Reproducción asistida

Cómo afrontar la cancelación de un tratamiento

Siempre suelen nombrarse los malos diagnósticos, los negativos, los abortos, los nervios de la betaespera… cuando se habla de los momentos más difíciles en reproducción asistida. Pero la cancelación de un tratamiento es, según mi experiencia, igual de duro que todo lo anterior y siempre tengo la percepción de que no se habla tanto de ello.

Me imagino que los motivos por los que la cancelación de un tratamiento puede afectarnos tanto anímicamente son tan variados como pacientes existen. Pero a partir de mi experiencia y de lo que me han transmitido otras mujeres que han pasado por lo mismo, creo que los más comunes son los siguientes:

  • Pensamos que es una oportunidad perdida. ¿Y si este era el tratamiento definitivo? ¿Y si era mi mes? Éstas son preguntas que nos repetimos una y otra vez. Es algo que carece de toda lógica. Es obvio que un tratamiento que se cancela no va bien, pero cuando estás metido en el ajo no todo se ve tan claro.
  • Un tratamiento cancelado es una fuente de incertidumbre. Significa que ha fallado el plan inicial trazado por un profesional que tiene más que claro lo que debe hacer con cada paciente. Por eso nos inquieta mucho no saber qué ha ocurrido, si volverá a pasar y cómo actuar si la historia se repite.
  • Iniciar un tratamiento implica invertir recursos, tanto económicos como físicos, sea cual sea el final del mismo. Una mujer a la que cancelan un tratamiento de Fecundación in Vitro antes de la punción puede haber gastado ya en torno a 1000€ en medicación. Pensar que esa inversión no ha servido para nada puede acabar menguando la ilusión con la que se enfrente a un próximo tratamiento.
  • Y si todo lo anterior no fueran ya suficiente malo, tras una cancelación hay que afrontar un periodo de inactividad en el que nuestra cabeza no para un segundo.

Mi experiencia

No me libré de la cancelación de un tratamiento durante mi etapa en reproducción asistida. La fase de estimulación en mi primera IAD había durado 13 días y sólo se había conseguido un folículo de tamaño adecuado (según me dijeron, lo ideal para este tipo de tratamiento eran dos). Por ello, se aumentó levemente la dosis de medicación para el segundo intento.

Estaba segurísima de que en esa ocasión conseguiría el positivo. Las posibilidades de embarazo no eran mayores a las de la inseminación que había hecho en el ciclo anterior ni a la que haría posteriormente, pero estaba con la positividad a tope. Quizás por eso me lleve un palo tan grande… Y es que en el segundo control ecográfico se vió que esta vez el cuerpo había trabajado demasiado. Había muchos folículos de tamaño similar y mi médico decidió cancelar por riesgo de embarazo múltiple.

Me pillé un berrinche tremendo y pasé horas encerrada en mi habitación llorando. Aún hoy sigo pensando que, a excepción del aborto, este fue el momento más duro que viví en reproducción asisitda. Mucho más que las betas negativas. El siguiente tratamiento lo empecé ya bastante apática, imagino que por miedo a que ocurriera lo mismo. No lo disfruté en ningún momento y, cuando supe que era otro negativo, decidí que las inseminaciones habían acabado para mí.

¿Que aprendí de aquello?

Antes de iniciar los tratamientos reconozco que siempre pensaba que los pacientes dramatizaban demasiado, que esos contratiempos no eran para tanto y que yo no lo pasaría tan mal. Pero bien pronto descubrí que no era distinta a los demás. También sentía la terrible necesidad de buscar culpables, de encontrar respuestas que no existían… En aquellos momentos la irracionalidad me nubló el juicio.

Ahora, desde la distancia, tengo claro que ningún médico quiere cancelar un tratamiento. Lo primero para ellos es el bienestar del paciente y, si toman la decisión de cancelar, es porque es lo mejor para nosotros. Recordad que la confianza con nuestro médico es un pilar fundamental en reproducción asistida, así que es importantísimo que sigamos sus indicaciones. Por ejemplo, si os dicen que no mantengáis relaciones sexuales sin protección, es porque existen riesgos para un embarazo en ese ciclo. No tentéis a la suerte.

También me he dado cuenta de que un tratamiento cancelado no es tiempo perdido. De todo se aprende y ese tratamiento habrá aportado una información muy valiosa para vuestro médico. Seguramente en un próximo intento pueda ajustar todo lo necesario para buscar un resultado distinto. Esto es mucho mejor que ir a ciegas.

Y, por último, lo más difícil. Hay que tener paciencia. Estar distraídos hasta comenzar un nuevo ciclo será probablemente lo que más os ayude. Cargaos de pensamientos positivos y mantenedlos en cada tratamiento. En caso contrario, cuando llegue el definitivo, podréis sentir cierta pena por no haberlo vivido con más ilusión.

Si estás leyéndome después de haber pasado por alguna situación parecida, probablemente pienses que es muy fácil decirlo cuando ya has conseguido el objetivo. Y probablemente llevéis razón. Pero eso no lo convierte en menos cierto.

1 pensamiento sobre “Cómo afrontar la cancelación de un tratamiento”

  1. Me llega el aviso de tu nuevo post mientras estoy esperando para entrar en consulta y que me digan que se cancela el tratamiento por cuarta vez consecutiva. Esto es agotador. Muchas gracias por tus palabras, conocer la experiencia de otras personas y saber que no eres la única ayuda muchísimo. Un saludo.

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