Colaboraciones

La rabieta de Nono

Unas de las cosas que me gustaría ser capaz de transmitirle a mi hija es el amor por la lectura. Para ello considero imprescindible fomentar un hábito adecuado desde muy pronto, por lo que he adquirido libros para ella desde que estaba embarazada. Poco a poco me gustaría hablaros de todas las historias que hemos ido acumulando. Hoy quiero recomendar La rabieta de Nono, un libro que ha llegado a nuestras manos gracias a Boolino y que nos ha encantado.

La rabieta de Nono Ficha

Sinopsis

En el bosque de Bonito Rincón el gruñido de un osito enfadado retumba por todos lados. Susi, la hermanita de Nono, ha roto sin querer el libro favorito de su hermano. Nono está hecho una furia y decide vengarse, aunque al final descubrirá que, tal vez, enfadarse tampoco sirva de mucho… ¡lo mejor es hablar y encontrar una solución!

Mi opinión

La historia y el mensaje que intenta transmitir me han encantado. Sin duda, me parece un libro útil para ayudar a los pequeños a identificar sentimientos tales como el enfado, la ira… y mostrarles herramientas para combatirlos. Y es que, como bien aprende Nono, el diálogo y la cooperación son mucho más fructíferos que el deseo de venganza. También se exploran otros sentimientos como la tristeza, el arrepentimiento y la felicidad; y se abordan cuestiones como la importancia de afrontar nuestra responsabilidad ante un hecho y reparar el daño causado.

El lenguaje empleado es muy completo. De hecho, aunque en líneas generales es bastante asequible, creo que hay algunas palabras que quizás no sean del todo comprensibles para niños de edades entre 3 y 6 años. Esto no lo considero un inconveniente en absoluto ya que me parece un plus que los cuentos fomenten la adquisición de vocabulario.

La rabieta de Nono enfado

Las ilustraciones me han encantado. Las tonalidades empleadas son agradables. Y lo que más me ha gustado es que, cuando se describe algún sentimiento importante, un primer plano del personaje que lo experimenta ocupa toda la página. En la imagen, por ejemplo, vemos como la expresión enfadada de Nono tiene todo el protagonismo, quedando reforzada además por las tonalidades rojas y negras del resto de la página.

Desde el día que nos llegó el libro, se lo he leído a Daniela en varias ocasiones. Ella lo disfruta mucho, aunque lógicamente aún no entiende su significado al completo. ¡Estoy segura de que lo disfrutaremos durante mucho tiempo!

Maternidad

Aquí se habla de lactancia artificial

Ni en este ni en otros textos que puedan venir pretendo promover la lactancia artificial frente a la lactancia materna, que sin duda es el mejor método de alimentación para cualquier bebé.

Dicho lo anterior, quiero dejar claro que en este blog se va a hablar mucho de lactancia artificial y nunca se hará de modo peyorativo o con complejos. ¿Por qué? En primer lugar porque aquí vengo a hablar de mi experiencia. Y en segundo, porque así compensaré de alguna manera los 0 minutos que se dedicaron a ella durante mis clases de preparación al parto y las tan escasas respuestas que obtuve durante el primer mes de vida de mi hija.

Este tema nunca me ha hecho daño. No sólo estoy satisfecha con la alimentación de mi hija, sino que cada día me convenzo más de que la lactancia artificial era nuestra mejor opción. Pero que a mí no hayan llegado a herirme no me ha impedido ser consciente la cantidad de veces que he sido juzgada. Por eso aprovecho para decir desde ya que las personas que se sientan tentadas a ser irrespetuosas pueden evitar el esfuerzo, pues sus comentarios no tendrán ningún efecto sobre mí.

Decidiendo el tipo de lactancia

Si soy sincera conmigo misma, tengo que admitir que en ningún momento durante la búsqueda y desarrollo del embarazo me ilusionó dar el pecho. Lo intenté porque sentía una presión autoimpuesta. No soy ajena a los beneficios de la lactancia materna y sentía que privar de ellos a mi hija voluntariamente era un acto egoísta. No culparé de ello a la sociedad. Muchas otras mujeres sí podrían hacerlo, pero personalmente creo que no tuve ese condicionante externo.

Tras mucho reflexionar, decidí que quería intentar la lactancia mixta desde el primer día. Sabía que con una cesárea era difícil que yo estuviera en la habitación para la primera toma de Daniela y tampoco estaba dispuesta a ver llorar a mi bebé por hambre (me da igual lo que digan, hay bebés que no quedan satisfechos con el calostro). Por eso no era reacia a dar una “ayuda” los primeros días siempre que fuera necesario.

A partir de ahí, esperaba poder instaurar la lactancia materna durante el día y usar un biberón de leche artificial para la última toma. Siempre he estado muy obsesionada con las rutinas y para mí era una prioridad establecer horarios. Quería que la última toma fuera a una hora concreta y saber qué cantidad de leche había tomado mi hija. Esperaba así favorecer el sueño del bebé. Para mí no es factible dormir en intervalos pequeños. Imagino que lo hubiera soportado si hubiera sido necesario, pero mi salud hubiera quedado resentida.

Tras esa última toma, usaría el sacaleches e intentaría crear un pequeño banco de leche. Y es que tampoco quería alargar la lactancia materna más allá de los 6 meses. A partir de ese momento,  la alimentación con leche materna llegaría hasta donde las reservas y el sacaleches nos permitieran.

¿Cómo me preparé?

Me informé muchísimo. Leí artículos de revistas especializadas, algunos de los libros tan famosos sobre el tema, asistí a charlas con matronas, seguía la experiencia de otras madres a través de internet… Me sé la teoría a la perfección. Tomar una decisión estando informada me parece esencial, sea cual sea la elección final. Solo así pueden valorarse todos los beneficios e inconvenientes.

Me hice con todos los artículos que creía que podía necesitar. Los sujetadores y pijamas que había comprado durante el embarazo estaban preparados para el periodo de lactancia. Tenía, discos de lactancia, bolsas para la congelación de leche materna… E intuyendo que mi parto sería por cesárea, me planteé cómo podría estimular la producción en caso de que no pudiera poner al bebé al pecho por alguna circunstancia. La mejor opción me pareció comprar un sacaleches eléctrico para llevar al hospital.

Antes de dar a luz me sentía completamente preparada para llevar adelante el plan que me había marcado. Tenía todos los recursos que creía necesitar y estaba segura de poder contar con ayuda si la necesitaba. Además, no sentía ninguna presión. Como he dicho antes, la lactancia materna no me ilusionaba especialmente por lo que creía que, en caso de tener que renunciar a ella, ni siquiera me lo plantearía. Pero la realidad siempre supera las expectativas, y las cosas acabaron siendo muy distintas a como yo las había imaginado… Aunque eso os lo contaré en otro post para no extenderme demasiado y no mezclar mis expectativas con la experiencia real.

¿Vosotros teníais claro que lactancia queríais instaurar desde el principio? ¿Os costó tomar la decisión? ¿Os habéis sentido juzgadas? Estaré encantada de leer vuestros comentarios.

Personal

NO TENGO UN SÚPER PODER

Hace una semana estaba de miniviaje en Madrid. Esa ciudad siempre me carga las pilas, aunque el momento de dejarla me provoque un bajón total, así que volví a mi ciudad con la ilusión por las nubes. En la maleta traía cinco cuadernos con frases inspiradoras que había comprado para llenar con las ideas que me sobraban. Me prometí que no me daría pena usarlos.

El domingo me lo tomé de descanso, pero para el lunes tenía muchos planes. Sin embargo, la cosa empezó a torcerse ya durante la madrugada. Me despertó un dolor de garganta nada sutil. Durante esa mañana, mantuve la esperanza de que todo se quedara en una simple inflamación por haber forzado la voz. Pero esa misma tarde, tuve que dejar mi ordenador a un lado a causa de los tiritones que la fiebre me estaba provocando. Estaba oficialmente enferma.

He pasado tres días muy malos. No quería ni que me miraran. Tampoco me apetecía comer. Los que me conocéis ya os podéis imaginar lo malita que estaba… Sólo saqué algo de ánimo para celebrar el sorteo del lote de papillas NESTUM. Si aún no sabéis quien ha sido el ganador, podéis ver el video con el resultado en mi Instagram.

¿Sabéis eso que dicen de que las madres tenemos un súper poder y podemos con todo? Es mentira. Nunca me había costado tanto preparar un biberón y, mientras recorría con Daniela los escasos 10 metros que hay entre mi salón y su habitación, temí por nuestra integridad porque hacíamos más eses que tras una noche de fiesta. Por suerte, cuento con la ayuda de mi madre. No sé cómo me hubiera ocupado sola de un bebé en ese estado. ¡Gracias mamá!

Y justo cuando empezaba a vislumbrar el camino de la recuperación, Daniela comenzó a toser. Así que esta mañana tocó visita al pediatra. Y así estamos. En mi casa los antibióticos van y vienen. Aún sigo con las neuronas algo dormidas, aunque el estómago ya está bien despierto (anoche celebré mi mejoría con pollo asado y hoy lo haré con pizza). Pero ya estoy trabajando en recuperar el ritmo.

Y es que hay muchas cosas de las que quiero hablar. Sólo necesito un poco de tiempo y que la salud acompañe. Así que si este fin de semana las dos condiciones se cumplen, el lunes retomaré el contenido habitual del blog.

¡Buen fin de semana!

Colaboraciones

Papillas de cereales NESTUM (Sorteo)

Nunca había comprado las papillas de cereales NESTUM ni conocía demasiado sobre ellas. Así que, cuando supe que tendría la oportunidad de probarlas gracias a Nestlé, me pasé por la web para leer toda la información disponible.

Me gustó leer que, salvo la variedad de 8 cereales con miel, estas papillas contenían un 0% de azúcares añadidos. Aunque lo cierto es que, tras leer la etiqueta, ví que contienen un gran porcentaje azucares. Esta sigue siendo una de las asignaturas pendientes de este tipo de productos. En lo que sí se está trabajando es en sacar el aceite de palma de cada vez más productos. Estas papillas no lo contienen.

Ayer por fin llegó el paquete a casa. Una de las cosas que más me gustaron a simple vista fue el formato. ¡Me encanta que vengan en lata! Me parece un formato mucho más cómodo que la tradicional caja de cartón con una bolsa dentro. De hecho, cuando fue llegando el momento de introducir los cereales en la dieta de Daniela, reservé algunas latas de leche en polvo para vaciar los cereales en ellas.

Mis primeras impresiones tras probar la variedad de avena con ciruela son buenas. Se diluye perfectamente en leche de vaca entera, y tanto el olor como el sabor de esta papilla es excelente. Además, la fibra que contiene nos ha ayudado con los problemas de estreñimiento de la peque. Así que estoy muy satisfecha con el producto. Por eso, gracias a Nestlé, voy a poner en marcha un sorteo para que alguno de mis seguidores disfrute de un pack como el que yo he recibido.

Sorteo NESTUM

La mecánica es muy sencilla. Para entrar en el sorteo del pack, podréis realizar cualquiera de estas tres acciones:

  • Dejar un comentario en esta misma entrada indicando que queréis participar.
  • Seguir la cuenta del blog en twitter y hacer RT al tweet del sorteo, que estará fijado en el perfil.
  • Seguir la cuenta de Instagram y comentar la foto del sorteo mencionando a dos amigos.

Estas acciones son acumulables, es decir, podéis realizar las tres para tener más oportunidades.

Plazos

El plazo para realizar las acciones descritas concluirá a las 23:59 horas del próximo martes 20 de marzo. A partir de ese momento, procederé a realizar el sorteo a la mayor brevedad posible.

Una vez publicado el nombre del ganador, éste dispondrá de 48 horas para comunicarme sus datos. Podrá hacerlo desde el formulario de contacto del blog o a través de cualquier red social. Si pasado ese tiempo no lo hubiera hecho, volveré a sortear el pack.

Envío

Podrán participar en el sorteo los residentes en territorio español.

Es Nestlé quien se encarga del envío del premio al ganador.  Por tanto, los participantes en el sorteo aceptan que, en caso de resultar ganador, sus datos personales sean compartidos con esta empresa para que pueda realizarse la entrega del pack.

¡Mucha suerte!

Embarazo

Mi parto por cesárea

En este post voy a contar como fue mi parto por cesárea electiva o programada, que tuvo lugar en el Hospital público universitario Virgen Macarena de Sevilla el día 16 de enero de 2017 (semana 40+2 de embarazo). Si queréis recordar como llegué a ese momento, podéis leer la primera y segunda parte del post Decidiendo el tipo de parto.

Aquel día a las 8:00h ya estaba en el hospital. Tras entregar el documento que me habían dado una semana antes en la consulta de Alto Riesgo, me dirigí a la sala de espera. Pasaban unos minutos de las 8:30h cuando me llamaron a consulta. Lo primero que hice allí fue responder unas preguntas rutinarias (si había tenido contracciones, si había perdido líquido, si había ingerido algo pasadas las doce de la noche, etc). Después, pasé a monitores.

No sé exactamente cuanto estuve con las correas puestas, pero calculo que fue al menos una hora. Durante ese tiempo, tuve contracciones “fuertes” que no hubiera sabido identificar si no me lo hubieran dicho. La misma doctora que me había visto siete días antes me informó de que la cesárea tendría lugar a lo largo de la mañana, pero no podía precisar hora porque eso dependería de la disponibilidad de quirófanos y ginecólogos.

Aún en consulta, me cogieron la primera vía y firmé el consentimiento para la punción de la placenta con fines de identificación. Me dieron unos folletos de apoyo a la lactancia materna que me parecieron extemporáneos y carentes de información esclarecedora. Me entregaron también cuatro comprimidos de un complejo vitamínico específico para el periodo de lactancia y me explicaron que debía tomar cada uno de ellos en el desayuno de los siguientes días.

Tras esto, fui trasladada a la zona de preparto donde se me asignó una habitación en la que podría esperar junto a mi acompañante a que llegara el momento de la cesárea. Allí estaría algo más de una hora. En ese tiempo fueron a verme las ginecólogas y anestesistas que participarían en la operación. Estos últimos fueron los que me trajeron las malas noticias. Dado mi historial médico, temían no poder usar anestesa intradural. Además, por mi operación de cervicales, intubarme no era fácil… Si surgía alguna complicación, la cosa podía ponerse fea. Así que habían reservado una cama en la UCI.

Casi me da algo. Ya he estado en la UCI y fue una tortura. No quiero ni imaginar lo que es estar allí sabiendo que tu bebé está en planta y que no puedes verlo. Empecé a ponerme muy nerviosa y, cuando unos minutos más tarde llegué a quirófano, me temblaban las piernas. Por suerte, pudieron ponerme la anestesia en el primer intento. He oído muchas versiones sobre si el pinchazo duele o no. A mí no me molestó especialmente.

Fue cuestión de segundos que no pudiera mover las piernas. Y tampoco tardaron mucho en llegar los mareos y las nauseas. Gracias a todo lo que me había informado, sabía que esto era algo que ocurría con frecuencia así que inmediatamente informé a la anestesista. Me puso una primera dosis de algún medicamento, pero las nauseas seguían y fue necesario administrarme más medicación a través del suero. En un par de minutos, me encontraba mucho mejor y a partir de ahí estuve muy tranquila.

Supe que la cesárea había comenzado cuando noté el olor tan caracteristico que provoca el bisturí eléctrico. No habrían pasado más de cinco minutos cuando escuché el llanto (o griterio para ser más exactos) de Daniela. No la vi entonces ya que se la llevaron inmediatamente. Imaginé que estaría siendo atendida por el pediatra y lo cierto es que no me importó. Sé que para muchas mujeres es importante ver al recien nacido en los primeros momentos, y a mi también me hubiera gustado, pero en un quirófano nunca me he planteado interrumpir el trabajo de los sanitarios.

Lo único en que podía pensar era que por fin había acabado el embarazo. Supongo que fue mi falta de reacción lo que llevó a la anestesista a decirme que esa era mi hija, algo obvio teniendo en cuenta que era la única embarazada en quirófano. Aproveché su intervención para preguntarle como estaba la niña y me confirmó que estaba siendo valorada por el pediatra, pero añadió a modo de broma que estaba mosqueada. Y es que puede sonar a tópico, pero os aseguro que nunca he escuchado a un bebé llorar así. Era un grito tras otro.

Desde ese momento, fue como si mi cabeza desconectara de la operación que aun me estaban realizando para centrarse en lo que estaba ocurriendo en la habitación contigua. Sé que tuve una hemorragía y necesité una transfusión. A veces también notaba una sensación extraña, como si un peso enorme me empujara contra la camilla. Pero lo cierto es que yo sólo prestaba atención a las palabras sueltas que conseguía captar entre los gritos de Daniela. Una de las cosas que escuché fue el peso de la peque: 3720 gramos.

Más tarde, la pediatra se acercó a donde estaba yo para darme la enhorabuena e informarme de que Daniela estaba sana y en perfecto estado. Me dijo que estaban preparandola y enseguida podría verla. Mientras esperaba, la ginecóloga pidió que se llamase a la UCI para comunicar que no iría allí. Fue otro peso quitado de encima. En un momento dado, noté que el llanto cada vez se escuchaba más cerca, lo que significaba que estaba a punto de conocer a mi hija.

Lo primero que pensé al verla fue que era igual a como la habia visto en la ecografía 4D de la semana 27 de embarazo. Tenía la cara redondita y se adivinaban unos rasgos grandes. Dejó de llorar y aproveché para darle varios besos y decirle que en un rato estaríamos juntas. Algunas madres que habían parido por cesárea en ese mismo hospital me habían dicho que ese momento era un visto y no visto, pero lo cierto es que a mí me dejaron ver a Dani durante bastante rato. Y cuando la sacaron de quirófano, me dijeron que aun podría verla un poco más antes de pasar a sala de despertar. Me preguntaron de hecho por qué no había pasado con las gafas y, cuando comenté que no sabía que estaba permitido, me dijeron que en estos casos se hacía una excepción. Inmediatamente salieron a asegurarse de que las gafas estaban localizadas para que pudiera ver a Daniela de nuevo con ellas puestas.

Salí de quirófano y, tal y como me habían dicho, pude estar otro rato más con la peque. Tras esto, ella pasó a la habitación de planta con mi familia y a mí me llevaron a la sala de despertar. Apenas estuve allí una hora y media. En cuanto conseguí mover las piernas y me hicieron unas analíticas, me llevaron a mí tambien a la habitación.

Aunque aún hay mucho que avanzar en lo que se refiere a los protocolos durante las cesáreas, lo cierto es que yo tengo un magnífico recuerdo de la mía. Si algún día vuelvo a ser madre, firmaría una experiencia como esta con los ojos cerrados. Sentí que los profesionales que me atendieron hicieron todo lo posible para convertir ese momento en algo especial. Durante todo el proceso me sentí respetada y cuidada. Por eso no quiero acabar el post sin darles las gracias por lo bien que me atendieron.

Personal

Si pudiera volver atrás…

Este post está motivado por una iniciativa del grupo de apoyo Más que madres/padres. Se propone un tema sobre el que debemos escribir los integrantes con el objetivo de conocernos un poco mejor. Si hace unas semanas teníamos que decir 50 cosas sobre nosotros, en esta ocasión la pregunta era ¿Qué cambiarías si pudieras volver atrás?

Es una cuestión complicada. Difícilmente actuó por impulsos, por lo que no suelo arrepentirme de demasiadas cosas. Supongo que es una de las ventajas de tener una personalidad tan reflexiva. Pero 27 años dan para mucho y sería demasiado arrogante decir que no cambiaría nada. Tras mucho pensar, esto es lo que tengo claro que me gustaría cambiar si pudiera dar marcha atrás en el tiempo.

Sería más impulsiva

Cada una de las decisiones que he tomado en mi vida han sido el resultado de un periodo de reflexión. Siempre he tenido en cuenta los pros y contras, he valorado como afectaba a mi entorno, he intentado predecir todos los escenarios posibles… Y no me ha ido mal. Pero siempre he tenido la sensación de que la vida es más indulgente con la gente que actúa a lo loco.

Una de mis espinitas es que nunca podré conducir. A los 20 años estuve a punto de intentar sacar el carnet, pero lo dejé por diversos motivos. Ahora ya no cuento con esa opción y, aunque no me arrepiento, soy consciente de que es otra de las experiencias que he perdido por el camino.

Me protegería mejor

Si hace 20 años hubiera sabido lo que ahora, no habría dejado que nadie me hiciera daño deliberadamente. Sería más combativa y callaría menos cosas. No le ocultaría a mis padres, por ejemplo, todos los comentarios que aguantaba en el colegio por parte de docentes y alumnos. Sería también más desconfiada, porque me he cansado de estar para todos y que solo unos pocos estén para mí. Me he hartado de amistades y cariños proclamados pero poco demostrados.

Pero todo tiene su lectura positiva. No me he vuelto inmune, pero ahora la gente lo tiene mucho más difícil para hacerme daño. Y es que he aprendido que son pocas las personas en mi vida por la que merezca la pena sufrir. Así que cada vez siento menos remordimientos cuando tengo que apartar de mi vida a la gente que no aporta más que quebraderos de cabeza.

Ahorraría más

Al vivir sola, aprendí lo importante que era gestionar bien el dinero si no querías pasarte una semana comiendo pasta. Pero antes era muy dada a comprar cualquier cosa sin pensar en el ahorro.

Intento no mirar nunca el altillo de mi armario. Allí tuve que guardar por falta de espacio muchísimos libros en edición de tapa dura. Me gusta leer en papel, y sueño con tener una biblioteca en casa. Pero cuando pienso en el dinero que hay invertido ahí… Aunque mis gustos no han cambiado, os aseguro que ahora me cuesta muchísimo pagar 30€ por un libro. El ebook tampoco está tan mal.

Y las cosas que le hice comprar a mí madre… ¿Recordáis esas botas peludas que tan de moda se pusieron hace más de una década? Pues yo tuve unas después de pedirlas ochenta veces. Como ocurre a menudo con las modas pasajeras, pronto dejaron de gustarme y quedaron olvidadas hasta que en un cambio de armario se fueron a la basura.

Si pudiera cambiar algo, sin duda sería haber limitado este tipo de gastos y haber guardado el dinero para cosas más importantes. Supongo que este es un pensamiento típico cuando maduras…

Dicho esto, no me arrepiento de lo vivido. Cada palabra, decisión o acto son los que han definido quién soy actualmente. Y me gusta mucho esta versión de mi misma. No cambiaría la vida que tengo por otra, aunque no me quejaría si me tocara la lotería. Aunque suene a tópico, me siento orgullosa de adonde he llegado y de las personas que aun hoy me acompañan en este camino.

Y vosotros, ¿cambiaríais muchas cosas si pudierais volver atrás?