Método ROPA: otra forma de convertirse en madres
Reproducción asistida

Método ROPA: otra forma de convertirse en madres

La reproducción asistida en general es una gran desconocida para la mayoría de la población. Salvo pacientes o profesionales, me he cruzado a pocas personas que conocieran las cuestiones más básicas. Yo misma tenía conocimientos muy vagos antes de meterme de lleno en los tratamientos. De hecho, no supe en qué consistía el método ROPA hasta meses después de pisar por primera vez una clínica de fertilidad. A menudo tengo la impresión de que esta es una técnica particularmente desconocida. Por eso quiero hablaros de ella.

¿Qué es el método ROPA?

Se denomina método ROPA (Recepción de Ovocitos de la Pareja) a la técnica de reproducción asistida mediante la cual las dos integrantes de una pareja homosexual pueden participar de manera activa en la concepción de su hijo. Una de ellas aportará el óvulo que será fecundado con el semen de un donante anónimo, mientras que la otra recibirá el embrión resultante al que gestará y parirá. El bebé que nazca de este procedimiento tendrá por tanto una madre genética y otra biológica.

El tratamiento al que se someten las pacientes no difiere en nada al de una doble donación de gametos. Una mujer se somete a una estimulación ovárica para generar el mayor número de folículos posibles. Tras la punción, los óvulos recuperados se fecundaran en laboratorio y se observará el desarrollo embrionario durante algunos días. De manera paralela, otra paciente prepara su endometrio hasta que alcanza las condiciones óptimas para lograr el embarazo. Es entonces cuando tiene lugar la transferencia embrionaria.

¿Cuál es su particularidad?

Aunque el procedimiento sea idéntico al de otros tratamientos, los efectos legales en lo relativo a la filiación del recién nacido son muy distintos. La Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida establece en su artículo 5.5 que «la donación (de gametos o preembriones) será anónima y deberá garantizarse la confidencialidad de los datos de identidad de los donantes». Lógicamente, en el supuesto que estamos tratando es imposible cumplir con este precepto.

El método ROPA constituye por tanto una excepción al mismo. Al tratarse de una donación de óvulos no anónima, las dos mujeres serán legalmente progenitoras del bebé nacido mediante esta técnica y contraerán por tanto los mismos derechos y obligaciones sobre él. Será indispensable que exista vínculo matrimonial para que la pareja pueda acceder a este tratamiento de reproducción asistida.

¿Hay otras opciones para las parejas de mujeres?

Por supuesto que sí. Cada integrante de la pareja tiene a su disposición las mismas opciones que las mujeres que deciden emprender la maternidad en solitario. Algunas de ellas pueden ser incluso más ventajosas física y económicamente. Pero es estupendo que la ciencia y la legislación hayan avanzado hasta el punto de ofrecer otra alternativa más para aquellos que optan por un modelo familiar distinto al tradicional.

Conviene señalar que, aunque sólo el método ROPA permite la participación activa de ambas en los tratamientos, no hay que restar valor a la figura de la otra madre en los casos en los que no se opte por él. Acompañar y apoyar al paciente de reproducción asistida es una labor importantisima que también requiere una enorme implicación. Por no hablar de que ni la carga génetica ni la gestación son elementos necesarios para convertirse en madre.

¿Conocíais el método ROPA? ¿Qué os parece? ¿Tenéis a alguien cercano que se haya sometido a él?

Reproducción asistida

El anonimato del donante

Hace dos semanas me tocó leer otro de esos artículos periodísticos de tufillo conservador y rigor inexistente que sólo buscan perpetuar la imagen distorsionada que la gente ajena a la reproducción asistida tiene de ella. Mi primer pensamiento fue el de escribir un post de respuesta como he hecho en otras ocasiones, quizás lo hubiera hecho si hubiera estado en condiciones de sentarme frente a un ordenador. Pero una vez superado el enfado inicial pensé que, teniendo en cuenta que el texto había sido escrito por un “profesional” que probablemente buscaba su minuto de gloria o un nuevo contrato en alguno de los medios más rancios de nuestro país, decidí que no voy a contribuir en nada a su difusión. Me parece más constructivo seguir hablando de la reproducción asistida de verdad, con sus luces y sus sombras, y no de la que algunos personajes retrógrados quieren dibujar.

La donación de gametos o preembriones es un tema que da para varios post. Por algún lado hay que empezar y yo voy a hacerlo hablando del anonimato de los donantes. Este es un tema recurrente en cualquiera de las conversaciones sobre reproducción asistida que mantengo, tanto con personas ajenas a estos tratamientos como con receptoras de alguna donación. En el primer caso, lo que hay es curiosidad acerca de un tema que se desconoce y del que hay mucho mito y desinformación circulando.

¿Cuál es la regulación?

La Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida es muy clara en este tema al establecer en su artículo 5.5 que “la donación será anónima y deberá garantizarse la confidencialidad de los datos de identidad de los donantes por los bancos de gametos, así como, en su caso, por los registros de donantes y de actividad de los centros que se constituyan”.

Seguidamente reconoce el derecho de los hijos nacidos gracias a donación y de las receptoras de gametos y preembriones “ a obtener información general de los donantes que no incluya su identidad”. En algunas clínicas, esta información general incluye el peso, la altura, color de ojos, número de hijos nacidos a otras donaciones, etc. En mi clínica eran más restrictivos y la única información de los donantes que comparten es la edad y el grupo sanguíneo.

De manera excepcional “en circunstancias extraordinarias que comporten un peligro cierto para la vida o la salud del hijo o cuando proceda con arreglo a las Leyes procesales penales, podrá revelarse la identidad de los donantes, siempre que dicha revelación sea indispensable para evitar el peligro o para conseguir el fin legal propuesto”. La revelación de la identidad en estos supuestos tendrá además “carácter restringido y no implicará en ningún caso publicidad de la identidad de los donantes”.

¿El donante anónimo es entonces la única opción? Sí, al menos en las clínicas en territorio español. Si se quiere conocer la identidad del donante, habrá que trasladarse a alguno de los países que contemple esa modalidad en su regulación. También existe la posibilidad, algo disparatada en mi opinión, de adquirir una muestra de semen a través de un banco internacional. Esta puede ser una opción para mujeres que opten por no realizar sus tratamientos en un centro de reproducción asistida.

¿Qué opino yo sobre el tema?

Me gusta el sistema que rige en España y, si hubiera existido la posibilidad de elegir, hubiera optado igualmente por un donante anónimo. No creo que con ello pretenda restar visibilidad o infravalorar la figura del donante. ¿Cómo podría hacerlo cuando gracias a su existencia he sido madre? Pero tampoco estoy dispuesta a darle más importancia de la que para mí tiene.

Sin menospreciar la importancia de la genética, no creo que este tipo de donación tenga un significado muy distinto a la de sangre, médula u órganos. Para mí todas estas donaciones le aportan al receptor algo que necesita para llevar adelante un tratamiento. Pero una vez conseguido el fin, el donante no es más que una figura digna de reconocimiento y agradecimiento. Si pensara de otro modo, es muy probable que no hubiera dado el paso de convertirme en madre soltera por elección. Nunca podría privar conscientemente a un hijo de una figura que considerara irremplazable y necesaria para su desarrollo personal.

Entiendo que haya gente que no comparta mi opinión. Algunas personas han llegado a discutirme incluso que mi hija sí tiene padre. Para mí la paternidad y la maternidad no tiene nada que ver con espermatozoides, óvulos o gestaciones. Tampoco creo que la genética condicione irremediablemente nuestra forma de ser o actuar. Y estas ideas son las que intentaré transmitir a mi hija. Confío en que ella comparta mi razonamiento porque, en caso contrario, podría frustrarse ante la falta de información que nunca podrá obtener.

Ésta es una cuestión muy personal. Hace unas semanas otra madre soltera por elección me comentó a través de Instagram que para ella era muy importante que el donante no fuera anónimo, y conocer su punto de vista resultó muy enriquecedor. Por eso estaré encantada de leer cualquier experiencia u opinión que me hagáis llegar.