Reproducción asistida

El anonimato del donante

Hace dos semanas me tocó leer otro de esos artículos periodísticos de tufillo conservador y rigor inexistente que sólo buscan perpetuar la imagen distorsionada que la gente ajena a la reproducción asistida tiene de ella. Mi primer pensamiento fue el de escribir un post de respuesta como he hecho en otras ocasiones, quizás lo hubiera hecho si hubiera estado en condiciones de sentarme frente a un ordenador. Pero una vez superado el enfado inicial pensé que, teniendo en cuenta que el texto había sido escrito por un “profesional” que probablemente buscaba su minuto de gloria o un nuevo contrato en alguno de los medios más rancios de nuestro país, decidí que no voy a contribuir en nada a su difusión. Me parece más constructivo seguir hablando de la reproducción asistida de verdad, con sus luces y sus sombras, y no de la que algunos personajes retrógrados quieren dibujar.

La donación de gametos o preembriones es un tema que da para varios post. Por algún lado hay que empezar y yo voy a hacerlo hablando del anonimato de los donantes. Este es un tema recurrente en cualquiera de las conversaciones sobre reproducción asistida que mantengo, tanto con personas ajenas a estos tratamientos como con receptoras de alguna donación. En el primer caso, lo que hay es curiosidad acerca de un tema que se desconoce y del que hay mucho mito y desinformación circulando.

¿Cuál es la regulación?

La Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida es muy clara en este tema al establecer en su artículo 5.5 que “la donación será anónima y deberá garantizarse la confidencialidad de los datos de identidad de los donantes por los bancos de gametos, así como, en su caso, por los registros de donantes y de actividad de los centros que se constituyan”.

Seguidamente reconoce el derecho de los hijos nacidos gracias a donación y de las receptoras de gametos y preembriones “ a obtener información general de los donantes que no incluya su identidad”. En algunas clínicas, esta información general incluye el peso, la altura, color de ojos, número de hijos nacidos a otras donaciones, etc. En mi clínica eran más restrictivos y la única información de los donantes que comparten es la edad y el grupo sanguíneo.

De manera excepcional “en circunstancias extraordinarias que comporten un peligro cierto para la vida o la salud del hijo o cuando proceda con arreglo a las Leyes procesales penales, podrá revelarse la identidad de los donantes, siempre que dicha revelación sea indispensable para evitar el peligro o para conseguir el fin legal propuesto”. La revelación de la identidad en estos supuestos tendrá además “carácter restringido y no implicará en ningún caso publicidad de la identidad de los donantes”.

¿El donante anónimo es entonces la única opción? Sí, al menos en las clínicas en territorio español. Si se quiere conocer la identidad del donante, habrá que trasladarse a alguno de los países que contemple esa modalidad en su regulación. También existe la posibilidad, algo disparatada en mi opinión, de adquirir una muestra de semen a través de un banco internacional. Esta puede ser una opción para mujeres que opten por no realizar sus tratamientos en un centro de reproducción asistida.

¿Qué opino yo sobre el tema?

Me gusta el sistema que rige en España y, si hubiera existido la posibilidad de elegir, hubiera optado igualmente por un donante anónimo. No creo que con ello pretenda restar visibilidad o infravalorar la figura del donante. ¿Cómo podría hacerlo cuando gracias a su existencia he sido madre? Pero tampoco estoy dispuesta a darle más importancia de la que para mí tiene.

Sin menospreciar la importancia de la genética, no creo que este tipo de donación tenga un significado muy distinto a la de sangre, médula u órganos. Para mí todas estas donaciones le aportan al receptor algo que necesita para llevar adelante un tratamiento. Pero una vez conseguido el fin, el donante no es más que una figura digna de reconocimiento y agradecimiento. Si pensara de otro modo, es muy probable que no hubiera dado el paso de convertirme en madre soltera por elección. Nunca podría privar conscientemente a un hijo de una figura que considerara irremplazable y necesaria para su desarrollo personal.

Entiendo que haya gente que no comparta mi opinión. Algunas personas han llegado a discutirme incluso que mi hija sí tiene padre. Para mí la paternidad y la maternidad no tiene nada que ver con espermatozoides, óvulos o gestaciones. Tampoco creo que la genética condicione irremediablemente nuestra forma de ser o actuar. Y estas ideas son las que intentaré transmitir a mi hija. Confío en que ella comparta mi razonamiento porque, en caso contrario, podría frustrarse ante la falta de información que nunca podrá obtener.

Ésta es una cuestión muy personal. Hace unas semanas otra madre soltera por elección me comentó a través de Instagram que para ella era muy importante que el donante no fuera anónimo, y conocer su punto de vista resultó muy enriquecedor. Por eso estaré encantada de leer cualquier experiencia u opinión que me hagáis llegar.

 

6 comentarios en “El anonimato del donante”

  1. Yo no puedo estar más de acuerdo contigo. Me gusta que el donante sea anónimo. Así lo elegí yo. Por eso decidí ser madre así. Porque no quería un padre para mi hijo. A mí también alguna amiga me ha hablado del donante como si fuera el padre de mi hijo. Para nada! Es anónimo. Y así se lo haré saber a mi hijo. No creo que haya tanto problema. Yo si es cierto que no entiendo a aquellas mamas que dicen que les gustaría conocer al donante y demás. ¿Porque? ¿Entonces porque lo has hecho así?

    1. Como no podía ser de otra manera, comparto 100% tu manera de pensar.
      Reconozco que a mi me sorprendió encontrarme con mujeres que hablaban del donante como padre de su hijo. Creía que todas las mujeres que optábamos libremente por este modelo lo hacíamos pensando lo mismo. Como digo en el post, si pensara que el donante es una figura imprescindible para el desarrollo vital de mi hija, jamás podría haberla privado de ella.
      Muchas gracias por tu comentario.

  2. A mí me parecería bien que se legalizara la donación no anónima como la anónima. Así serían donante y receptor quienes elegirían la modalidad que más corresponde a sus deseos o necesidades. Yo no, pero hay personas que contemplarían la donación de un hermano/a o familiar, cosa que, aunque yo no haría, me parece que tiene todo el sentido del mundo si la genética tiene importancia para ti. Entiendo también que haya personas que donarían/recibirían gametos de un amigo/a cercano, y que valoren la motivación del donante, ¿por qué no? A mí es una de las cosas que más me ha dado que pensar, cuál sería la motivación de esa persona. El caso es lo de siempre, no “obligar” a nadie a hacer nada basándose en suposiciones, predicciones y premisas que no son ciertas.

    Y creo que eso responde a tu pregunta de, ¿por qué lo has hecho así? Porque en España no hay otra opción.

    1. Me gusta el punto de vista de A, en mi caso yo también quiero ser madre sola y prefiero que mi hij@ no tenga padre, pero existen muchas posibilidades a las que en España no se les da cabida. Y estaría bien que cada madre pudiese escoger y decidir sobre el “anonimato” del donante.

      1. Estoy de acuerdo con vosotras en que esa sería una buena solución.
        Yo nunca elegiría a un donante no anónimo, pero entiendo que si donante y receptor están de acuerdo la ley no debería anteponerse. Desde mi punto de vista, ese sería el camino que debería seguir nuestra regulación si quiere dar cabida a todas las opciones.
        ¿Muchas gracias por vuestras opiniones!

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