aportar demasiado respecto a la primera. Aunque busqué información sobre ella, pronto deseché esta posibilidad por la tremenda complejidad de los procesos de adopción y la imposibilidad de cumplir con los requisitos establecidos. Como la mayoría de mujeres, opté por acudir a la reproducción asistida. ¿Pero cuáles son las posibilidades en este ámbito?

Inseminación artificial con semen de donante (IAD)

La inseminación artificial con semen de donante es a priori el tratamiento ideal para mujeres sin problemas de fertilidad que optan por la maternidad en solitario. No entraré a pormenorizar los detalles de este u otros tratamientos porque eso daría para varios artículos. Pero es importante señalar que esta técnica es la de menor complejidad y la menos invasiva para la paciente de las que se enumeran aquí. Esto repercute en un coste más bajo (en torno a los 1000€ frente a los 5000€ de la fecundación in vitro), lo que la convierte en muy atractiva para aquellas mujeres en las que no existe indicación médica contraria a ella.

Pero no todo son ventajas. La posibilidad de embarazo es tan solo de entre un 15 y 20% en cada intento. Sobre el papel, no es un mal porcentaje, pero hay que tener en cuenta el golpe emocional que supone cada negativo. La principal razón para dejar las inseminaciones artificiales durante la búsqueda de mi embarazo fue precisamente sentir que el desgaste psicológico era mayor a las probabilidades de éxito.

Fecundación in vitro con semen de donante (FIVD)

La fecundación in vitro con semen de donante es un tratamiento mucho más complejo. Está indicado en mujeres que por razones médicas no pueden conseguir el embarazo mediante inseminación artificial, o que han tenido varios intentos fallidos con esta técnica. En este caso, las posibilidades de embarazo se duplican. Por ello muchas pacientes se plantean recurrir a la FIVD sin haber intentado ninguna IAD.

Cada mujer debe someterse al tratamiento que más le convenza (siempre que exista consenso con su equipo médico), pero mi recomendación es empezar por la inseminación artificial siempre que sea posible. La fecundación in vitro es mucho más invasiva y, por tanto, tiene más riesgo para la paciente. Aunque el excelente trabajo de las clínicas de fertilidad lo minimiza, no debemos olvidar que existe. Habrá tiempo de asumirlo si resulta necesario.

Doble donación de gametos

La donación de semen está implícita en cualquier tratamiento de reproducción asistida destinado a una mujer sin pareja, pero en ocasiones también se precisa la donación de óvulos para conseguir el embarazo. Aunque hay casos de pacientes jóvenes que no pueden utilizar sus propios óvulos, lo habitual que este tratamiento sea necesario en aquellas mujeres que han visto reducida su fertilidad debido a la edad.

Los enormes cambios sociales influyen cada vez más en el retraso de la edad de maternidad. Actualmente, las técnicas de preservación de la fertilidad están en auge por este motivo. Pero aquellas mujeres que no hayan podido recurrir a ellas cuentan afortunadamente con la oportunidad de ser madres gracias a una donante de óvulos.

En estos casos, existe también la posibilidad de recibir embriones donados por otros pacientes (embriodonación). Es una técnica más barata que la donación de óvulos tradicional, cuyo coste es muy elevado debido a la complejidad y al número de personas que intervienen en el proceso. La contrapartida es que su tasa de éxito es algo inferior al tratarse de embriones procedentes de otros tratamientos.

¿Y una vez conseguido el embarazo?

No creo que la maternidad en solitario plantee muchos más problemas que las opciones tradicionales. Nuestras preocupaciones son las mismas que las de cualquier embarazada desde el momento en que vemos el positivo en el test de embarazo y la crianza de nuestros hijos nos pondrá a prueba de la misma forma. Es innegable que tenemos una serie de particularidades. Ser las únicas responsables de la unidad familiar nos lleva con frecuencia a una mayor preocupación por la conciliación laborar, la economía y el futuro. Pero los integrantes de un modelo familiar típico no son ajenos a esto.

También tendremos que responder a preguntas de nuestros hijos, ¿pero quién no tiene que hacerlo hoy en día? Los padres divorciados tendrán que explicar a sus hijos porqué no viven juntos. Las parejas homosexuales les contarán que tener dos mamás o dos papás es un modelo de familia más. Y las parejas heterosexuales deberán educar a sus hijos en la diversidad familiar. Si tienes claro que la maternidad en solitario es para ti, no dejes que estos miedos te frenen. Te aseguro que es una experiencia que merece la pena.

Reproducción asistida

Cómo afrontar la cancelación de un tratamiento

Siempre suelen nombrarse los malos diagnósticos, los negativos, los abortos, los nervios de la betaespera… cuando se habla de los momentos más difíciles en reproducción asistida. Pero la cancelación de un tratamiento es, según mi experiencia, igual de duro que todo lo anterior y siempre tengo la percepción de que no se habla tanto de ello.

Me imagino que los motivos por los que la cancelación de un tratamiento puede afectarnos tanto anímicamente son tan variados como pacientes existen. Pero a partir de mi experiencia y de lo que me han transmitido otras mujeres que han pasado por lo mismo, creo que los más comunes son los siguientes:

  • Pensamos que es una oportunidad perdida. ¿Y si este era el tratamiento definitivo? ¿Y si era mi mes? Éstas son preguntas que nos repetimos una y otra vez. Es algo que carece de toda lógica. Es obvio que un tratamiento que se cancela no va bien, pero cuando estás metido en el ajo no todo se ve tan claro.
  • Un tratamiento cancelado es una fuente de incertidumbre. Significa que ha fallado el plan inicial trazado por un profesional que tiene más que claro lo que debe hacer con cada paciente. Por eso nos inquieta mucho no saber qué ha ocurrido, si volverá a pasar y cómo actuar si la historia se repite.
  • Iniciar un tratamiento implica invertir recursos, tanto económicos como físicos, sea cual sea el final del mismo. Una mujer a la que cancelan un tratamiento de Fecundación in Vitro antes de la punción puede haber gastado ya en torno a 1000€ en medicación. Pensar que esa inversión no ha servido para nada puede acabar menguando la ilusión con la que se enfrente a un próximo tratamiento.
  • Y si todo lo anterior no fueran ya suficiente malo, tras una cancelación hay que afrontar un periodo de inactividad en el que nuestra cabeza no para un segundo.

Mi experiencia

No me libré de la cancelación de un tratamiento durante mi etapa en reproducción asistida. La fase de estimulación en mi primera IAD había durado 13 días y sólo se había conseguido un folículo de tamaño adecuado (según me dijeron, lo ideal para este tipo de tratamiento eran dos). Por ello, se aumentó levemente la dosis de medicación para el segundo intento.

Estaba segurísima de que en esa ocasión conseguiría el positivo. Las posibilidades de embarazo no eran mayores a las de la inseminación que había hecho en el ciclo anterior ni a la que haría posteriormente, pero estaba con la positividad a tope. Quizás por eso me lleve un palo tan grande… Y es que en el segundo control ecográfico se vió que esta vez el cuerpo había trabajado demasiado. Había muchos folículos de tamaño similar y mi médico decidió cancelar por riesgo de embarazo múltiple.

Me pillé un berrinche tremendo y pasé horas encerrada en mi habitación llorando. Aún hoy sigo pensando que, a excepción del aborto, este fue el momento más duro que viví en reproducción asisitda. Mucho más que las betas negativas. El siguiente tratamiento lo empecé ya bastante apática, imagino que por miedo a que ocurriera lo mismo. No lo disfruté en ningún momento y, cuando supe que era otro negativo, decidí que las inseminaciones habían acabado para mí.

¿Que aprendí de aquello?

Antes de iniciar los tratamientos reconozco que siempre pensaba que los pacientes dramatizaban demasiado, que esos contratiempos no eran para tanto y que yo no lo pasaría tan mal. Pero bien pronto descubrí que no era distinta a los demás. También sentía la terrible necesidad de buscar culpables, de encontrar respuestas que no existían… En aquellos momentos la irracionalidad me nubló el juicio.

Ahora, desde la distancia, tengo claro que ningún médico quiere cancelar un tratamiento. Lo primero para ellos es el bienestar del paciente y, si toman la decisión de cancelar, es porque es lo mejor para nosotros. Recordad que la confianza con nuestro médico es un pilar fundamental en reproducción asistida, así que es importantísimo que sigamos sus indicaciones. Por ejemplo, si os dicen que no mantengáis relaciones sexuales sin protección, es porque existen riesgos para un embarazo en ese ciclo. No tentéis a la suerte.

También me he dado cuenta de que un tratamiento cancelado no es tiempo perdido. De todo se aprende y ese tratamiento habrá aportado una información muy valiosa para vuestro médico. Seguramente en un próximo intento pueda ajustar todo lo necesario para buscar un resultado distinto. Esto es mucho mejor que ir a ciegas.

Y, por último, lo más difícil. Hay que tener paciencia. Estar distraídos hasta comenzar un nuevo ciclo será probablemente lo que más os ayude. Cargaos de pensamientos positivos y mantenedlos en cada tratamiento. En caso contrario, cuando llegue el definitivo, podréis sentir cierta pena por no haberlo vivido con más ilusión.

Si estás leyéndome después de haber pasado por alguna situación parecida, probablemente pienses que es muy fácil decirlo cuando ya has conseguido el objetivo. Y probablemente llevéis razón. Pero eso no lo convierte en menos cierto.

Reproducción asistida

¿Sanidad pública o privada? Una cuestión importante en Reproducción Asistida

Uno de mis propósitos de año nuevo es ser constante con el blog. En mi mente hay un calendario donde están organizadas todas las entradas que quiero escribir y las posibles fechas para que vean la luz. Pero la realidad es que los días van pasando, el cansancio se va acumulando y cuando me quiero dar cuenta ha pasado una semana desde la última publicación y tengo más de 20 borradores pero ningún artículo que sacar del horno.

No dispongo del tiempo que me gustaría dedicar a escribir, así que no voy a ser tan ambiciosa como para establecer desde el primer momento un calendario de publicación súper estricto. Sería un proyecto condenado al fracaso. De momento me conformo con dedicar un día de la semana a una temática concreta. Por eso los miércoles son a partir de hoy el día dedicado a la Reproducción Asistida.

Cuando una mujer o pareja es consciente de que necesita ayuda médica para concebir, una de las primeras cuestiones que surgen es donde acudir para recibirla. La primera decisión será la de recurrir a la Seguridad Social u optar directamente por la medicina privada. No es una elección fácil. Ambas opciones tienen pros y contras y lo único que podemos hacer es valorarlos todos y elegir la opción que más se ajuste a nuestras necesidades. ¿Qué cuestiones hay que tener en cuenta?

El coste económico

El desembolso que habrá de realizar el usuario es sin duda la mayor diferencia entre ambos sistemas. El coste de un tratamiento de reproducción asistida en la Seguridad Social es prácticamente inexistente. El paciente tiene que adquirir la medicación, pero el gasto es mínimo al tratarse de medicamentos de aportación reducida. Excepcionalmente, el paciente puede tener que hacer frente a otros gastos. Por ejemplo, en algunas Comunidades Autónomas, las mujeres deben asumir el coste de la muestra de semen.

En el ámbito privado, los costes los asume el paciente salvo que éste tenga contratado un seguro médico que ofrezca este tipo de cobertura. Y la reproducción asistida es tremendamente cara. Al precio del tratamiento, habrá que sumar la medicación y el coste de todas las técnicas usadas que no se incluyan en el presupuesto inicial.

A modo de ejemplo, el coste real que tuvo mi primer tratamiento de reproducción asistida fue de 1308,18€ incluyendo la Inseminación Artificial, la muestra de semen del donante y la medicación (695, 309 y 304,18 euros respectivamente). Sin embargo, el gasto hubiera sido de poco más de 9€ en caso de haberlo realizado por la Seguridad Social. Además, la Inseminación Artificial es uno de los tratamientos más sencillos, y por tanto más baratos, que se pueden realizar en reproducción asistida. Los costes serían aún más dispares si para esta comparación hubieramos tomado como referencia un tratamiento de Fecundación in Vitro o de Ovodonación. Siendo la diferencia tan grande, ¿por qué plantearse siquiera no acudir a la Seguridad Social?

El tiempo

La paciencia tiene que ser una de tus virtudes si decides realizar los tratamientos en la Seguridad Social. Normalmente será tu médico de cabecera quien te remita al ginecólogo, y éste a su vez quien te derive a la Unidad de Reproducción Asistida. Allí te harán las pruebas oportunas y, una vez sean valoradas por el especialista, serás incluido en la lista de espera para el tratamiento que corresponda. Es probable que este proceso ya se haya alargado más de lo que te gustaría, pero no te parecerá nada comparado con los dos años que puedes llevarte en lista de espera si el tratamiento que necesitas es una Fecundación in Vitro.

En el ámbito privado los tratamientos se inician generalmente en cuanto el paciente lo decide. Los tiempos de espera se reducen prácticamente a los tratamientos de donación de óvulos, en los que la demanda es mayor que la oferta de donantes. También es posible que un tratamiento deba retrasarse por un cierre puntual de la clínica o laboratorio, o por cuestiones médicas como, por ejemplo, la necesidad de realizar nuevas pruebas. En cualquier caso, será poco frecuente que la espera se alargue más allá de un par de meses.

El tiempo de espera para iniciar un tratamiento es seguramente el factor principal por el que no conviene descartar la medicina privada a las primeras de cambio, pues no es una cuestión que se reduzca únicamente a cuanto estés dispuesto a esperar. No es raro que el tiempo sea un factor decisivo para el éxito del tratamiento. Una mujer que entre en lista de espera con 37 años se arriesga a que, llegada la hora de realizar el tratamiento, las posibilidades de conseguir el embarazo hayan disminuido notablemente.

Tener voz y voto

En la sanidad pública todo está tan protocolizado que es habitual que el paciente se sienta más como un espectador que como parte activa en el proceso. Al optar por una clínica privada, puedes elegir el momento de los tratamientos, el centro en que realizarlos, el médico que llevará tu caso, etc. En definitiva, tendrás capacidad de decisión.

Hay mujeres que quieren intentar un ciclo natural para evitar una hormonación excesiva, parejas que necesitan intentar una última FIV antes de pasar a la donación de gametos… Las situaciones son tan diversas como las personas. A priori esto puede parecer un asunto menor, pero para nada es así. Llegará el momento en que tengas algo que decir y querrás ser escuchado.

¿Y si no se puede elegir?

La sanidad pública limita su cobertura en base a una serie de criterios que pueden ser distintos en cada comunidad autónoma. Conviene, por tanto, informarse previamente de si contamos con esa opción o no. Yo intenté hacerlo a través de mi médico de atención primaria, pero ni conocía la información ni le hacían gracia mis planes, así que acabé buscando en las páginas web oficiales.

El sistema sanitario andaluz establece una serie de requisitos para el acceso a las técnicas de Reproducción Humana Asistida. El que suele resultar más excluyente es el que se refiere a la edad de la mujer, que deberá ser inferior a 38 en el momento del tratamiento (IAC) o inferior a 40 años en el momento de indicación del tratamiento (IAD, FIV/ICSI y donación de ovocitos o preembiones).

Si estás leyendo esto justo cuando tienes que tomar una decisión, espero que el post te haya resultado útil. Y recuerda, no hay elección buena o mala. En ambos sitios se consiguen embarazos.