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Primer aniversario de Una madre legal

Hoy celebro el primer aniversario de Una madre legal. Hace justo un año veía la luz la primera entrada del blog. ¡Cuánto ha llovido desde entonces! Confieso que llegar hasta aquí es en parte una sorpresa para mí. La mayoría de blog no llegan activos a su primer cumpleaños, y yo temía cansarme de escribir. Ahora puedo decir que no solo no me he cansado, sino que tengo más ganas que nunca de seguir compartiendo mis pensamientos por aquí.

Cómo celebramos nuestro primer aniversario

Durante el primer año en activo de Una madre legal, he publicado un total de 61 entradas en el blog y seis vídeos en YouTube. Este blog acumuló un total de 13599 visitas. Nuestros vídeos sumaron 6729 visualizaciones. Y contamos con más de 1700 seguidores entre las distintas redes sociales en las que tenemos presencia. Quizás no sean grandes cifras, pero son las mías. Me siento muy orgullosa de ellas porque las he conseguido con esfuerzo.

Alcanzar las cinco visitas en un día sin publicación era un buen resultado durante las primeras semanas. Pero los lectores fueron creciendo progresivamente y, a día de hoy, alcanza un número que me anima a seguir trabajando en este proyecto. No he contado con el apoyo de grandes plataformas, pero tampoco lo he necesitado para cumplir con los objetivos que tenía cuando abrí el blog.

Pero sería muy injusto decir que esto lo he logrado sola. Si no hubiese visto esto crecer poco a poco, es probable que al tercer mes hubiera decidido escribir solo en un diario (opción es mucho menos trabajosa y más económica). La principal razón de que Una madre legal haya cumplido un año sois vosotros. Los que dedicáis un minuto a leer o comentar sois quienes dais sentido a este espacio.

Gracias por acompañarme en este camino

No puedo olvidarme en este post de la piña formada por unas blogueras que hemos encontrado en un grupo de WhatsApp nuestro lugar de desahogo. Madres de lactancia materna y de lactancia artificial, madres solteras y casadas, madres a favor y en contra de la gestación subrogada… Ninguna diferencia es importante cuando el diálogo y el respeto predomina sobre todo. Alba, Andrea, Bea, Belinda, Cris, Elena, Irene, Lidia, María, Natalia, Patri y Yolanda, ha sido estupendo conoceros.

Quiero agradecer a todas las marcas que han colaborado durante este año conmigo. Lo han hecho sabiendo que os trasmitiría lo que pensaba de sus productos con total honestidad. Y es que hacer colaboraciones está genial siempre que se mantenga la integridad. Recomendar aquello que le horririza o cambiar sus ideas para agradar a una marca nunca debería ser opción para un blogger.

Y por último, pero no menos importante, quiero dar las gracias a mí madre. Ella ha sido mi principal apoyo en todos los pequeños pasos que he dado en este proyecto. Y desde hace unas semanas es parte activa en él a través de nuestro canal en YouTube. Las risas que nos pegamos a costa de esos vídeos no tienen precio. Gracias por todo, mamá.

Ahora toca seguir trabajando para intentar llegar a más personas. Pero eso será a partir de mañana. Hoy voy a disfrutar de este primer aniversario comiendo una tarta riquísima. ¡Nos vemos pronto!

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¿Es ético cambiar el contenido de un post?

Imaginad que empezáis un blog donde, entre otras cosas, hacéis críticas de los distintos restaurantes que visitáis. Sois sinceros. Habláis desde el respeto, pero sin tapujos. Un día visitáis un restaurante de estrella Michelin. A pesar de su fama, vosotros sentís que la atención no es adecuada, que os han intentado colar algún que otro plato y que la cuenta es demasiado abultada. Y eso es lo que expresáis en vuestro blog.

Pero los días pasan y vuestra fama entre los críticos gastronómicos va en aumento. Es un sector minoritario, así que el término influencer quizás os vaya un poco grande. Pero sin duda los dueños de los restaurantes han oído hablar de vosotros. Y quién sabe si algún día tendréis la oportunidad de colaborar con ellos (si no lo habéis hecho ya). Y ahí está el post del que os hablaba antes…

¿Qué haríais? Quizás nunca influya en nada, pero también puede traeros algún quebradero de cabeza. ¿Os cerrará alguna puerta? Vivimos en un mundo donde las adulaciones son más apreciadas que las críticas constructivas, así que es probable que ese restaurante no quiera trabajar con vosotros. Y si llegarais a hacerlo, ¿podrían acusaos vuestros lectores de haberos vendido? Las opiniones pueden variar, pero el cambio de criterio debe razonarse si no se quiere incurrir en contradicciones.

Llevo pensando en esta situación un buen rato, pero la reflexión no ha surgido de la nada. Hace un par de años leí un post como el que os comentaba en el primer párrafo. Obviamente no hablaba de un restaurante, no tengo por costumbre leer ese tipo de contenido, pero las líneas generales eran las mismas. Por casualidad, hoy me he vuelto a encontrar con ese texto. Y cuál ha sido mi sorpresa cuando he visto que era más pequeño y muchísimo más aséptico de lo que recordaba.

Han pasado dos años, estaréis pensando. Mi memoria no es prodigiosa, pero recuerdo bien ese post. Para seguir con el símil, estaba en una época en la que devoraba información sobre restaurantes. Y prestaba especial atención a todo lo que tenía que ver con aquellos que visitaba más a menudo. En este punto quiero dejar claro algo. El principal motivo por el que no enlazo el post es porque no puedo demostrar el cambio del contenido. Además, considero que ese dato no es relevante de cara a la pregunta que planteo a continuación.

¿Es ético cambiar el contenido de un post? Me estoy refiriendo, claro está, a cambios sustanciales. Todos hemos rectificado aquella entrada en la que se nos olvidó pasar el corrector ortográfico. Y tampoco es raro que algunos blogueros con tiempo y fuerza de voluntad introduzcan pequeños (e inocuos) cambios para mejorar el SEO de una publicación o hacerla más vistosa. Pero en un caso como el expuesto, ¿se puede justificar una modificación tan profunda?

Mi opinión es que no. Creo que todo el mundo puede arrepentirse de un post, aunque yo siempre intento no escribir lo que no sea capaz de decirle a la cara al aludido. Pero si llegado el momento pensamos que una opinión puede perjudicarnos, creo que hay formas más honestas de enfrentarnos a ella.

  • Rectificar es de sabios. Cómo he dicho antes, las opiniones pueden cambiar. La persona que soy hoy tiene unas ideas muy distintas a las que tenía hace diez años. No pasa nada por decir que hemos cambiado de parecer y porqué. De hecho, a mí me encantaría leer ese tipo de publicación. Pensaría que el bloguero ha evolucionado, y que tiene una gran capacidad de autocrítica.

  • Eliminar el post. Es probable que no puedas rectificar porque tu opinión sea exactamente la misma que cuando publicaste. En estos casos, eliminar el texto me parece una opción propia de personas íntegras. Todos tenemos derecho al olvido. Si un post puede perjudicarte, no veo necesario el sacrificio. Se borra y punto. Quienes lo leyeron en su momento ya conocen tu opinión. Solo tú tienes que decidir si quieres seguir exponiéndola más tiempo.

  • Mantener el post sin modificaciones. Sin perjuicio de lo dicho en el punto anterior, esta es la opción que me parece más intachable. Si te has expresado con respeto y con arreglo a la verdad (o a tu verdad), ¿por qué hay que dar un paso atrás? ¿No deberían las empresas aceptar una crítica negativa? ¿No tendrían que entender que el post no es un ataque sino una oportunidad para solucionar algo que está fallando? Si no quieren colaborar contigo por opinar, ellos se lo pierden

Pero si cambiáis un post para darle un sentido completamente distinto, te estás traicionando. Y también estás traicionando a quien ha llegado hasta tu web confiando en que encontrará una opinión sincera. De momento, puedo decir que mi dignidad está entre las cosas que conservo intactas. Y cuando veo que alguien ha vendido la suya, siempre pienso lo mismo… Espero que al menos le haya puesto un buen precio.