Mi carta de despedida para el 2019

Querido 2019:

Hasta hace pocas semanas pensaba que nuestra despedida tendría que centrarse en pequeños instantes que, aunque dan sentido al día a día, no aparecen en rojo y subrayado en el libro de nuestra vida. Me equivocaba. A última hora te has colado en la lista de años claves, pero vayamos por partes.

Has sido un año de continuación

He visto como mi bebé se ha transformado en una niña cada vez más independiente. Nos hemos despedido del pañal, del chupete y del biberón. La silla de paseo ha pasado de ser algo imprescindible a un trasto que solo rescatamos cuando vamos de viaje. En unos días celebraremos el tercer cumpleaños y, aunque siento pena por tener que despedirme de una etapa que me hubiera gustado retener un poco más, sé que soy muy afortunada por ver a mi hija crecer sana y feliz.

Mi afición por el piano se ha consolidado. En junio toqué por primera vez en público. Tuve que bajar el tempo de la pieza para controlar los nervios y aún así me equivoqué en una nota. Pero no me sentí mal por ello. Había dedicado nueve meses a aprender y eso era lo importante. Ahora estoy inmersa en el segundo curso de la Escuela de Música y, aunque los dictados me traen de cabeza, la ilusión por seguir formándome es enorme.

Te reservabas también algunas sorpresas

He descubierto que una tarta de cumpleaños puede ser perfecta aunque se haya estampado contra el suelo. Que lo importante es disfrutar de ella junto a las personas que te quieren y respetan. Que los pequeños contratiempos pueden transformarse en una fuente de diversión. Que la vida es muy corta como para estar disgustada por pequeñeces.

Y me he convertido en propietaria de una vivienda. Llevaba años soñando con ello, pero no fue hasta hace unos meses cuando valoré la posibilidad seriamente. Para alcanzar este objetivo, he tenido que renunciar a otros proyectos. Temía que eso me entristeciera, pero ni por asomo ha sido así. ¿Cómo agradecer que me hayas llevado a este punto?

Llega la hora de decir adiós. Sé que te dedico una carta más corta de lo que mereces. La culpa la tiene el sol sevillano de diciembre y la buena compañía. Los dos se han unido dejándome poco tiempo para escribir hoy. Además, he querido recordarte únicamente por los buenos momentos. Esos son los que merece la pena almacenar.

Sólo me queda agradecer otro año más que la salud de mis seres queridos y la mía propia se haya mantenido en buena forma.

Cuando te cruces con el 2020, pídele que nos trate bien.

Hasta siempre.

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